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La mirada crítica y humana de Marc Pataut en el Reina Sofía


Hace una semana se inauguraba en el Reina Sofía la exposición de Dora García titulada Segunda vez, y ahora se presenta la retrospectiva Marc Pataut. Primeras tentativas, primera individual en España sobre la obra del fotógrafo francés, nacido en París en 1952, que primero se formó como escultor en la Escuela de Bellas Artes de París, donde se diplomó en 1975, con su maestro Étienne-Martin. Comisariada por Jorge Ribalta, también fotógrafo y crítico de arte,  en el marco de PHotoEspaña 2018, la muestra incluye alrededor de 300 fotografías que este artista realizó, de modo colaborativo, durante dos décadas (de 1981 a 2001), con el objetivo de dar visibilidad a la realidad de los grupos socialmente desfavorecidos en su país, desarrollando un nuevo tipo de documental que pretende superar la imagen de víctimas de las clases excluidas y lo hace con una mirada de intenso calado humano, a través de varias series de imágenes.

Durante esos veinte años, Pataut fue dejando testimonios que le hicieron reinventar la práctica fotográfica de los años 30 del siglo pasado y en gran medida de la fotografía de posguerra, de carácter neorrealista y con un toque humanista. El fotógrafo no sólo se erige en mensajero social de las clases desfavorecidas y lo público, sino que surge casi siempre de la experiencia vivida con los colectivos que fija en sus fotos para que de ese modo los propios personajes se autorrepresenten. No en vano, cuando abandonó a comienzos de los años ochenta el fotoperiodismo profesional, Pataut compartió un taller de fotografía con niños psicóticos del hospital de día de Aubervilliers.

Ese trabajo, denominado Hôpital du Jour (Hospital de día), que constituyó una experiencia fundacional porque no sólo repartió cámaras Instamatic a los niños, sino porque sirvió para investigar las posibilidades de los usos de la fotografía dentro de instituciones públicas de salud y servicios sociales. Una gran parte de sus series posteriores como Cornillon / Grand Stade (1994-1995) –perteneciente a la Colección del Museo Reina Sofía-, La Rue (1996-1998), Sallaumines. Du Paysage a la Parole (1999), La table de chez Marc Ligocki (1998) o Laotil (1998-1999), que se exhiben ahora en Madrid, fueron una consecuencia lógica de esta primera tentativa.

Las dos primeras salas se dedican al proyecto Hospital de día que realizó en Aubervilliers, pueblo de clases populares al norte de la capital francesa, en el que Pataut trabajó como «enfermero eventual a tiempo parcial».  Quizá su primer objetivo fuera preparar un gran reportaje denunciando el internamiento de los niños psicóticos, pero allí se dio cuenta del sufrimiento de los niños y del esfuerzo de los educadores, y eso transformó su objetivo inicial para al final reflejar una cartografía humana en un álbum que contenía la totalidad de los contactos, con retratos de todos y cada uno de ellos. Sobre todo al contemplar las fotos que los niños hicieron, Pataut cambió la idea que tenía de la fotografía hasta entonces. Y escribió «monto en esto un estudio de fotografía, donde al principio, tengo una idea nada ergoterapéutica de la cuestión. Pongo en marcha un lugar dedicado a la fotografía».

Siempre con su Leica colgada al cuello, Pataut reconoce las influencias de disciplinas artísticas como la música, la escultura y la literatura, pero también la huella de Bill Brandt, Paul Strand en esos paisajes de Laotil, que forma un muro de 40 imágenes en la última sala, y la mirada siempre limpia de Walker Evans, entre otros.

El siguiente proyecto expuesto es Ne Pas Plier, una asociación en la que Pataut se implicó para impulsar movilizaciones sociales de los colectivos en situación precaria y de ahí su participación junto a un grupo de artistas, diseñadores y sociólogos comprometidos con la transformación social. Gerard Paris-Clavel, otro de sus fundadores y a quien Pataut conoció en Aubervilliers, provenía de Grapus, un importante grupo de diseñadores gráficos franceses surgidos del 68 y activos en los años setenta y ochenta, que creó una original cartelería política con la combinación de la iconografía de protesta y de crítica a los medios de comunicación. Además este grupo colaboró con la Association pour l’emploi, l’insertion et la solidarité des chômeurs et des précaires (APEIS), de cuya revista Existence se presentan varios ejemplares en el área dedicada al colectivo.

El conjunto de imágenes de esta serie han sido usadas en manifestaciones a modo de pancartas fotográficas o sus cintas adhesivas con mensajes que permitían improvisar puntos de información y exposición en plena calle se convirtieron en herramientas recurrentes de protesta, a favor de la resistencia en lugares públicos, apelando a la existencia en condiciones adversas, siempre reivindicando. Parte de este trabajo fue expuesto en el Stedelijk de Amsterdam y ahora se recrea en cierto modo en una de las salas del Reina Sofía.

Poco después, hacia 1994 Pataut comenzó a frecuentar Le Cornillon/ Grand Stade, un solar de un antiguo polígono industrial en la llanura de Saint-Denis al norte de París donde habitaba una pequeña comunidad de gente sin techo. Ese lugar había sido elegido para construir un gran estadio para el Mundial de fútbol de 1998 y Pataut fotografió la vida cotidiana de los habitantes del solar hasta que fueron desalojados en mayo de 1995.

Marc Pataut llegó a escribir que «con el paso del tiempo, comprendí que aquella gente sabía recuperar el hierro fundido o el acero, dormir al raso una noche o un mes, cosa que yo no sé hacer. No tenían nada que ver con los sin techo del metro que se abandonan. Llevaban una vida digna”. Algunas de estas imágenes se exhibieron en la X Documenta de Kassel en 1997.

En 1996 el fotógrafo inició una colaboración con la Maison de l’art et de la Communication de Sallaumines que se prolongó hasta 2000. Pataut puso su mirada en el desmantelamiento de esta región minera de Nord- Pas de Calais, cuya economía permitió el progreso de las clases populares desde la posguerra. Dos series definen este trabajo, la primera La table de chez Marck Ligocki, escenifica la estructura testimonial del trabajo de Pataut, su posición como mediador entre los colectivos “subalternizados” y la esfera pública dominante; y en la segunda Du Paysage à la parole (1997-1998), aparece el rostro de un trabajador en el primer plano del extremo de una gran panorámica del paisaje de un distrito obrero de la cuenca minera.

Ese mismo año fue la colaboración del colectivo  Ne pas plier con el periódico La Rue, publicado para los sin techo gracias a la ONG Médicos del Mundo. Volvió como en Hospital de día a proporcionar cámaras, en esta ocasión desechables, a los sin techo para fomentar su propia actividad de manera autónoma, lejos de cualquier paternalismo, captando imágenes que sirvieran para una sensibilización pública con las dificultades de estos colectivos para acceder a la atención sanitaria pero huyendo de esas imágenes de sufrimiento que en los últimos años se han generalizado convirtiendo el sufrimiento en un mero espectáculo de consumo. Son imágenes en color, pero que no cambian sustancialmente la intención de Pataut de captar la realidad vivida.

Por último, la serie Laotil, donde Pataut acompañado por Sandra Álvarez de Toledo- que escribió un texto-, hizo varios paseos fotográficos por los terrenos del parque de La Haute-Île, pertenecientes al antiguo hospital psiquiátrico de Ville- Evrard en Neully-sur-Marne. Un conjunto de fotos que desprende atmósfera enigmática pero que también constituye un paisaje de la memoria de su infancia, no exenta de lirismo.

Hasta el 27 de agosto. Julián H. Miranda

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