NUMERO 37, ENERO-MARZO 2018

35,00

Entrevista a William Kentridge; Van Eyck y los Prerrafaelitas; Toledo, la capilla recuperada; Bateas del nuevo mundo; la emoción del retrato en Litta Cabellut; Un yáñez de la almedina italiano; Magazzino Italian Art, edificio discreto y silencioso; en el estudio de Eduardo Arroyo; la colección de Margarita Sánchez-Ubiría.

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UNA SINGULAR DONACIÓN

«Si un cuadro no te dice nada, no hay que comprarlo». «Cada uno de los lienzos que tengo en casa son como miembros de mi familia». «Una pintura, es una posesión distinta a cualquier otra cosa que se pueda tener. Necesita de un cuidado especial». «Toda propiedad de una obra de arte es una carga, por eso el dueño es un simple cuidador». Todas estas frases, pronunciadas por Óscar Alzaga durante la inauguración en el Prado de la exposición sobre su donación, ofrecen una idea bastante apro­ximada de lo que es un coleccionista de verdad, de esos que aman la pintura y ponen en segundo lugar el negocio que su posesión les pueda reportar.

Tenía «treinta y tantos cuadros» en su casa, pero regaló aquellos que los conservadores del Prado eligieron. «Vivía muy bien con ellos, pero en un momento dado me di cuenta de que los propios cuadros me preguntaban sobre su futuro. Estaban pidiendo un cambio. Y su sitio era el Prado». Cuenta el abogado y político que las visitas de los conservadores se sucedieron a lo largo de varios meses. Hubo cambio de cua­dros, en función de su estado de conservación y, sobre todo, de las lagunas de la propia colección nacional. Finalmente se seleccionaron siete: la Alegoría de la Redención de Jacopo Li­gozzi (1547-1626) –junto a estas líneas-; un San Juan Bautista joven de Antón Rafael Mengs (1728-1779); la Imposición de la casulla a san Ildefonso de Juan Sánchez Cotán (1560-1627); la Inmaculada Concepción de Antonio del Castillo (1616-1668); un San Jerónimo de Francisco de Herrera el Viejo (h. 1590-h. 1654); y un espectacular Paisaje romántico de Eugenio Lu­cas Velázquez (1817-1870). La donación incluyó también una dotación económica para la adquisición de Retrato de Manuela Isidra Té­llez-Girón de Agustín Esteve (1753-1820), un lienzo que el Prado quería para su colección pero que, a causa de las restricciones presupuestarias, se les escapaba de precio. Óscar y su mujer, Isabel Alzaga, aportaron los 300.000 euros que hicieron posible la adquisición.

Culmina así una donación singular, hecha a medida de las necesidades del museo. No se puede ser más generoso. Quizá Alzaga se haya liberado de una gozosa carga, pero los visitantes que contemplen ahora su donación agradecerán esa liberación.

Por Fernando Rayón

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