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Irán, una cultura milenaria en el MARQ de Alicante


Mañana se abre el Museo Arqueológico de Alicante (MARQ), dependiente de la Diputación de Alicante, la exposición Irán, cuna de civilizaciones, que incluye más de dos centenares de piezas seleccionadas por un equipo científico dirigido por J. Nokandeh, y compuesto por F. Bigliari y N. Rezaie, todos ellos responsables del Museo Nacional de Irán, con sede en Teherán, del que proceden la totalidad de las obras expuestas, que abarcan desde el Paleolítico hasta el siglo XVIII y ofrece un friso de una cultura milenaria. De este modo el MARQ de Alicante continúa acercando al público algunos de los momentos estelares de la humanidad protagonizados por las grandes civilizaciones, desde el arte rupestre, los griegos, los mayas o los vikingos, entre otros.

La exposición, que permanecerá abierta hasta el 1 de septiembre, será inaugurada esta tarde por el presidente de la Diputación de Alicante, César Sánchez y el embajador de Irán en España, Hassan Ghashghavi, acompañados por el director Técnico del MARQ, Manuel Olcina, el director del Drents Museum, Harry Tupan; y el director del Museo Nacional de Irán, Jebrael Nokandeh.

La muestra, con el claro afán didáctico que siempre caracteriza al MARQ, se inicia con un documental que acerca a los visitantes al espacio geográfico e histórico de Irán y revela la importancia de las numerosas joyas que atesora su Museo Nacional, antes de dar paso a las tres salas en las que de un modo ordenado y con un montaje interactivo se disponen las piezas escogidas por los comisarios de la exposición, que terminan subrayando la importancia que tuvieron los diferentes períodos de esta cuna de civilizaciones para la cultura universal.

En la primera parte de Irán, cuna de civilizaciones encontramos una breve introducción al Paleolítico con una serie de obras que evocan el desarrollo neolítico, desde el 8500 al 5000 a.C, desde esa escultura zoomorfa en barro y útiles en hueso a una colección de recipientes con vasos cerámicos decorados con motivos geométricos. Y de ahí continuamos con objetos de la Edad del Cobre Iraní (5500-3300 a.C), con un molde cerámico y un crisol con restos de cobre o un fragmento escultórico con un águila grabada en una cerámica, datada en el V milenio a.C, antes de pasar a los restos que muestran la aparición de la escritura con esos cilindros en piedra para imprimir textos y escenas figurativas y una bola de arcilla (3.200 a.C).

Susa fue la capital del Imperio Elamita (2700-1120 a.C) y de la sofisticada metalurgia de esos años observamos hachas metálicas con decoración geométrica, dagas y espadas, espejos y platos de bronce, algunos decorados con peces o serpientes en relieve. También hay un vaso portador de cosméticos, algunos adornos en oro martilleado, piedras labradas de distintos colores que se usan para componer preciosos collares, un azulejo de inscripción sagrada que alude a la arquitectura, así como dos recipientes de oro localizados en el cementerio real de Marlik, ya de la Edad del Hierro, y sobre todo algunas piezas de joyería áurea: pendientes, broches, collares o un asa, sin olvidar los finos vasos cerámicos con decoración pintada que servían para verter líquidos, que contienen formas escultóricas o un impactante cofre pétreo con una inscripción.

La segunda sala, parte central de la exposición, está dedicada al período que se conoce como la Edad de Oro, y en ella hallamos piezas representativas del poder de la dinastía aqueménida (550-330 a.C) cuando el pequeño reino de Persia se convirtió en un gran imperio y alcanzó su mayor esplendor bajo Darío I (521-486 a.C), erigiéndose Persépolis. Hay una serie de objetos de notable belleza como esos collares de oro con piezas de ágata u ónice, brazaletes con gemas, colgantes que entrelazan finos hilos de oro o ese otro brazalete macizo con dos cabezas de felinos que se encontró en Hamadán.

También de oro hay esculturas de animales como el toro que gira la cabeza, el ritón con cabeza de carnero o una cabeza de felino, de alrededor de dos kilos de peso, que quizá sea la pieza principal de Irán, cuna de civilizaciones. Platos de oro, candelabros, espejos de bronce o restos de una vajilla de plata ilustrada con una cuchara o un cuenco, así como un fragmento de base de columna con una inscripción que nos sitúa en Persépolis, ciudad considerada Patrimonio de la Humanidad, que proclama los logros de Darío I antes de su acceso al trono. La inscripción cuneiforme Behistún se acompaña de un conjunto de figuras en bajorrelieve que representan a los que conspiraron para usurpar el trono aqueménida.

La tercera sala está reservada al Renacimiento de Persia después del dominio de los Seléucidas, herederos de Alejandro Magno y del Imperio Parto contemporáneo a Roma. Y de ese largo período pueden admirarse una jarra de plata (330-25o), influida por Grecia, una escultura en bronce de Demeter y una cabeza de piedra; una escultura del Príncipe de Shami de la imaginería de los partos, que dio paso al tiempo de los Sasánidas (224-651), del que se exhiben piezas en plata y bronce como una horca de plata con cabeza de carnero, platos con figuraciones zoomorfas y antropomorfas, junto a jarras y frascos de vidrio que contenían perfumes, y una serie representativa de la orfebrería de esa etapa: collares, pendientes de oro o brazaletes de plata.

La parte última de esta sala está dedicada a objetos del Irán islámico, con buenos ejemplos de cerámica vidriada y recipientes de vidrio, un caldero de bronce  del año 1. 100, mientras que de la dinastía mongol timúrida hay una lámpara de aceite (c 1.400) y del reino safaví un incensario de bronce, de un siglo más tarde, y unas buenas porcelanas de origen chino, a caballo entre los siglos XVI y XVII. En suma, un buen mosaico de una civilización rica y variada. Julián H. Miranda

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