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Jaume Plensa en el Palacio de Cristal


Desde el pasado viernes el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía presenta en el Palacio de Cristal un proyecto específico concebido por Jaume Plensa (Barcelona, 1955), uno de nuestros artistas más internacionales. Comisariada por Joäo Fernandes, subdirector del Reina Sofía y coordinado por Soledad Liaño, esta instalación titulada Invisibles reúne un conjunto escultórico de mallas de acero que dibujan en ese espacio tan singular tres rostros inacabados, con seguridad femeninos, que están suspendidos en el aire y que establecen un diálogo con la luz y sus matices en medio de ese oasis de Madrid que es el Parque del Retiro.

Esta exposición, que permanecerá abierta hasta el 3 de marzo, coincidirá en el tiempo con una retrospectiva que se inaugurará en el MACBA de Barcelona a partir del 1 de diciembre y hasta el 22 de abril de 2019, y con una monumental instalación en la plaza de Colón de Madrid en los próximos días. Jaume Plensa lleva casi cuatro décadas de carrera plástica, y ha obtenido numerosos premios como la Medalla de los Caballeros de las Artes y las Letras del Ministerio de Cultura de Francia en 1993 y el Velázquez de Artes Plásticas en 2013, entre otros.

Su obra se ha expuesto en numerosos museos españoles, norteamericanos y franceses y ha tenido una gran proyección nacional e internacional, gracias a su originalidad e instalación de muchas de sus piezas en espacios públicos de numerosas ciudades. En Madrid junto al edificio BBVA exhibe una de sus inimitables esculturas de una cabeza translúcida. En ese recorrido, casi siempre innovador, siempre tiene la intención de dialogar en ese modo peculiar de representar la figura humana y una pulsión abstracta.

En Invisibles el escultor ha dispuesto tres cabezas suspendidas en un lugar como el Palacio de Cristal de Madrid y las ha bautizado como Laura, Anna y Rui Rui, que podrían ser anónimas por el misterio que suscitan cuando penetras en ese espacio. Con la luz esas tres formas son simultáneamente visibles e invisibles y con los cambios de la luz, ya sean con el tono dorado del sol o con el gris plomizo de estos días de otoño en Madrid, brillan con más o menos intensidad. El hecho de que las esculturas estén conformadas por una trama metálica hace que se establezca una  adaptación a la estructura arquitectónica de hierro y vidrio del propio Palacio al inspirar a los cuerpos que no terminan de estar. Como escribe Joäo Fernandes estas esculturas «invitan al silencio, al movimiento en torno a ellas para descubrir sus detalles y sus secretos, sus juegos de líneas y luz, entre su materialidad e inmaterialidad «.  Julián H. Miranda

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