Isabel Matoses: recordar a una fotógrafa pionera
El museo Lázaro Galdiano acoge hasta el 6 de septiembre La imagen recuperada, una exposición que reúne más de 70 fotografías en blanco y negro que la artista realizó entre 1969 y 1985.
De talento visionario y mirada perspicaz, Isabel Matoses (1930-1985) trazó un camino propio, marcado por la concepción de la fotografía como lenguaje artístico. Considerada como una pionera de la fotografía experimental de la Transición, anticipó técnicas ahora habituales e impulsó iniciativas como el estudio-escuela Alamillo.
En su obra entrelazaba elementos de distintas disciplinas como dibujo, grabado, diseño y moda. Un trabajo que ahora podemos revisitar gracias a esta exposición que nos invita a descubrir a la autora.
Matoses retrató a personalidades del panorama cultural y político de la talla de Rafael Alberti, Camilo José Cela, Lucía Bosé o Juan de Borbón. Ademas, recibió importantes encargos, como la imagen utilizada en la campaña electoral de Adolfo Suárez en 1977.
Sin embargo, y a pesar de su reconocimiento en vida, su obra ha perdido resonancia entre las generaciones postreras. La comisaria de la muestra, Begoña Torres, lo atribuye a su intención de acercar la imagen fotográfica al dibujo y a la pintura.
Al margen de las tendencias predominantes de la segunda mitad del siglo XX, más enfocadas en el registro documental, Matoses se alejó del medio como captura instantánea de la realidad. Porque entendía la fotografía como cauce para desarrollar su creatividad y no solo como una herramienta para atestiguar sucesos o atrapar instantes.

La exposición del museo Lázaro Galdiano demuestra que la suya fue una obra polifacética: trabajó un amplio repertorio de técnicas que iban desde los virados, solarizaciones y sobreexposiciones a las impresiones sobre aluminio. Siempre prescindiendo del color, que consideraba poco atractivo para su intención artística.
La elección de temas nos sitúa igualmente frente a un espíritu ecléctico, motivado por el afán de experimentación. En la primera sala, por ejemplo, vemos su faceta más reivindicativa, en la que fotografías de pintadas en muros, puentes o rincones suburbiales desvelan la agitación y discordia latentes durante la década de la Transición.
El recorrido nos descubre también los paisajes, esculturas y retratos que ocuparon un lugar destacado en su obra. Entre ellos la Plaza Mayor de Madrid, el arco romano de Medinacelli o el Gran Canal de Venecia.
Son lugares muy diferentes con un nexo en común: siempre aparecen desde su distintiva forma de reinterpretar; bien saturando las vistas mediante luz blanca con una claridad cegadora, o al contrario, reduciendo los cuerpos a siluetas blanquecinas y delgadas sobre fondos en total oscuridad.
En el retrato de Camilo José Cela, por ejemplo, podemos observar cómo la ausencia de nitidez, conseguida a través de trazos superpuestos que difuminan la imagen, abre una dimensión de complejidad psicológica en la representación del escritor.
Lejos de la inmediatez del testimonio plano, Matoses filtra, desbroza e intensifica aquellos aspectos que más le interesan, involucrándose en un proceso cuidado y consciente, casi artesanal.
La autora plasmaba su perspectiva para transformar la imagen original y orientarla hacia una forma de expresión subjetiva, en un proceso que Torres describe como un trabajo “desmaterializador” de la realidad. La escasa presencia de sus obras en la escena artística reciente contrasta con la peculiaridad que estas poseen. Quizá por eso la presente exposición reivindica esa atención que la artista merece y ofrece al visitante la posibilidad de detenerse ante una importante contribución a la cultura visual española. Pedro Luis Costa

