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El universo de Nefertari en el Museo Kimbell de Texas


En las tres últimas décadas el Museo Kimbell de Texas ha dedicado varias muestras al esplendor del arte egipcio con al menos cuatro muy relevantes: Sol deslumbrante de  Egipto: Amenhotep II y su mundo (1992), Regalos del Nilo: Fayenzas del Antiguo Egipto (1998), Búsqueda de la inmortalidad: Tesoros del Antiguo Egipto (2002) y Hatshepsut: De Reina a Faraón (2006). Ahora presenta hasta el 14 de marzo una centrada en la reina Nefertari, esposa favorita del Faraón Ramsés II (1279 a 1213 A.C), organizada por el Museo Egipcio de Turín, institución que alberga la segunda mejor colección objetos de esta gran civilización tras el Museo Egipcio de El Cairo. Las piezas del museo italiano fueron reunidas primero por Vitalino Donati en el siglo XVIII, más tarde por el diplomático y explorador Bernardino Drovetti en el siglo XIX y finalmente culminada por el arqueólogo Ernesto Schiaparelli tras ser nombrado director del Museo en 1894 gracias a las adquisiciones y excavaciones que impulsó durante su gestión.


Ahora esta exposición, comisariada por Jennifer Casler Price, conservadora de arte asiático, africano y americano antiguo del Museo Kimbell, arroja luz sobre la vida real en el palacio, los roles de las mujeres en el antiguo Egipto, la vida cotidiana de los artesanos y el sistema de creencias y prácticas rituales en torno a la muerte y el más allá, entre otros aspectos. Todo ello permite observar cómo era la existencia de los antiguos egipcios y además ver la influencia que el poder femenino tuvo en esa civilización, con un lugar central para la reina Nefertari, conocida por su belleza y carisma en la sociedad de su tiempo, y una de las más conocidas del Antiguo Egipto junto a Hatshepsut, Nefertiti y Cleopatra.

A través de más de dos centenares de objetos procedentes de Turín los visitantes pueden seguir la huella de Nefertari y de otras mujeres con piezas extraídas en templos, tumbas, palacios y asentamientos artesanos del pueblo de Deir el-Medina, que resumen en buena medida la majestuosidad de una cultura milenaria, con ese foco del papel que tuvieron las mujeres, ya fueran reinas, diosas o artesanas en el período del Nuevo Reino de Egipto (c. 1539-1075 a.C.).

En el recorrido, que se inicia con una monumental escultura de granito del marido de Nefertari, el gran Faraón Ramsés II, sentado entre el dios del sol Amón y su esposa, la diosa Mut, las dos deidades patronas de Tebas, iremos encontrando estatuas, joyas exquisitas, jarrones decorados, manuscritos de papiro, estelas talladas, espléndidos sarcófagos de piedra y ataúdes de madera pintados, así como tolos y piezas de la vida cotidiana de los artesanos que construyeron las tumbas reales.

Nefertari fue la gran esposa real de Ramsés II, un faraón que impulsó la construcción de grandes monumentos, tumbas y templos durante su largo reinado, que duró varias décadas. Entre los restos arqueológicos encontrados se puede colegir que fue una mujer de notable educación, que podía leer y escribir jeroglíficos, lo que unido a otras habilidades propició que ayudara a Ramsés II en trabajos diplomáticos. Fue precisamente el arqueólogo y director del Museo Egipcio de Turín, Ernesto Schiaparelli, quien descubrió en 1904 la tumba de la reina Nefertari en el Valle de las Reinas, situada cerca de la antigua capital de Tebas.

Ese hallazgo permitió descubrir escenas pintadas que representaban el viaje que tuvo que hacer Nefertari para apaciguar a los dioses en su camino hacia la inmortalidad. Aunque se observó que esta tumba fue saqueada en gran parte de su contenido, los objetos recuperados han revelado el magnífico conjunto de muebles, aceites preciosos y otras provisiones para la travesía al más allá, y esas piezas están presentes en la muestra en el Museo Kimbell.

La muestra se articula en varias secciones y se inicia con El faraón, las diosas y el templo, ya que en el Antiguo Egipto el faraón era líder espiritual, judicial y político del imperio. En vida fue la encarnación de Horus, hijo del dios del sol Ra, que existía  temporalmente entre los mortales, y con la muerte se transformaba en un dios pleno, Ra.

Una de las deidades egipcias más aterradoras fue la de Sekhmet cabeza de león, diosa de la ira divina. Durante el reinado de Amenhotep III (c. 1390-1353 B.C.), se produjeron cientos de estatuas que representaban a Sekhmet, incluidas las cuatro imponentes esculturas que se exhiben en la exposición. Los adoradores hacían ofrendas a Sekhmet diariamente para pedir su protección y asegurarse de que permaneciera en su forma más amable: la diosa del gato, Bastet. Aunque las ceremonias del templo solían ser realizadas por hombres, las mujeres también participaban en la adoración a los dioses.

Las reinas de Egipto desempeñaron un papel importante en las procesiones y celebraciones religiosas, representando el aspecto femenino de lo divino en la Tierra. La diosa Mut— cuyo nombre significa «madre», encarnaba a la mujer egipcia ideal. Era una esposa solidaria y obediente, una reina poderosa y una diosa honorable. Esta mezcla de cualidades la convirtió en un modelo a seguir para las mujeres en todas las esferas de la sociedad egipcia. Nefertari también era conocida como Nefertari Meritmut, que significa ‘Amado de [la diosa] Mut.’

La segunda parte gira en torno al rol de las mujeres en el antiguo Egipto, ya que participaban en diferentes esferas de la sociedad egipcia, desde el trabajo agrario y la sala de audiencias hasta los templos y palacios, sin dejar de mencionar los rituales de belleza, los adornos, los frascos para ungüentos y los cofres para piedras preciosas y joyería. Jurídicamente las mujeres tenían un trato igualitario, podían tener acceso a la propiedad y dirigir negocios, aunque luego principalmente criaban niños y se ocupaban  de labores cotidianas en el hogar.

Precisamente, la vida cotidiana en el pueblo artesanal de Deir el-Medina ocupa un espacio importante en la exposición, ya que Schiaparelli hizo descubrimientos significativos en ese poblado, situado en la orilla oeste del Nilo cerca de Tebas y asentamiento de los artesanos que trabajaban en tumbas reales. Gracias a esos objetos y herramientas se puede reconstruir cómo era la vida diaria de los profesionales que construyeron la tumba de la reina Nefertari y de su modo de practicar la religión hace 3.000 años.

La cuarta sección está centrada en la tumba de Nefertari, que fue construida alrededor del 1250 a.C y que constaba de dos partes: las antecámaras superiores y la cámara funeraria inferior, conectadas por escaleras descendentes. La estructura evocaba un camino tortuoso que la difunta tenía que seguir para llegar al más allá. A veces se ha llegado a conocer como ‘La Capilla Sixtina de Egipto’, con esas paredes pintadas de forma elaborada que mostraban a Nefertari y a una variedad de dioses y diosas, animales e insectos y jeroglíficos, que ayudaban a ilustrar el singular proceso de pasar por el inframundo hacia la vida eterna.

Tras el descubrimiento de la tumba en el Valle de las Reinas, se construyó un modelo histórico de madera, con pinturas a escala, con el objetivo de contextualizar los objetos expuestos y precisamente esa modelización ayudó a precisar la conservación de la tumba en la década de 1980. Entre las piezas hallados en la tumba destacan fragmentos de la enorme tapa del sarcófago de Nefertari, con trozos de granito rosa;  pequeñas figuras hechas en madera que evocaban los trabajos manuales que podrían hacerse en la otra vida; un hermoso amuleto de oro y loza en forma de pilar djed (un símbolo de estabilidad); un par de sandalias femeninas tejidas con hojas de palma, sin olvidar un par de rodillas momificadas que pueden ser los únicos restos mortales que han sobrevivido para la posteridad de la reina Nefertari.

Cuando Ernesto Schiaparelli estaba excavando en el Valle de las Reinas descubrió  las tumbas de dos hijos de Ramsés III (1187-1157 a. C.), que se construyeron en la XX dinastía (c. 1189-1077 a. C.), aunque se reutilizaron cinco siglos después. La última parte reúne una serie de ataúdes decorados con formas humanas, que se esculpieron o pintaron con los ojos abiertos como si el difunto todavía estuviera vivo.

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