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La mirada comprometida de Claudia Andujar en el KBr Fundación Mapfre


Después de la inauguración del Centro de Fotografía KBr Fundación Mapfre con dos grandes exposiciones dedicadas a Bill Brandt y Paul Strand el año pasado, la pasada semana se presentó en el mismo espacio una retrospectiva con cerca de 200 fotografías y otras piezas de Claudia Andujar (Neuchatel, Suiza, 1931), una artista que primero exploró la pintura abstracta en Nueva York, ciudad a la que llegó huyendo del horror del nazismo. Posteriormente hizo varios viajes a Brasil y terminó instalándose en São Paulo y eligiendo la fotografía como modo de relacionarse con las personas de su nuevo país de adopción, Brasil retratando a las comunidades más vulnerables. La ambiciosa muestra ha sido organizada por el Instituto Moreira Salles (IMS) con la colaboración de la Fundación Mapfre y se podrá visitar en Barcelona hasta el 23 de mayo.


Comisariada por Thyago Nogueira, coordinador de Fotografía Contemporánea del IMS, institución dirigida por João Fernandes, exsubdirector del Reina Sofía, este conjunto de imágenes abarca gran parte de su trayectoria como artista visual. Muchas de ellas tienen como objetivo defender los derechos culturales y territoriales de la comunidad yanomami, y revelan algunas de sus costumbres ancestrales. Andujar ha estado ocupada y preocupada por las vivencias esenciales de esa tribu al estar con sus integrantes: «Estoy conectada con el pueblo indígena, con la tierra, con una lucha esencial. Todo eso me conmueve profundamente. Todo parece necesario. […] Quizás siempre busqué la razón de la vida en esa esencialidad. Y por eso llegué a la selva amazónica, de modo instintivo, mientras me buscaba a mí misma».

La exposición se articula en ocho secciones, con más de 200 obras, entre fotografías y algunos dibujos realizados por integrantes del pueblo yanomami, así como libros, proyecciones audiovisuales y documentos que exploran la extraordinaria contribución de la artista a la fotografía documental. En ese modo integral de trabajar, Claudia Andujar supo combinar una mirada íntima hacia los sujetos representados con una aproximación experimental que conjuga arte y compromiso, en torno a uno de los grupos indígenas más amplios y amenazados de Brasil.

La sección de Primeros trabajos recoge algunas de sus fotografías publicadas en las páginas de revistas como Look, Life y Aperture. Entre 1962 y 1964 abordó el proyecto Famílias brasileiras, centrado en cuatro núcleos familiares: propietarios de una plantación de cacao en el sur de Bahía; una familia de clase media en la ciudad de São Paulo; pescadores que viven aislados en Ubatuba, y una familia religiosa de Diamantina, en el estado de Minas Gerais. Luego siguió  investigando para trabajar como fotoperiodista, dejando un buen legado gráfico de los desfavorecidos de la sociedad en experiencias como el viaje que realizó en tren desde São Paulo, hasta Salvador, en Bahía.

En La atracción del Catrimani recoge tras una experiencia no muy favorable para su percepción de lo que debían expresar sus fotos y por su necesidad de implicarse con su trabajo decidió visitar en 1971 el territorio yanomami en la cuenca del río Catrimani, una región aislada al norte de Brasil. Esa experiencia le marcó y volvió allí en varias ocasiones conviviendo con este grupo de indígenas durante largos períodos. En esas estancias observó cómo esas personas mantenían  intacto su estilo de vida tradicional: las mujeres recolectaban fruta, mientras que los hombres cazaban animales. Su mirada era etnográfica, respetuosa desde la curiosidad, lo que llevó a experimentar con técnicas como el uso de película infrarroja, entre otras.

La tercera parte, En la intimidad del hogar, fue un período de reflexión porque al contraer la malaria en 1972 regresó a São Paulo y  organizó cursos en el Museu de Arte de São Paulo (MASP), que incluían muestras de fotógrafos a los que admiraba, como Robert Frank, Lee Friedlander, Henri Cartier-Bresson o Eugene Smith. Mientras en sus casa seguía fotografiando cosas como si estuviera en la selva, con poca luz, hasta que pudiera regresar con los yanomani. El mundo de la choza y la vida cotidiana que allí se desarrollaba fue objeto de su interés, hasta hacer visible lo que era en cierto modo invisible.

En Rito e Invención encontramos imágenes captadas por Andujar de las ceremonias funerarias de los yanomani. Son ritos y fiestas que se extienden en el tiempo, donde la gente canta y baila, se empareja y estrecha lazos con los grupos vecinos a los que invitan. En esta ceremonia los chamanes invocan a los xapiri (espíritus que nunca salen de la selva) e inhalan un polvo alucinógeno, el yãkoana, para nutrir a esos espíritus que les ayudan a gobernar la vida comunitaria. La fotógrafa alargaba la exposición de sus tomas hasta lograr una simultaneidad que evoca la conexión espiritual entre las personas.

Entre 1974 y 1976, Claudia Andujar, retrató a sus amigos yanomani, niños y adultos, en su entorno usando la luz natural en sus hogares colectivos. Las fotografías que conforman esta parte: A la búsqueda de la identidad, se reunieron en un libro editado en 1978, Yanomami: frente ao eterno. Las imágenes son en blanco y negro, y con sus claroscuros y encuadres logran desprender una atmósfera de intimidad y resaltar la individualidad de los retratados, con un homenaje a la amistad y respeto a las creencias de los yanomani.

Un espacio muy interesante durante el recorrido quizás sea una selección de dibujos sobre papel realizados por estos indígenas, ya fueran cuerpos, aspectos de la vida cotidiana y personajes, lo que sirvió según Andujar para adentrarse en la mitología. Artistas yanomami como André, Vital, Orlando o Porako crearon dibujos que manifiestan una gran capacidad de conceptualización visual.

Claudia Andujar, tras la decisión de la dictadura militar brasileña en la década de los setenta de explotar la región del Amazonas y degradar el medio ambiente, denunció la situación y se convirtió en activista para defender el territorio y la tradición cultural de los yanomami. En 1978 fundó, junto a Carlo Zacquini y Bruce Albert, la Comisión para la Creación del Parque Yanomami (CCPY). Y hasta 1992 viajaría por todo el mundo con el líder yanomami Davi Kopenawa para promover la defensa de los derechos de esta comunidad.

Durante la década de los 80 Andujar, la CCPY y un colectivo médico de la Escuela Paulista dedicaron sus esfuerzos en atender a los indígenas. En todo ese proceso de mejorar la salud, la fotógrafa captó con su cámara a las personas que eran atendidas, alternando los formatos horizontales con otros que van posando de modo diverso, otras imágenes de madres con niños, otros con pinturas en el rostro, e incluso algunos poco expresivos por la intimidación del objetivo de la cámara.

Además en la muestra se puede ver una proyección audiovisual, organizada en 1989, con el título Genocidio de los yanomami: la muerte de Brasil en el MASP, que exhibe cientos de imágenes de Andujar engarzadas en una narración que comienza con vistas aéreas de la selva y termina con las trágicas consecuencias de la segregación, con una banda sonora de Marlui Miranda, en la que se mezclan cantos y diálogos yanomami con música instrumental de Estados Unidos, España y Japón.

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