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La constante innovación de Dora García en el Reina Sofía


Los cuentos de Julio Cortázar han inspirado a cineastas como Michelangelo Antonioni en Blow-Up,  en Las babas del diablo, un relato  incluido en el volumen Las armas secretas. Ahora nuevamente  Dora García (Valladolid, 1966) ha elegido para su exposición el Reina Sofía parafrasear al escritor argentino cuando escribió en 1974 el cuento breve Segunda vez, que da título a esta singular muestra, como crítica a la represión que sufrió su país durante la dictadura de Videla.  Desde la década de los 90, esta artista conceptual, multidisciplinar y polifacética desarrolla una exhaustiva innovación estética en torno a los difusos límites entre lo real y su representación.

Durante casi tres décadas Dora García ha utilizado formatos diversos: video, dibujo, instalación, perfomance o teatro para narrar los procesos comunicativos culturales y explorar constantemente cómo se interrelacionan los artistas, con las obras y con el público que las contempla o experimenta. Esto último siempre le ha atraído porque sin la implicación activa y crítica de los aficionados al arte no termina de configurarse la obra ni lo que ella expresa.

Comisariada por Teresa Velázquez y Manuel Borja-Villel, Segunda vez no sólo es el título de esta exposición sino también el nombre de uno de los proyectos más recientes, que reúne cortometrajes en los que la figura del intelectual argentino Óscar Massotta le sirve como hilo conductor para plantear cuestiones relativas a la performance, el psicoanálisis y la política, con especial atención a las estrategias de metaficción y repetición. El director del Reina Sofía destacó la importancia artística de Dora García y añadió que esta muestra enlaza muy bien con las dos próximas que inaugurará el Museo: la del fotógrafo Marc Pataut y del brasileño Artur Barrio por la importancia del relato. Por su parte, Teresa Velázquez desgranó las claves de la exposición al señalar que en la obra de Dora García hay una pulsión narrativa que permea películas, dibujos y textos con tres preocupaciones evidentes: la performance, la política y el psicoanálisis, y dos autores por encima del resto que han influido en su obra: James Joyce y Jacques Lacan.

En el recorrido encontramos alrededor de 40 obras de los últimos 20 años, en diferentes formatos,  repartidos en tres espacios del edificio Sabatini: la planta tercera, la sala de Protocolo y la sala de Bóvedas. Con la frase «Hay un agujero en lo real» de la serie Frases de oro que remite, según García, a “una parte de nuestra realidad que nunca conseguimos representar a través del discurso ni de la imagen” se abre Segunda Vez en la tercera planta del edificio Sabatini.

La exposición evita una lectura cronológica pero recorre la trayectoria de García, respondiendo a todos los referentes intelectuales que han marcado su obra -desde los literarios hasta los marginales, disidentes o inadecuados-  y de los que se nutre su práctica artística. En todo el itinerario hay algo de inquietante que obliga al espectador, desde la tercera sala con el texto Soy un juez o el dibujo en el suelo con la interacción de dos actores en Dos planetas han estado colisionando durante miles de años  (2017), sin dejar de mencionar una doble sala en la que concentra dibujos, libros y la sociedad joyceana, con una escultura, una pizarra con símbolos y el documental con la lectura del Finnegans Wake, que escribió James Joyce durante 17 años y publicó en 1939, y que, en gran medida, resume el contenido de la exposición: lo circular en la vida y en el arte.

En este proyecto van a tener mucha importancia los performers que intervienen en las decena de performances que se organizarán con motivo de Segunda vez, que se clausurará el 3 de septiembre. Serán un conjunto performances ideadas desde 2006 y hasta la actualidad, entre las que podemos destacar:  Narrativa instantánea, 2006-2008;El artista sin obra (una visita guiada en torno a nada), 2009;Los artistas de verdad no tienen dientes, 2009; Ensayo / Retrospectiva, 2010La partitura sinthoma, 2014-2016; La sociedad joyceana, 2013; Sobre la reconciliación, 2016;  y Performance, 2016-2017.

Dora García trabaja con la percepción y con el público, e intenta reactivar el aparato cognitivo del espectador con el fin de hacerle ver la realidad desde diferentes perspectivas . Uno de los medios que utiliza para conseguirlo es la “performance delegada” con la que suspende, en parte, su propia subjetividad, actuando más como directora de cine o teatro que aspira a convertir al espectador en personaje de su dramaturgia, que como performer. Lo mismo ocurre con la “performance duracional”, que no requiere de una audiencia para realizarse, sino que acontece mientras permanece abierto el espacio expositivo, dando pie a experiencias temporales y espaciales dispares e imprevisibles.  Buenos ejemplos de ello son Narrativa instantánea (2006-2008), donde los visitantes y todo lo que ocurre en las salas pasa a formar parte de una narrativa que se produce en el momento; o en la mencionada Dos planetas…, centrada en las distancias y equilibrios que pactan dos performers en torno al mundo interior y exterior y las variaciones posibles dentro de este consenso.

La obra de García no puede desligarse de la reivindicación de la marginalidad como postura artística y manifestación radical de disidencia política. En sus trabajos resuenan historias y relatos en forma de citas o fragmentos que responden a todas sus lecturas. Además de Joyce y  Lacan hay otros como Ricardo Piglia, Beckett, Franco Basaglia y  Óscar Masotta, de gran relevancia en su discurso como se observa en la película Segunda vez, un homenaje a Massotta, que se compone de un largometraje y tres cortometrajes a modo de episodios: El helicóptero, El mensaje fantasma y Para inducir el espíritu de la imagen, que evocan temporalidades diferentes.

Todas esas referencias transgreden de alguna manera las normas y comparten la experiencia desplazada de un exilio, real o metafórico. Obras como Los artistas de verdad no tienen dientes (2009), una conferencia en la que García convoca, mediante intérpretes, a tres de estas figuras marginales y rupturistas —Jack Smith, Lenny Bruce y Antonin Artaud—; El artista sin obra (una visita guiada en torno a nada) (2009) que gira en torno a la no producción artística; o Lo Inadecuado, proyecto que ocupó el pabellón español en la 54ª Bienal de Venecia (2011), parten del error o la exclusión.

La exposición continúa en la Sala de Protocolo con la película Respiración artificial (2016), inspirada en la novela de Piglia de igual título, que toma conciencia de la fuerza de las palabras para el autor y el lector; y concluye en la sala de Bóvedas con una pieza pensada para ese espacio: Odradek, una instalación sonora de 2018, realizada con el músico Jan Mech, basada en un cuento de Kafka,  Las preocupaciones de un padre de familia, escrito en 1919, en la que Dora García sigue  investigando sobre los márgenes, es decir lo que escapa al orden institucional y apunta a una disidencia. Julián H. Miranda

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