La escultura reclama la azotea del Reina Sofía

La escultura reclama la azotea del Reina Sofía

La propuesta de su director, Manuel Segade, ha arrancado con tres piezas de Jesús Rafael Soto, Martín Chirino y Edgar Negret, que se pueden visitar gratuitamente en las terrazas del edificio Nouvel.

Desde hoy, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía cuenta con una nueva sala. Ese ha sido el mensaje de su director, Manuel Segade, durante la presentación de Un orden distinto. Geometría utópica y arte cinético en las terrazas de Nouvel.

Se trata de una instalación de tres piezas escultóricas: Penetrable de Jesús Rafael Soto, Vigilante rojo de Edgar Negret y Mediterránea de Martín Chirino. Estas ocupan la azotea sobre la biblioteca del museo, hasta ahora vacía.

“Pero no es una terraza, es algo más”, ha puntualizado Segade. Y es evidente que lo es. Una gran cartela explica de manera pormenorizada no solo la historia y contexto de las obras, sino su encaje dentro de un programa más amplio cuyo objetivo es doble: hacer accesibles los espacios abiertos del museo a un barrio “sin jardines” –Lavapiés– y exponer escultura pública distinta a la que se suele ver en Madrid.

Jesús Rafael Soto. Penetrable. 1982 (Versión autoportante). Aluminio y hierro pintados y tubo flexible de PVC. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.
Edgar Negret Dueñas. Vigilante rojo. 1979. Aluminio esmaltado y atornillado. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Archivo Fotográfico del Museo Reina Sofía.

Respecto al primer objetivo, el director de la institución ha recordado que fue su predecesor, Manuel Borja-Villel, el que hizo accesible sin pagar entrada el jardín del Edificio Sabatini; en un esfuerzo por integrar a los vecinos en el museo.

Siguiendo su ejemplo, las tres nuevas piezas podrán visitarse gratuitamente (eso sí, con una entrada que hay que solicitar en la taquilla).

En cuanto al segundo objetivo, Segade ha hecho referencia a un cambio en la sensibilidad respecto a la escultura pública que se ilustra a través de las obras seleccionadas, producidas en la década de los 70 y los 80.

Frente a un “estilo AZCA” en el que la robustez y geometría de las piezas hace referencia a la de los propios rascacielos, surge un modelo más horizontal y participativo.

La mejor representación de este último concepto es Penetrable de Soto, un espacio poblado por tubos colgantes que el espectador –o mejor dicho “participante” como decía el propio artista– debe atravesar para poder experimentar.

De hecho, Soto también se refería a los penetrables “ni siquiera como obra, es una idea del espacio que puede materializarse en cualquier situación y a cualquier escala”.

En cambio, Vigilante rojo de Negret es un préstamo que regresa a casa. Desde 2015 había estado expuesta en el Tribunal de Cuentas Europeo en Luxemburgo, y llega al Reina después de una minuciosa restauración –a cargo del museo– que ha devuelto a la vida la vibrante capa de pintura rojo mate que la cubre.

En cuanto a la obra de Chirino, procede del Museo Español de Arte Contemporáneo desde 1975 –el predecesor del MNCARS– y pertenece a su serie Mediterráneas, que evoca la horizontalidad del mar y se inspira en sus viajes a Italia y Grecia.

Pero esta acción no acabará aquí, se seguirán incluyendo más esculturas en los espacios al aire libre de la institución, y no solo de obras ya en sus almacenes: se harán comisiones a artistas.

Todo este movimiento es parte de la reordenación de la colección que se extenderá hasta 2028. Según ha declarado Segade, “las tres últimas plantas se reservarán para la permanente, y lo cambiaremos todo, menos el Guernica, que se queda en el mismo sitio” (y que, por cierto, tampoco se va a restaurar). De la anterior museografía quedarán tres de los ocho capítulos que la integraban. Toda una transformación.

Martín Chirino. Mediterránea. 1971. Chapa de acero inoxidable. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Archivo Fotográfico del Museo Reina Sofía.