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El reflejo de otro en Tetsuya Ishida


El Palacio de Velázquez acoge la exposición Autorretrato de otro, organizada por el Museo Reina Sofía y primera retrospectiva fuera de su país a Tetsuya Ishida (Yaizu, Shizuoka, 1973 – Tokio, 2005), un artista de culto en su país, que en su corta carrera reflejó con incisiva lucidez las amargas consecuencias de las sucesivas crisis que perturbaron la economía mundial a partir de 1973 y, más concretamente, el momento de recesión que vivió Japón tras el estallido de la burbuja especulativa en 1991 que ha durado más de dos décadas. Ishida forma parte de la denominada “generación perdida” de aquellos años, que creció embestida por la falta de expectativas, haciendo mella en una juventud cada vez más escéptica.

Comisariada por Teresa Velázquez y Manuel Borja-Villel, la muestra reúne 70 pinturas y dibujos realizados entre 1996 y 2004, que  revelan las obsesiones y el particular universo estético del artista. La incertidumbre y el estancamiento del período oscuro que le tocó vivir, así como su reflexión sobre el trabajo, tiene muchos paralelismos con los sucesivos problemas de la globalización a raíz de las últimas crisis económicas.

En tan solo diez años de actividad el artista japonés un formidable corpus de trabajo, porque supo poner rostro a la desolación generalizada de una sociedad radicalmente alterada por los despidos masivos y la especulación. Sus pinturas, dibujos y cuadernos son un testimonio excepcional del malestar y la alienación del sujeto contemporáneo, denunciando sin tapujos su deshumanización.

El título que da título a la retrospectiva, Autorretrato de otro, responde a una frase pronunciada por Tetsuya Ishida, en la que aludía a la proyección de sí mismo en otros. El artista japonés sabía identificarse con sus melancólicos personajes inmersos en escenas de alienación y en un cuaderno de apuntes y bocetos de 1999 escribió: “Intenté reflejarme a mí mismo –mi fragilidad, mi tristeza, mi ansiedad– como una broma o algo divertido sobre lo que reír. Transformarme en objeto de risa, o de más tristeza. A veces era visto como una parodia o sátira de la gente contemporánea. Me expandí para incluir a los consumidores, los especuladores, los trabajadores y los japoneses. Las figuras del cuadro se expandieron hacia gente que puedo sentir”.

En sus trabajos encontramos personajes que recuerdan, en cierto modo a La Metamorfosis de Kafka, dado que muchos de ellos van metamorfoseándose en híbridos de insectos, máquinas e inclusos medios de comunicación antropomorfos que subrayan la dominación de las tecnologías y la subordinación rayando en la esclavitud que no termina de distinguir entre trabajo y consumo. Su modo de interpelar al presente que le tocó vivir termina planteando una sensación de impotencia que quiere compartir con el espectador.

El espacio central del Palacio de Velázquez resume la temática de la alienación a través de la figura recurrente del oficinista que en las visiones enajenadas de la sociedad reflejada por Ishida personifica al empleado que ha perdido toda conexión con el producto fruto de su trabajo. En las obras que se exhiben en esta zona del Palacio como en otras situadas a la derecha del mismo Ishida despliega su amarga sátira social, despojando al milagro económico nipón de la pos-guerra de todo idealismo.

Además en la zona a la izquierda del Palacio reúne una serie de obras de inicios de su trayectoria en torno a la escuela, la infancia y la adolescencia como primeros momentos de instrumentalización social y cultural del sujeto.

  • Hasta el 8 de septiembre
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