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 El san Miguel de los Octoes de Pereda, en Burgos

La tela concebida hacia 1635 para el retablo mayor de la iglesia madrileña aparece en una parroquia de Arcos de la Llana. José María Quesada ofrece más detalles en el nuevo número de la revista: ARS37.


De Madrid a Burgos. El San Miguel Arcángel que pintó Pereda para la iglesia de san Miguel de los Octoes acaba de aparecer en una pequeña parroquia burgalesa. El historiador José María Quesada ha identificado esta tela perdida con la que actualmente cuelga de la nave de la Epístola de san Miguel Arcángel en Arcos de la Llana, situada a unos 10 kilómetros de la capital burgalesa.

El lienzo en cuestión representa a San Miguel Arcángel venciendo al demonio y está dominado por la figura juvenil del arcángel en primer plano; un adolescente de melena castaña, rizada y con un rostro muy joven. Viste armadura metálica de placas de gran belleza, faldón azul de cenefa dorada y escudo también metálico. La armadura reproduce el tipo de armadura que Carlos V utilizó en la batalla de Mühlberg, es decir, una armadura de hacia 1545.

Aunque ahora se exhibe en la nave de la Epístola, a un costado del presbiterio, hace un tiempo presidió el retablo del altar mayor de la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel de Arcos de la Llana. Antonio de Pereda (Valladolid, 1611 – Madrid, 1678) creó esta pintura precisamente para presidir un retablo, pero no la de esta parroquia burgalesa sino la iglesia madrileña de san Miguel de los Octoes, como ya apuntó Peter Cherry hace unos años. [1]

Este historiador publicó un primer documento relativo a dicho retablo –fechado el 27 de mayo de 1634– en el que se indica que Pedro de la Torre, maestro de arquitectura, y Jerónimo Lázaro, maestro de obras, se comprometen con el cardenal Antonio Zapata a construirlo en un periodo de año y medio. El retablo se hacía de acuerdo a una traza que entregaba el cardenal, quien a su vez se la habría encargado a Juan Bautista Crescenzi, uno de los principales protectores de Antonio de Pereda en sus inicios artísticos.

Otro documento fechado el 30 de mayo de 1636 informa de que Pereda ha sido elegido para realizar las pinturas que decoran el retablo. En dicho documento se menciona específicamente que se le encargaron los siguientes lienzos: en el primer cuerpo San Miguel y San Pablo y San Pedro a ambos lados del primero; por encima de los dos últimos, los respectivos martirios; y, finalmente, dos más en las predelas [2]. Por alguna razón, el retablo no llegó a terminarse tal y como se había concebido. Y, a juzgar por descripciones anteriores –no se conserva ningún documento más–, el lienzo no llegó a colocarse en su lugar.

Este San Miguel Arcángel es una de las obras más tempranas de Antonio de Pereda, casi contemporáneo de El socorro de Génova que pintó para el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro de Madrid [3]. Si fuese el lienzo que se le encargó para presidir el retablo de San Miguel de los Octoes, y que nunca llegó a colocarse, debe de ser obra, como muy tarde, de 1635–1636.

ARS 37 YA DISPONIBLE EN LIBRERÍAS. La aparición de esta obra de Pereda se da a conocer en el nuevo número de Ars Magazine, recientemente publicado. Entre las novedades, cabe destacar la entrevista al último Premio Princesa de Asturias de las Artes, William Kentridge, un yáñez de la almedina italiano presentado por José Gómez Frechina o la investigación de Ana Zabía en torno a las bateas de laca del Nuevo Mundo. Además, Caroline Bugler escribe sobre la exposición de Van Eyck y los Prerrafaelitas de la National Gallery de Londres y Rubén Ventureira repasa la trayectoria de Lita Cabellut con motivo de su monográfica en el MAC de A Coruña. Puede consultar todos los contenidos aquí.

[1] Cherry, Peter. «La intervención de Juan Bautista Crescenzi y las pinturas de Antonio de Pereda en un retablo perdido». Archivo Español de Arte, nº 239, 1987, pp. 299-305. Véase también Marín Tovar, Cristóbal. «La iglesia madrileña de San Miguel de los Octoes y su entorno urbano». Anales de Historia del Arte, nº 8, 1998, pp. 149-170.

[2] Cherry, Op. cit., 302. Firman el contrato el Conde de Barajas y el propio pintor.

[3] Hoy en el Museo Nacional del Prado, óleo sobre lienzo, 290 x 370 cm, hacia 1634-35, P7126.

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