HALLAZGOS Y RESTAURACIONES EN METAPINTURA

HALLAZGOS Y RESTAURACIONES EN METAPINTURA

La exposición Metapintura. Un viaje a la idea del arte, inaugurada el pasado lunes en el Museo del Prado, además de reunir 137 piezas, seleccionadas por el comisario Javier Portús, jefe de Conservación de Pintura Española del Museo, ha conseguido aproximar al espectador a un conjunto soberbio para repensar el mismo concepto del arte en la sociedad moderna y contemporánea.

Bartolomé E. Murillo. Autorretrato. 1670-73. National Gallery, London. © National Gallery

Al observar las secciones en las que el comisario ha estructurado la exposición no sólo vemos una serie de obras maestras de la colección del Museo del Prado de artistas como Velázquez, Tiziano, El Greco, Rubens, Murillo o Goya, sino también obras de pintores y escultores no tan conocidos, muchas de ellas procedentes de museos y colecciones españolas, europeas y norteamericanas.

Entre estas obras menos conocidas me han sorprendido en la sección La pintura como signo la restauración impecable de dos obras del Museo del Prado: el retrato de Giovanni Battista Castelli, poeta de Cremona, un óleo de Sofonisba Anguissola, pintado hacia 1557-58; y el Milagro de los santos médicos Cosme y Damián, una pintura sobre tabla de Fernando Rincón, de las primeras décadas del siglo XVI; y  sobre todo una de las últimas adquisiciones del Museo del Prado, Trampantojo, una pintura italiana anónima (hacia 1720), en la que el artista recrea una escena de género absolutamente moderna, mostrando a un pintor en su estudio y creando una ficción en la percepción del espectador.

Matías de Arteaga. La invención de la pintura. 1665. Museo Nacional de Arte de Bucarest.
Sofonisba Anguissola. Giovanni Battista Caselli, poeta de Cremona. Hacia 1557-58. Museo Nacional del Prado, Madrid.

Y entre la veintena de obras procedentes de colecciones nacionales e internacionales habría que destacar lienzos de Zurbarán y Ribalta; la primera edición de El Quijote de la colección Arango; la pequeña tabla de Rubens dedicada a Palas y Aracne del Museo de Bellas Artes de Virginia; la Vánitas de Valdés Leal de Museo Wadsworth Atheneum de Hartford; el retrato que hizo El Greco de su hijo Jorge Manuel, del Museo de Sevilla; el autorretrato de Murillo de la National Gallery de Londres, hacia 1670-1673; o ese óleo de Matías Arteaga, La invención de la pintura, hacia 1665, procedente del Museo de Bucarest, en la que vemos a un joven que delinea el perfil de otro aprovechando la sombra de la pared. Hay varios testigos de la acción y el más joven de ellos parece explicar al resto lo que acontece, y los rostros de esos tres personajes revelan asombro ante el descubrimiento que se está desarrollando ante sus ojos. Esta obra, de algún modo, sintetiza la ilusión y la emoción que rodea al arte.  Julián H. Miranda

Anónimo italiano. Trampantojo. Hacia 1720. Museo Nacional del Prado, Madrid.