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La atmósfera del Gabinete de Descanso de los Reyes en el Prado


El Museo del Prado, en el marco de su Bicentenario, y después de la magnífica muestra de Giacometti inaugurada la pasada semana en la Galería Central del Museo y en las salas de Velázquez, El Greco y Zurbarán, ayer presentó en las salas 39 y 39 A una singular exposición: El Gabinete de Descanso de sus Majestades, que reúne 48 obras, 44 de ellas pinturas, muchas de ellas restauradas con la colaboración de la Fundación Iberdrola España, que han sido seleccionadas por el comisario Pedro J. Martínez Plaza, técnico del Área de Conservación de Pintura del siglo XIX de la primera pinacoteca española, con el objetivo de evocar un espacio con la mayor parte de los cuadros que colgaron de esa sala a partir de 1828. En la estancia anexa, la 39 A, se pueden contemplar los objetos de higiene personal con ese singular mueble del retrete para Fernando VII, realizado en 1830 por Ángel Maeso, el estuche de aseo del monarca hecho en 1825 o los dos orinales de porcelana, uno femenino y otro masculino, producidos en la Real Fábrica de la Moncloa, hacia 1820-1830.

Esta sala en origen estaba dedicada al descanso de Fernando VII y de sus familiares y tenía una decoración a base de retratos reales algunos de los mejores artistas de la época como Luis Paret, Antón Rafael Mengs, Lorenzo Tiepolo, Houasse, Ramón Bayeu, Agustín Esteve, Juan Arellano, Luis Meléndez o Mariano Ramón Sánchez, entre otros, así como los objetos de higiene personal mencionados anteriormente. El carácter privado de ese espacio se mantuvo oculto para el público hasta 1865 porque tampoco tenía una finalidad expositiva, pero que sí que subrayaba la vinculación del edificio con la Corona.

El objetivo de este Gabinete fue crear una galería iconográfica de la dinastía de los Borbones, desde Felipe V hasta Fernando VII, así como de sus antecesores y parientes cercanos, por lo que también figuraban dos efigies del rey de Francia, Luis XIV y una de Felipe de Francia, duque de Orleans, que fueron abuelo y tío de Felipe V, respectivamente. En ese elenco de retratos se encontraban dos soberbios cuadros de Mengs: Carlos III y María Amalia de Sajonia; esa serie de pasteles de Lorenzo Tiepolo que representan a hijos de los monarcas; óleos de Ramón Bayeu y un lienzo de Houasse, entre otros.

Aunque la familia de Carlos IV estaba representada por el gran cuadro de Goya, hoy expuesto en la sala 32, destacan también los de María Luisa de Borbón junto a su hijos y esposo en la composición de Los reyes de Etruria y sus hijos, pintado por François-Xavier Fabre; la Jura de Fernando VII como Príncipe de Asturias de Luis Paret; el Embarque real en el estanque grande del Retiro de José de Ribelles; el monumental retrato de La reina María Isabel de Braganza como fundadora del Museo del Prado, así como los floreros de Paret, Juan de Arellano o el paisaje de Mariano Ramón Sánchez.

Por último, en la sala 39 A, una pequeña estancia anexa, pueden contemplarse enseres de higiene personal del monarca como el mueble del retrete, hoy depositado en el Museo del Romanticismo, y que fue realizado por Ángel Maeso, uno de los grandes ebanistas del primer tercio del siglo XIX en los Talleres Reales. Se trata de un mueble único, que ahora vuelve a su lugar original, pero también por su singularidad para nuestro tiempo los dos orinales de porcelana que se realizaron en la Real Fábrica de la Moncloa, y el estuche de aseo que todavía hoy conserva todos sus componentes.

Para mejorar la experiencia de la visita, el Museo del Prado, con la colaboración de Samsung-socio tecnológico del Museo-, que ha aportado unas tabletas que permiten una navegación virtual sobre la imagen de la obra La familia de Felipe V de Van Loo, lo que posibilita una visión de los detalles de la composición hasta enriquecer la contemplación del cuadro.

  • Hasta el 24 de noviembre de 2019
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