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La capacidad mimética de Liu Bolin

El Palacio Gaviria presenta la primera individual en nuestro país del artista chino, ‘el hombre invisible’ que recurre al camuflaje para desarrollar sus performances fotografiadas, en las que se confunde con monumentos históricos como el Coliseo de Roma o la Scala de Milán, lugares emblemáticos como la Plaza de de Tiananmen o con montones de basura en un centro de recogida de residuos en Bangalore.


Parece un camaleón. Un hombre invisible que se ‘esconde’ tras monumentos, banderas, cabinas telefónicas o bibliotecas. Y sin embargo, posa con descaro delante de todos esos espacios, vestido con los mismos tonos que le rodean: el rojo comunista con sus toques amarillos estrellados de la enseña de su país, el blanco de la piedra caliza que tiene la Arena de Verona, el dorado que deslumbra en la Sala del Trono del Palacio de Caserta, el verde de los tuc-tucs indios…

Es necesario fijar la mirada para descubrir su figura, impertérrita y marcial, presente como una escultura inerte –también transparente– en cada una de sus obras. Ese juego de transparencias y camuflajes que mantiene con el espectador puede descubrirse ahora en el Palacio Gaviria, gracias a la exposición organizada por Arthemisia en colaboración con la Galería Boxart de Verona.

Liu Bolin. The invisible man reúne 72 fotografías pintadas que ilustran cómo es el trabajo de este artista chino de formación escultórica. Al principio hacía moldes en resina de su propio cuerpo y los colocaba en diferentes lugares; hasta que se dio cuenta de que tenían mucha más fuerza sus performances, donde la figura humana funciona como metáfora del ánima de cada espacio representado. En el caso de los lugares chinos, además, ese cuerpo enhiesto le sirve para criticar la disciplina militar que Mao impuso durante su mandato y recordar aquellos edificios abandonados durante el maoísmo.

Bolin nació apenas tres años antes de que el líder comunista muriese, pero también ha vivido la represión política. Prueba de ello es su serie Hiding in the City (2005) con la que se inicia el recorrido de la exposición; en ella, el artista recurre por vez primera a las técnicas del camuflaje.

«El impulso primordial fue rebelarme contra las autoridades que estaban demoliendo mi estudio», confiesa el autor en el catálogo. De ahí su fotografía Demolition, mimetizado con un murete de ladrillo que da acceso a un templo chino –cuyo culto tradicional perdería fuelle en pro de la nueva República Popular China– o Laid-Off Workers, en la que se solidariza con los trabajadores despedidos.

Ese gesto rebelde de camuflarse en sitios cargados de connotaciones se ha convertido en su principal reclamo. Es un recurso que puede divertir al espectador, si bien el mensaje no debería pasar inadvertido. «Los últimos 3.000 años de civilización humana parecen demostrar que los seres humanos se desarrollan destruyendo su entorno y explotando a los demás. El precio de esta brillante civilización es que los hombres se olvidan de que aún son animales y de su propio instinto», como el del camaleón, el insecto palo o el pez piedra.

Por eso cuida mucho la ubicación de sus performances. «Tomo en consideración los temas sociales que ese lugar encarna en sí mismo», explica. Así, el medioambiente y el cambio climático están presentes en Bangalore Garbage Disposal Station y en Moncler FW (colaboración con Annie Leibovitz en los glaciares de Islandia). También alude al terrorismo –varios hombres invisibles posan junto a portadas de Charlie Hebdo en recuerdo por el atentado–  y a la inmigración (superposición de expatriados donde juega con las letras de Future, que son las mismas que ‘refugee’ y ‘réfutè’).

Los trabajos miméticos de Lui Bolin, el animal racional invisible, podrán visitarse en el Palacio Gaviria hasta el 15 de septiembre. Sol G. Moreno

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