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In memoriam: homenaje a los historiadores desaparecidos este verano

Los últimos meses han sido trágicos para el mundo del arte, con la desaparición de Margarita Estella, Jaime Castañón, Elisa Vargaslugo, Juan José Luna, Javier Docampo, Antonio Bonet y otros tantos profesionales de la cultura. Hemos pedido a varios compañeros que les conocieron más de cerca que escriban un obituario sobre cada uno de ellos. Este es nuestro homenaje.


Margarita Estella: el saber archivado en una carpeta azul 

Conocí a Margarita en 1993, en el despacho que compartía con Elisa Bermejo en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Allí, entre libros, disfrutaba trabajando en su gran pasión: la investigación. Un año después coincidimos en la muestra dedicada a Los Leoni, en cuyo catálogo volcó todo su saber en un profundo y definitivo artículo dedicado a Pompeo. Aunque su actividad profesional había empezado, por sugerencia de Diego Angulo, con el estudio de las obras realizadas en marfil, no le gustaba que la encasillaran en tan difícil campo, ya que su conocimiento se había ido ampliando hacia la escultura del Renacimiento y Barroco en España, donde llegó a alcanzar un gran prestigio internacional.

Margarita guardaba sus apuntes y fotografías en unas carpetas azules que siempre acababa por encontrar. Daba igual que le consultaras sobre el mecenazgo de María de Hungría, Gregorio Pardo o Giraldo de Merlo; Guglielmo della Porta o Bernini. Allí estaba todo y lo mostraba con generosidad y entusiasmo a todo el que  acudía a su casa. Porque esa era otra de las características de su personalidad: siempre estaba dispuesta a recibir a investigadores de todo el mundo a los que, después de sus valiosas aportaciones y sugerencias, obsequiaba con una merienda preparada por su querida hermana Paloma. En esas conversaciones inolvidables nos sorprendían a todos por su alegría y buen humor. Cuatro días antes de su fallecimiento me dijo que iba a dedicarse a realizar un trabajo que tenía pendiente desde hacía tiempo, el catálogo de marfiles del Museo Nacional de Artes Decorativas. No ha podido ser. Pero lo importante es que supo vivir con un proyecto ilusionante hasta el último de sus días. Charo Coppel

Jaime Castañón y su legado en la catedral de Toledo

Falleció el lunes 13 de abril de 2020 a los 76 años Jaime Castañón Fariña, Arquitecto Restaurador de la Catedral Primada de Toledo. Ante todo, un hombre bueno, desprendido y dado a los demás. Desde hace 22 años hemos estado juntos esbozando un camino con proyectos que nos hicieron a los dos amigos, hermanos y equipo profesional. Juntos realizamos numerosos proyectos de intervención restaurativa para que la Catedral de Toledo resurgiera y quedase vinculada al siglo XXI.

Él lo tenía muy claro, debía ser una catedral que mostrase en su construcción las diferentes etapas de su historia, los cambios culturales, los gustos artísticos, y por obligación, el cuidado de sus obras de arte y tradiciones.

Durante estos años han sido numerosos los encargos por parte del Cabildo, algunos de ellos muy ambiciosos, como fueron la nueva museística de la Sacristía con la restauración de los frescos de Lucas Jordán y en el vestidor del arzobispo, las pinturas de Claudio Coello y José Donoso; el nuevo museo de Tapices y Textiles, la sala del tesoro con la nueva instalación de la Custodia de Arfe, las restauraciones de las dos rejas del Coro y Mayor y las 72 bóvedas de la catedral. Así como las capillas de San Blas y de Santiago, la reciente de la Sala Capitular con las pinturas de Juan de Borgoña o la nueva iluminación del coro y la actual restauración de la torre, en la que había puesto todo su empeño, y que desgraciadamente no podrá ver terminada en vida. Siempre estará con nosotros. Antonio Sánchez-Barriga Fernández

Elisa Vargaslugo, un referente del arte novohispano

Elisa Vargaslugo Rangel (Pachuca, 12 de Agosto, 1923- Ciudad de México, 30 de Agosto, 2020) ha sido, sin duda, una de las historiadoras del arte novohispano más influyentes. Pilar fundamental del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM de México, del que hasta su fallecimiento fue investigadora emérita, ha realizado contribuciones decisivas a la historiografía del arte barroco virreinal como Las portadas religiosas de México (1968), La iglesia de Santa Prisca de Taxco (1974), sus estudios dedicados al pintor Juan Correa y, sobre todo, uno de los más ambiciosos estudios sobre la imagen del indio en el arte de la Nueva España.

En su labor como comisaria de exposiciones destaca La mística en el Barroco, muestra organizada para BANAMEX, o Parábola Novohispana. Cristo en el arte Virreinal.

Académica de la Historia de México desde 1999 –pronunció un discurso de ingreso sobre El indio como donante de obras pías–, tuvo una fluida relación con importantes historiadores españoles como Alfonso E. Pérez Sánchez, con el que le unió una gran amistad. Fue además miembro del consejo asesor de la revista Archivo Español de Arte del CSIC y entre sus grandes legados está el haber conseguido que sus discípulos hayan continuado su senda de investigación del arte novohispano. En 2005 recibió la medalla Sor Juana Inés de la Cruz otorgada por la UNAM por toda una vida dedicada a la investigación. Benito Navarrete Prieto

Juan José Luna, pasión por Francia y el siglo XVIII

Juan José Luna estuvo vinculado al Museo del Prado desde 1980. Fue conservador de Pintura Francesa, Inglesa y Alemana del Museo del Prado antes de ocupar el cargo de jefe de Departamento de Pintura del siglo XVIII. Defendió su tesis doctoral en 1979: La pintura francesa de los siglos XVII y XVIII en España, estudio que todavía hoy resulta imprescindible, junto con otras de sus investigaciones en torno a artistas entonces olvidados como Michel Ange Houasse, George de La Tour y Louis-Michel van Loo.

En ARS Magazine le conocimos en 2011, cuando estaba a punto de jubilarse. Entonces colaboró con la revista para escribir sobre la colección de Luis Sagrera, con quien compartía su pasión por el siglo XVIII.  También estaba colaborando en el próximo número 48, en el que vamos a publicar un cuadro descubierto por él. Nuestro recuerdo más cariñoso para él. La Redacción

Javier Docampo, Bibliotheca Artis

La vida profesional de Javier Docampo estuvo siempre vinculada a las iluminaciones medievales, los libros y las bibliotecas. Se vinculó tempranamente a la Biblioteca Nacional, primero con su tesina tras licenciarse en Historia del Arte (1985), dedicada a uno de los libros de horas de esa institución, y luego por ser su primer destino en la Sección de Dibujos y Grabados (1991). Tuvo además experiencias profesionales en Galicia y en la Junta de Castilla-La Mancha. En 2005 recaló en el Museo de Prado, donde dirigió hasta 2016 la Biblioteca, el Archivo y el área de Documentación. Llevó lo que hasta entonces había sido un servicio de apoyo a la institución en el centro de referencia para los estudios sobre el Prado, sus fondos y la Historia del Arte en general.

Docampo mantuvo además una constante labor investigadora, abordando asuntos de las instituciones por las que pasó –William Hogarth, Goya, las bibliotecas de artistas– pero fue el estudio de las iluminaciones medievales lo que le convirtió en un reconocido especialista y le impulsó a regresar a la Biblioteca Nacional donde dirigió, desde 2016, el Departamento de Manuscritos, Incunables y Raros. Allí le esperaba su trabajo soñado y nuevos proyectos donde sumó a otros compañeros, con su trato fácil y carácter templado.

La pérdida de Javier es la pérdida de un profesional extraordinario, concienzudo en su trabajo como gestor público y un intelectual refinado. Pero su marcha temprana nos deja además sin un amigo muy querido de cuantos hemos tenido la suerte de tratarle, de compartir un viaje, un café a media mañana o una comida con prolongada sobremesa. Ha sido un conversador único que mostraba sus múltiples saberes con sencillez y simpatía, además de poseer una capacidad única para escuchar, discreto y elegante. Leticia Ruiz

Antonio Bonet Correa, una personalidad curiosa

Mi abuelo, Antonio Bonet Correa, murió con 94 años en mayo del 2020. Fue motivadora la presión que me generó durante mi juventud la figura de una persona sobre la que todos los que te saludan, reconocen y agradecen haber sido influidos de alguna manera por él. Sus libros, conferencias, clases, seminarios, cursos o conversaciones han dejado un reguero de discípulos, amigos, colegas y admiradores que desde su fallecimiento nos han dicho a todos los familiares lo importante que fue «Don Antonio» para ellos.

Vivió una vida plena durante la que fue un padre, abuelo e historiador magnífico. Pero además fue aventurero, con sus viajes por Latinoamérica de los que se traía contenedores de libros que enriquecían sus descubrimientos sobre el Barroco, del que se convirtió en el gran especialista; luchador, cosa que demostró durante su encarcelamiento en los años finales de la dictadura y de la que siempre contaban que lo que más le molestó fue no llegar a ver el panóptico de la cárcel de Carabanchel; y revolucionario, ya que con su llegada a Sevilla, tal y como narró Juana de Aizpuru en el homenaje del MNCARS, la ciudad recibió un aire fresco que marcaría el viraje definitivo hacía la vanguardia artística.

Pero Antonio, mi abuelo, fue ante todo una persona curiosa. Alguien que tuvo una sensibilidad tan especial que le permitió mirar el arte antiguo desde una perspectiva muy contemporánea, siempre de manera transversal, con una actitud juvenil y apasionada que le valió repartir un conocimiento que ahora todos sus discípulos, agradecemos enormemente. Miguel Bonet

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