Larga vida al tapado: Un Maíno ofrecido por 1.200 euros se vende por casi 100.000 euros en Italia
La casa Capitolium adjudica por 70.000 euros –88.200 euros con las tasas– una Adoración de los pastores que ofertaba como círculo del maestro y con salida en 1.200 euros. En realidad, se trata de una obra que lleva décadas catalogada como autógrafa de Maíno y formó parte de la exposición de 2009 del Museo del Prado.
Los tapados han sido la tabla de salvación del mercado del arte antiguo. Son el resquicio por el que se cuela el talento de los marchantes y coleccionistas, una prueba de verdadera meritocracia. Si sabes, sabes (y ganas).
Para el que no conozca el significado de la expresión, un tapado es un lote mal atribuido –por desconocimiento o estrategia– cuyo auténtico valor solo lo reconocen los compradores más espabilados.
Pero el advenimiento de las ventas online, de los motores de búsqueda con reconocimiento de imágenes y, cada vez más, de la IA, parecían haber puesto fecha de caducidad a esta mecánica.
Si internet, ese ojo que todo lo ve, lleva el conocimiento a todos, los tapados se convierten en un fenómeno imposible.
Pero la realidad rara vez es tal y como la imaginamos, y el mejor ejemplo de que el expertise es más valioso que nunca, ha tenido lugar hoy mismo en la casa de subastas italiana Capitolium.
Entre los 338 lotes incluidos en su venta online, que ha comenzado hoy y seguirá activa hasta mañana, pasaba bastante desapercibido el número 32, una Adoración de los pastores atribuida por la propia casa al “círculo de Juan Bautista Maíno”, estimada entre 2.500 y 3.500 euros y con salida en 1.200.
Hasta ahí, nada fuera de lo común, aunque el precio resultase muy económico incluso para una obra anónima y, aún más, de la calidad de la tela ofrecida por Capitolium. Por eso, cuando las pujas escalaron a toda velocidad hasta los 70.000 euros en los que se remató –88.200 euros con tasas–, tampoco podíamos sorprendernos demasiado.
Si la cosa hubiese quedado ahí, la conclusión más lógica habría sido que coleccionistas y comerciantes estaban haciendo una apuesta en ese “ojo de experto” del que hablábamos antes. Pero no todos los saltos al vacío son tan arriesgados como parecen a simple vista.
Esta vez, la respuesta a la incógnita de si se trataba de una obra original de Maíno no se encontraba en una publicación poco conocida del siglo pasado, ni en una fotografía en blanco y negro del interior de algún palacio con ilustre propietario. No, esta Adoración es una pieza bien documentada, publicada en al menos cinco ocasiones desde su descubrimiento en 1984 por Mina Gregori –que, por cierto, también fue su propietaria– e incluida en la exposición comisariada por Leticia Ruiz en el Museo del Prado en 2009.
La ficha del catálogo mencionaba cómo Gregori incluso había barajado que se tratase de un “boceto o primo pensiero” de la Adoración del Prado, teoría que Ruiz descarta por las muchas divergencias en la composición. En cambio, esta última la ponía en relación con el retablo de San Pedro Mártir y no descartaba que se tratase de una creación anterior, del periodo romano de Maíno.
Si esto era tan evidente –tanto como para que algún coleccionista se haya sorprendido al descubrir que sí se trata de la misma obra por considerar todo el asunto demasiado obvio–, ¿qué ha pasado?
Es imposible saberlo a ciencia cierta. Lo único que sí se puede aportar a este curioso incidente es que la pieza no cuenta con el permiso de exportación italiano. Que cada uno saque sus conclusiones (o elucubraciones).


