La alargada (e inspiradora) sombra de Picasso

La alargada (e inspiradora) sombra de Picasso

Estudio con cabeza de yeso llega al Museo Picasso Málaga procedente del MoMA para convertirse en el punto de partida de Memoria y Deseo, una muestra personalísima concebida por Eugenio Carmona que no solo reúne obras del artista, sino de otros creadores como Dalí, Lorca o Man Ray que siguieron su estela.

Pablo Picasso. Estudio con cabeza de yeso. 1925. The Museum of Modern Art, Nueva York. © Archivo digital, The Museum of Modern Art, Nueva York/Scala, Florencia. © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2025. Artwork Location: Museum of Modern Art (MoMA), New York, USA Permission for usage must be provided in writing from Scala.

La primera idea que tuvo Picasso cuando empezó Estudio con cabeza de yeso era hacer un homenaje a las artes, la academia y el dibujo, ese que aprendió junto a su padre José Ruiz, profesor de varias escuelas de Bellas Artes. Pero las vicisitudes del momento le hicieron virar hacia una composición mucho más compleja, oscura e inquietante.

Era 1925 y los ‘happy twenties’ no eran tan felices como aparentaban, con el ascenso de los totalitarismos en Europa. Por otra parte, el artista ya había agotado la radicalidad del cubismo –sus Señoritas de Avignon estaban colgadas bajo una escalera art deco, reducidas a un simple objeto decorativo– y, aunque se había convertido en referente de los surrealistas, debía decidir si reciclarse para seguir en primer línea de la vanguardia.

La obra final, fruto de todas esas dudas, se reprodujo entonces en decenas de revistas y supuso un hito en la producción del autor. Ahora aquel evocador óleo cumple cien años, una efeméride que Eugenio Carmona ha querido celebrar con una muestra tan singular –por su contenido filosófico y conceptual– como personal –lleva 25 años preparándola– en el Museo Picasso Málaga.

Memoria y deseo parte, por tanto, de esa pintura, que se ha estimado como línea divisoria en la producción de Picasso y su evolución artística, para desarrollar todo un discurso en torno a las Bellas Artes de ayer y de hoy, porque este cuadro reúne los estratos del tiempo, aunando tradición y modernidad, clasicismo y vanguardia.

Estudio con cabeza de yeso se hizo durante el verano de 1925 y en él Picasso planteó un enjambre de signos e iconos cargados de significado, desde la figura de su padre hasta sus estudios académicos reglados, representados a través de ese busto barbudo y su inquietante sombra azul, que no es tanto un retorno al orden como un símbolo del pasado que adquiere fuerza en el presente. “Mirar esta obra es como situarse ante una compleja trama de signos. Poderosos iconos reclaman atención en su esfuerzo por convertirse en emblemas. Creo que aquí no es inadecuado hablar de la pintura de Picasso como pintura de signos”, manifiesta Carmona.

Fernand Léger. Composición con mano y sombreros. 1927. Centre Pompidou, Paris. Musée national d'art moderne/Centre de création industrialle. © Centre Pompidou, MNAM-CCI, Dist. GrandPalaisRmn / Georges Meguerditchian. © Fernand Léger, VEGAP, Málaga, 2025.

Esa imagen tan potente dejó una huella imborrable en sus coetáneos –Dalí la vio en París y quedó fascinado– y las generaciones posteriores, quienes se inspiraron en este estudio para elaborar sus propias creaciones.

Autores como Léger, que recurriría al motivo del busto de yeso y los rostros de perfil en sombras; o el mismo Dalí, que se apropió de la escena para darle su particular sentido surrealista. También García Lorca cayó rendido ante la obra, que le inspiró un dibujo donde dos rostros desdoblados hablan de la identidad del arte moderno.

Todos estos artistas acompañan a Picasso por el recorrido malagueño, al que se suma además un precedente en eso de elaborar símbolos: Giorgio de Chirico, quien también utilizó imágenes aparentemente clásicas desde una perspectiva moderna (si bien sus figuras parecen inertes, frente a la viveza de las de Picasso).

Entre los autores que siguieron la estela del artista, que repitió el mismo motivo desde 1925 hasta 1938, cuando el busto se ha convertido ya en una cabeza de toro, se encuentran también Jean Cocteau, Man Ray ­–manipuló la efigie de Venus para cuestionar las relaciones entre erotismo y cultura–, Carl Van Vechten, Felice Casorati y Jean Metzinger.

Pablo Picasso. Cabeza de joven de frente y de perfil. 1926. Staatsgalerie Stuttgart, Colección Gráfica, adquisición. © Foto Scala, Florencia/bpk, Bildagentur fuer Kunst, Kultur und Geschichte, Berlín. © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid, 2025.

En total se muestran 112 obras, donde se encuentran algunas fotografías de Walker Evans y André Kertész –quienes hicieron de su propia sombra un icono–, además de Brassaï, Dora Maar y de nuevo Kertész (trabajó con maniquíes comerciales femeninos como si de esculturas involuntarias se tratase). Todos ellos resignificaron el busto clásico, desdibujando la frontera entre lo cotidiano y lo artístico.

Brassaï y Dora Maar, además, documentaron el taller de esculturas de Picasso en Boisgeloup como una transfiguración moderna de las salas académicas de yeso. Y Claude Cahun, junto a Marcel Moore, realizó un doble busto que se ha convertido en un referente pionero del arte transgénero, en una reflexión radical sobre la identidad.

La muestra, patrocinada por Fundación Unicaja, podrá visitarse en el Museo Picasso Málaga hasta el 12 de abril de 2026. Sol G. Moreno

Salvador Dalí. Naturaleza muerta al claro de luna malva. 1926. Fundació Gala-Salvador Dalí, Figueres. © Foto Gasull/Fundació Gala-Salvador Dalí. © Salvador Dalí.