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Ida Applebroog en el Reina Sofía


Con la exposición Marginalias, la mayor retrospectiva dedicada a Ida Applebroog (Nueva York, 1929) hasta la fecha, el Museo Reina Sofía continúa abordando aristas del feminismo, en este caso de una pionera como la artista norteamericana, que comenzó su trayectoria en Chicago como estudiante del Art Institute de Chicago. A lo largo de 200 obras y de ocho instalaciones, seleccionadas por Soledad Liaño, comisaria de la exposición, podemos seguir los temas recurrentes en su carrera: la indefinición de los límites entre lo privado y lo público, las violencias que subyacen tras las relaciones patriarcales normali­zadas, el cre­ciente proceso de medicalización de las sociedades avanzadas o la insensibilización del dolor ajeno que asume el discurso mediático, por citar algunas.


A lo largo de una trayectoria que abarca más de cinco décadas Applebroog se apoya en diferentes medios y materiales, desde el dibujo a las instalaciones, pasando por las esculturas, las acuarelas o los libros de artista. Sus obras desprenden ironía e indagan en aspectos críticos de nuestra sociedad, al conferir un papel destacado a lo teatral y lo performativo, que apelan a la participación de quien contempla sus obras para terminar de abordar su lectura.

Tras vivir en Chicago y San Diego regresó a Nueva York en 1974 y se asoció al colectivo feminista Heresies, y 18 años después se integró activamente en la Women’s Action Coalition (WAC), junto a Mimi Shapiro, Judy Chicago o Lucy Lippard, con quienes ya había tomado contacto durante su etapa anterior en Chicago. En ese contexto, sus creaciones tuvieron un enfoque más feminista, con una crítica a la sociedad patriarcal que ya presentaba síntomas de agotamiento y enfermedad.

En el catálogo, Soledad Liaño escribe que Applebroog “critica de forma abierta la sociedad patriarcal encallada dañinamente en nuestro mundo, sin embargo, lo plantea como un síntoma más de una disfuncionalidad estructural global, de la que Ida nos recuerda con insistencia que somos títeres”.

En la segunda mitad de los años 70, Appelbroog se inclina por lo performativo, inspirándose en  el teatro de Samuel Becket, y en ese período muestra un dibujo simplificado cercano al cómic;  la repetición mecánica de escenas, que remiten a las convenciones sociales que atrapan a los personajes, en esa atmósfera de ficción. Y en la década de los 80 aborda grandes lienzos individuales, donde vierte su preocupación por una sociedad cada vez más medicalizada, al representar escenas de la vulnerabilidad, los intercambios de roles entre médicos y pacientes y la delgada línea entre la cordura y la locura. Hay que recordar que ella estuvo ingresada a finales de 1969 con problemas de depresión y como terapia le recomendaron que dibujara y ahí comenzó a gestarse un lenguaje artístico muy singular.

La exposición Marginalias, que cuenta con el apoyo de la Comunidad de Madrid y que estará abierta hasta el 27 de septiembre, tiene como punto de partida una selección de estos dibujos y la instalación Monalisa (Vagina House) [Monalisa (Casa de la vagina), 2006-2009, donde la artista revisa y reinterpreta también otros dibujos que realizó de su vagina en los meses siguientes a su paso por aquella institución. Este trabajo, que se encontraba en el desván de su casa neoyorquina, supuso un ejercicio de autoconocimiento en el que se atisba una reivindicación feminista de transformar lo íntimo y doméstico en algo político.

La siguiente instalación, Galileo Chronology (Cronología de Galileo, 1975),  evidencia cómo lo escénico fue cobrando vigencia en su obra, ya que incorporó algunos de patrones que usaría en trabajos posteriores, concretamente, el uso del telón y del pergamino como soporte manipulable que le permitía la creación de volumen y sombras propias del aparato teatral, junto a  un dibujo simplificado. Y con temas como el drama solitario de los primeros casos de VIH en Estados Unidos, que desencadenaron cientos de suicidios.

Los stagings fueron también la base para los Libros performance, 1977-1982, una referencia y manifiesto consustancial al trabajo de la artista que se hace eco de la vitalidad de esta práctica muy en boga en los años 70 y para quien el libro constituyó un elemento performativo que funcionaba en dos fases: el circuito de distribución y el de percepción.

Y luego sus trabajos sobre su interés por una sociedad disfuncional como subraya su instalación Variaciones de Campos eméticos, 1990), donde ahonda en el paisaje de banalidad social y cómo una sociedad con muchos individuos medicalizados puede llegar a la sumisión. Algo que vuelve a tocar en Todo está bien, 1990-1993, pieza que la artista desarrolló en respuesta a un artículo publicado en el New Yorker sobre los experimentos y abusos a los que fueron sometidos unos monos de las selvas africanas y de Filipinas que sirvieron de cobayas en la investigación de distintos virus, entre ellos el VIH y el Ébola.

Como reacción a la frivolidad social, entre 1994 y 1996, Applebroog realizó un conjunto de pbras con el título Living (Vivir) que el público puede ver en la exposición, una mirada irónica al estilo de vida que profesaba Martha Stewart, autora y presentadora de la televisión estadounidense, que logró un gran éxito con sus consejos sobre decoración, manualidades y cocina como panaceas para obtener la perfección doméstica.

La exposición se cierra con una última instalación, Aves enfadadas de América, un proyecto iniciado en 2016 que responde al interés de Applebroog por la ornitología, a su permanente cuestionamiento en torno a la investigación científica, e incluso a la situación política de la era Trump. En los últimos cinco años la artista ha dibujado, pintado y modelado pájaros de diversas especies inspiradas en el libro de láminas Birds of America realizadas en el siglo XIX por el naturalista estadounidense John James Audubon.

El martes próximo, Soledad Liaño, realizará un recorrido comentando la exposición para explicar el placer experimental por la escritura de la artista norteamericana, disciplina que le ayudó a reflexionar sobre la violencia o el discurso de género. Y estará acompañada por la la actriz Nuria Mencía (Madrid, 1972), ganadora del Premio Max de las artes escénicas en el año 2017, quien recitará algunos fragmentos seleccionados.

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