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La obra gráfica de José Manuel Broto se expone en la Calcografía Nacional


José Manuel Broto (Zaragoza, 1949) es uno de los grandes creadores españoles de las últimas décadas del siglo XX y primeras del siglo XXI con una vocación claramente abstracta y un dominio muy depurado del color que le ha llevado a ahondar en calidades expresivas de gran lirismo. Desde hoy y hasta el 17 de marzo la Calcografía Nacional acoge en las salas una buena representación de su obra gráfica con motivo de la concesión del Premio Nacional de Obra Gráfica en 2017, que convoca desde 1993 la Calcografía Nacional, con el objetivo de reconocer la labor de los creadores que se dedican al grabado y técnicas afines, impulsar su práctica y estimular el coleccionismo de estampas.

El jurado que le concedió el Premio estuvo formado por  Antonio Bonet Correa, Juan Bordes, Gustavo Torner, Chema de Francisco y Juan Carrete, quienes destacaron «la capacidad de Broto para trasladar a la obra gráfica su creación pictórica, asociada en un primer momento al constructivismo y luego a la neoabstracción». Con este galardón se reconocen sus aportaciones en el campo del grabado, la serigrafía, la litografía y la impresión digital porque para Broto su obra gráfica no es algo secundario sino íntimamente unido a su desarrollo como artista plástico. También es Premio Nacional de Artes Plásticas en 1995.

Una de las cosas que más llama la atención al contemplar esta especie de retrospectiva quizá sea como introduce el color, algo muy característico en su devenir plástico. Con el color va inundando la luz para conferir a sus obras equilibrio y armonía, alejándose de las disonancias, y eso es algo que puede verse en series como Los vientos, realizada en el Taller Línea de Lanzarote o Carlo Gesualdo, inspirada en el compositor italiano del siglo XVI, sino también como un pequeño homenaje a todos aquellos estampadores y grabadores que han trabajado con él. Generoso y buen artista, Broto sabe colaborar con otros y ha reconocido que «Pocos artistas son capaces de realizar su propia obra gráfica. Para llevar a buen término el trabajo, además de dominar la técnica del grabado, la litografía o la serigrafía, hay que ser paciente, minucioso, riguroso y estar dispuesto a trabajar en equipo, cualidades que pocos de nosotros poseemos. Es justo, por tanto, reconocer que estas obras son también y casi más que mías, de Michael Woolworth, de Perico Simón, de Pepe Bofarull, de Jorge y Dora Marsá, de Erika, de Julio León… que son quienes las han materializado. Mi agradecimiento a todos ellos y también a los editores, quienes se hacen cargo de la edición muchas veces por puro amor al arte».

Desde mediados de los 80 José Manuel Broto tuvo un impulso expresivo con un ascetismo a la hora de componer sus obras, caracterizadas por lo simbólico con un enfoque figurativo y eso se nota en sus primeras obras gráficas porque como ocurrió con Sicilia o Victor Mira porque el grabado se ajustaba a sus necesidades expresivas: un universo enigmático. Durante varios años de estancia en París coincidió con estos artistas españoles, y también con Barceló y Miguel Ángel Campano, recientemente fallecido.

Hay una constante en su obra como señala en un texto el crítico de arte y comisario independiente, Alejandro J. Ratia, un trasfondo musical porque le conecta con las armonías del Renacimiento como se observa en Recercadas, una sobria serie de cinco litografías, y cuyo título sugiere búsqueda o reinvención de las formas. Su traslado a París en 1985, le permitió producir obras en talleres prestigiosos como la que hizo un año después en Maeght, Paris At. Arte, un mundo con elementos vegetales, escaleras y círculos mágicos, signos que recuerdan a los sintoístas.

En el recorrido por la muestra llaman la atención series como Barcelona, de 1988, donde se descubre la importancia de un color como rojo, los impactantes trípticos de Jazz Trinidad, de una década después, a los que confiere una enorme vitalidad cromática, la innovación de Machine, 1999, o de Blasón dos años después, donde la gestualidad supone un contrapunto al dibujo digital, entre otros. Son ejemplos de un artista en innovación constante para intentar mejorar la calidad de su producción, algo que ya se vislumbraba en la serie Los Vientos, 1995, y en los aguatintas Vestigia Vitae, en 1991.

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