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Ghirri, un fotógrafo innovador de la realidad italiana


Mañana el Museo Reina Sofía abre sus puertas a la exposición El mapa y el territorio, dedicada al fotógrafo italiano Luigi Ghirri (Scandiano, 1943-1992), coproducida con otros dos museos europeos: el Folkwang de Essen y la Galería Jeu de Paume de París y que está comisariada por James Lingwood. La ambiciosa muestra, que cuenta con el apoyo del Instituto Italiano di Cultura de Madrid y la Universidad de los Estudios de Parma, incluye alrededor de 250 imágenes que nos ilustran sobre un artista conceptual que supo reflejar los cambios incesantes de la realidad italiana desde comienzos de los años 70 a los 90 del pasado siglo, aunque la mayoría de las obras expuestas están datadas en la década de los años 70.

Ghirri afirmaba que «la fotografía es una gran aventura por el mundo del pensamiento y la mirada (…) un viaje inacabable por lo grande y lo pequeño, por las variaciones, a través del reino de las ilusiones y las apariencias, un lugar de multitudes, laberíntico y especular». En el recorrido por la exposición, que permanecerá abierta hasta el 7 de enero, se observa que su experiencia como aparejador y topógrafo le convirtieron en un cartógrafo innovador de lo que ocurría sobre todo en Italia, y la lucha entre lo viejo y lo nuevo que acontecía en dicha sociedad. No sólo en Emilia Romaña, sino también en Francia, Suiza y Holanda. Ghirri era un captador de espacios exteriores, un caminante contemporáneo que tomaba casi siempre en color, frente a la tendencia predominante por el blanco y negro, a la búsqueda de signos tanto en la ciudad como en el paisaje.

Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, destacó que Ghirri introdujo un ángulo de fotógrafo amateur para crear una obra muy personal, de artista, que tomó distancia y buscó un encuadre abierto, que entronca con una obra muy conocida de Umberto Eco en ese período: Apocalípticos e integrados. Por su parte Lingwood dijo que Ghirri fotografía lo efímero y lo cotidiano de personas desconocidas que también caminan o están quietas en la ciudad y la periferia.  Y añadió que esas fotografías minimalistas y conceptuales conforman un corpus que trata de evitar el drama y la emoción y se aleja de una fotografía social predominante en ese momento. «Para él lo importante era cuándo se tomaba la fotografía».

Las 250 imágenes que conforman la exposición se articulan en catorce conjuntos fotográficos que abarcan toda la década de los 70 y que comienza con instantáneas tomadas en entornos urbanos, muy cercanos para él como Módena y otros lugares de la región de Emilia Romaña, bien planos de superficie o vistas de personas en la lejanía como esa de Pescara, Rimini o Venecia. Supo captar escenas que recuerdan al cine italiano de la década anterior (Antonioni) pero apuntando a una mirada centrada en los objetos y cotidianidad del mundo moderno.

En el primer grupo, titulado Paisajes de cartón, Ghirri explora las imágenes que muchas veces encontramos en los espacios públicos: carteles, vallas publicitarias, escaparates y cafés para reflexionar sobre la proyección de lo que somos y lo que se supone que debemos ser. En Desayuno sobre la hierba capta las viviendas construidas en las afueras de Módena  y su relación con la naturaleza circundante. Dentro de ese conceptualismo llama la atención la tercera parte, Catálogo, donde Ghirri hizo tomas de fachadas anónimas, con ese lenguaje geométrico que deriva a una cierta abstracción.

En Km, 0,250  fotografió las vallas publicitarias que estaban pegadas a los muros perimetrales de una pista de carreras como si fuera un museo al aire libre, mientras que en Diaframma 11, 1/25, luce naturale hizo algo diferente cuando la pauta fue buscar a gente contemplando o cuando se es contemplado. Tal vez en Italia ailati (Italia a ambos lados)  Ghirri cambia los lugares históricos por la promoción de productos, en esa dialéctica entre la tradición y la modernidad.

Durante 1974 el fotógrafo italiano tomó desde el cielo 365 fotos, una diaria, con el título de Infinito y que no deja de ser un enlace con el arte conceptual de ese período. En El país de los juguetes hay no solo una alusión a Pinocho sino también un engarce con la cultura popular, visible en los parques de atracciones y temáticos, en los museos de cera o en dioramas de historia natural en museos de Salzburgo. En la serie de fotografías Atlante conformó un conjunto de imágenes de mapas contenidos en un atlas y con un juego de macrolentes pudo descubrir desiertos, océanos y cordilleras, que en ocasiones fueron tendiendo a la abstracción y un mundo de signos.

En Vedute (vistas) hay una preocupación por el encuadre. Son fotos que tomó durante la década de los 70, incluyendo signos colocados para ser vistos o miradores y así reflexionó sobre lo que está delimitado y lo que no. Kodachrome fue un libro publicado en 1978 y está concebido por parejas de imágenes, solo con el lugar y año pero sin comentarios y que van fluyendo del cielo al horizonte, de la playa al mar y con ese relato elíptico que caracteriza toda la poesía de imágenes que desarrolló Ghirri.

Los parques temáticos como el de Rimini en su serie titulada En escala le sirvieron para crear una versión reducida y a escala de monumentos y lugares emblemáticos de Italia y de otros países, algo que contrasta con la serie Still Life, centrada en copias kitsch  e imágenes alteradas por los juegos de luz o el paso del tiempo. Y como epílogo, una serie de primeros planos interiores de su biblioteca, Identikit, que revelan su pasión por la filosofía, la literatura y la historia del arte, así como su afición por la música clásica y contemporánea. Un fugaz autorretrato por los gustos y objetos que definen  una personalidad fascinante del último tercio del siglo XX. Julián H. Miranda

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