El Monasterio de El Escorial recupera sus museos
Patrimonio Nacional vuelve a abrir tanto la pinacoteca como el área dedicada a la historia arquitectónica del edificio escurialense, espacios que llevaban una década cerrados y que ahora recobran su esplendor.
En 1963, coincidiendo con la celebración del cuarto centenario del Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial, se abrieron por primera vez los dos museos que ha albergado durante medio siglo. Uno, situado en la zona del Palacio de Verano de Felipe II, estaba destinado a cuadros relacionados con el propio monasterio; y, el otro, abordaba la arquitectura del propio edificio, desde sus inicios hasta las intervenciones más modernas.
Este último espacio destacaba especialmente por su museografía, obra de Javier Feduchi y Jesús Bosch. En una época en la que esta no era especialmente relevante –mucho menos un campo en el que innovar–, los dos arquitectos lograron que el museo fuese conocido por un diseño elegante y original, a la vez que didáctico. Razón por la cual su proyecto fue seleccionado para participar en la muestra sobre arquitectura de museos que el MoMA realizó en 1968.
Conscientes de la importancia que este proyecto y de la modernidad que supone a pesar del año en que fue ideado, los responsables de Patrimonio Nacional han querido recrear la museografía de entonces, desde la cartelería hasta los dispositivos, para exhibir las herramientas antiguas, aunque actualizándolo, añadiendo elementos audiovisuales e interactivos.
A esto se suman recreaciones de máquinas de la época –algunas diseñadas especialmente por Juan Herrera para El Escorial–, así como una gran maqueta del edificio y la pieza más relevante, que ocupa casi una sala completa: un fragmento original de la armadura de madera de la cubierta de la Galería de Convalecientes.
Se trata de una pieza que fue retirada en 1963 porque se encontraba gravemente afectada por insectos xilófagos, que ahora permite al visitante imaginarse cómo se levantaron las cubiertas originales del monasterio. También comprender mejor la estructura del armazón que nadie ve, aunque es el que sostiene las distintas bóvedas y tejados.
El museo cuenta con una pintura mural que también podía contemplarse en 1963, realizada entonces por Joaquín Valero Turcios y denominado Felipe II y los artistas.
Es un homenaje a todos los trabajadores que participaron en el desarrollo del monasterio, elevados aquí a la categoría de artistas, a muy especialmente a Juan de Herrera y a su relación con Felipe II. Hasta el propio Valero Turcios parece haberse autorretratado en la escena.
Por su parte, el segundo espacio dedicado a la pintura alberga casi 100 obras de escuela flamenca, española e italiana. Y aquí sí que encontramos cambios reseñables. Para empezar, incorpora 21 piezas inéditas, ademas ha restaurado numerosas pinturas y marcos con motivo de la reapertura. Pero sobre todo ha cambiado su organización: si en el siglo pasado las pinturas se exhibían por escuelas y maestros, ahora lo hacen según los reyes que las incorporaron a las Colecciones Reales.
Las cuatro primeras salas se dedican a Felipe II, como no podía ser de otro modo. Una de ellas ahonda en la obsesión del monarca por convertir El Escorial en uno de los principales centros del saber, el arte y la cultura de su tiempo, gracias a maestros como Veronés o Tiziano. Otras, en cambio, acogen las piezas de mayor como el Calvario de Van der Weyden.
Además de esta imponente obra, en las salas dedicadas a este rey se incluyen otras piezas de gran relevancia como las obras que Zuccaro realizó para el Retablo Mayor de la basílica del monasterio, que fueron rechazas por Felipe II, y el díptico La alegoría de la redención de Coxie, uno de sus artistas predilectos, al que se suele denominar «El Rafael flamenco».
El recorrido continúa con varias estancias centradas en el resto de monarcas que pusieron su empeño en ampliar la colección del monasterio, desde Felipe IV hasta Isabel II, de la que podemos ver el retrato de Federico del Madrazo.
Destaca especialmente el apartado de Carlos II, el último de los Austrias. Pues, aunque siempre se le ha considerado un monarca menor, enfermo e incapaz, su contribución al patrimonio artístico de El Escorial fue de gran relevancia.
Aquí se pueden contemplar tanto piezas contemporáneas al rey firmadas por Luca Giordano, como otras anteriores, entre las que se encuentran varias de Ribera, que ganó protagonismo en las Colecciones Reales durante el reinado del último de los Habsburgo. Sofía Guardiola


