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La vanguardia rusa revolucionaria en Fundación Mapfre

Con un especial protagonismo de Marc Chagall y Kazimir Malévich, la exposición que acoge la Fundación Mapfre de Madrid hace un recorrido por la obra más representativa de 29 artistas pertenecientes al contexto histórico pre y post revolucionario en Rusia. Entre ellos destacan, además de los citados, Vassily Kandinsky, Natalia Goncharova, Liubov Popova, El Lisitski, Jean Pougny o Alexandr Ródchenko. Entre todos suman 92 obras que fueron instrumento de revolución cultural, alejándose de los moldes academicistas para adelantarse en la modernidad de un modo nunca visto antes en Rusia.


Es importante apreciar la presencia de un amplio número de mujeres artistas, cuya colaboración en el desarrollo de las vanguardias rusas fue fundamental tanto en el momento previo como en el posterior a la Revolución de Octubre, en una experiencia de feminización de las artes que tardaría años en repetirse.
La muestra se inicia con las reacciones contra el academicismo burgués, cuando el nuevo clasicismo y el neoprimitivismo nacen como movimientos nacionales que combinan el renovado interés en las formas tradicionales del arte popular ruso con las técnicas pictóricas del posimpresionismo. Las diferencias entre los dos autores que enmarcan la exposición se señalan aquí mediante una serie de obras de Malévich en diálogo con otras de Chagall. Mientras el primero se fija en imágenes típicas del campesinado ruso, Chagall aprende del lenguaje visual del fauvismo y del cubismo para aplicarlo de forma personal a temas locales relacionados con Vítebsk, su ciudad de origen, y con las comunidades judías de Europa del este tal y como se puede ver en los bocetos para la decoración del Teatro Judío de Moscú.

Lo rural deja paso a lo urbano en el siguiente apartado de la muestra. En ella se explica el surgimiento del cubofuturismo y del rayonismo. Artistas como Liubov Popova o Natalia Goncharova combinan los distintos puntos de vista del cubismo francés con la energía y el enfoque urbano del futurismo italiano. El rayonismo, desarrollado principalmente por Mijaíl Larionov, descompone el tema en formas de líneas oblicuas, en rayos de luz de diferentes tonalidades que tratan de reflejar la energía contenida de los objetos. De esta manera la abstracción abre camino para lo que estaban por llegar: la apuesta por las formas más radicales de la abstracción, desde su vertiente más lírica y colorista de Kandinsky a la geometría de Liubov Popova que se integran en la sección.

El siguiente apartado lo protagoniza Malévich y su suprematismo. En él se explica el manifiesto del artista y la filosofía del movimiento que anhela volver al inicio y pureza de las formas, que dio lugar a auténticos iconos del arte como las obras Cruz negra y Cuadrado negro, presentes en la sala. Esta vuelta al punto cero de la materia y de las formas fue una auténtica revolución que cambió el sentido de la expresión artística. Comenzó el reinado de la abstracción más estricta y quizá una introducción al estilo minimal.

Paralelamente artistas como Liubov Popova, Alexandr Vesnín, Alexandra Exter, Alexandr Ródchenko y Varvara Stepánova acompañaron al creador del suprematismo con otra vertiente: el constructivismo. Estos proclamaron el rechazo a la pintura de caballete y el paso a un arte de producción, de impulso colectivo y lejano de veleidades individuales.

El recorrido continúa con la llamada Escuela de Matiushin, que debe su nombre al pintor y compositor Mijaíl Matiushin, que busca, al igual que ya había intuido el cubismo, trascender la tridimensionalidad para alcanzar la cuarta dimensión. Movimiento en el espacio (ca. 1921) plantea un estudio dinámico del movimiento y del color que resulta completamente abstracto, mientras que la pintura Movimiento de una forma orgánica (1919) de Borís Ender, muestra una variedad vibrante y acelerada de formas de la naturaleza ligeramente caótica. En la siguiente sección se respira desesperanza y escepticismo. Reúne las reacciones de nuestros artistas ante la llegada de Stalin al poder. En general vuelven a la figuración, ¡incluso Malévich! y se vuelve la mirada a las tradiciones más folclóricas de la Rusia profunda.

La exposición, producida por Fundación MAPFRE en colaboración con el Grimaldi Forum Monaco, ha sido posible gracias a los préstamos de instituciones como el Museo Estatal Ruso de San Petersburgo, la Galería Estatal Tretiakov de Moscú o el Museo Estatal de Nizni Nóvgorod, entre otras.

 

Hasta el 5 de mayo 2019

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