El concepto del lujo en los imperios antiguos de Oriente Medio

El concepto del lujo en los antiguos imperios de Oriente Medio


CaixaForum Madrid ha presentado hoy la exposición Lujo. De los asirios a Alejandro Magno, organizada por ‘la Caixa’ en colaboración con el Museo Británico- fruto del convenio que mantienen ambas instituciones- y comisariada por Alexandra Fletcher, conservadora de Oriente Próximo del museo londinense. Tras su éxito en Barcelona esta singular muestra plantea una travesía por el concepto del lujo en los antiguos imperios de Oriente Medio. Las 217 obras seleccionadas, con piezas de marfil, cerámicas, joyas, vidrios, ornamentos de mobiliario, metales preciosos, relieves y esculturas, entre otros objetos,  nos  ilustran sobre cómo el concepto del lujo era y continúa siendo una proyección del estatus y de distinción de los poderosos en la sociedad. Las piezas expuestas abarcan desde el año 900 hasta el 300 a.C. En dicho período la visibilidad de la opulencia definió el poder de imperios como el asirio, el babilónico, el fenicio, el persa o el de Alejandro Magno tras sus conquistas para forjar el vasto imperio que atesoró.

En el acto la directora del departamento de Exposiciones de la Fundación “la Caixa”, Isabel Salgado, destacó que la colaboración con el Museo Británico permite una mirada transversal para que el público disfrute de estas exposiciones, mientras la directora de Acción Internacional del Museo Británico, Nadja Race, remarcó que puede verse en los objetos la creatividad que hubo en el Mediterráneo y Oriente Próximo. Por su parte, la comisaria Alexandra Fletcher dijo que la opulencia definió el poder político y militar de estos imperios y añadió que «el lujo era extravagante y difícil de obtener». Por último, la directora de CaixaForum Madrid, Isabel Fuentes, explicó que como habitualmente habrá un programa didáctico para que los niños y jóvenes accedan a estas civilizaciones, junto a un ciclo de conferencias que profundizará con la imagen que proyectó el lujo en la antigüedad.

El recorrido por esta exposición, como ya ocurriera con otras dedicadas al Mediterráneo, Mesopotamia, Músicas en la antigüedad o la más reciente dedicada a los faraones como reyes de Egipto, permite que no acerquemos a las grandes culturas del pasado y observar cómo nuestros antepasados se enfrentaban a las grandes cuestiones, lo que establece vínculos entre el mundo antiguo y el actual. Todas ellas forman parte de los acuerdos de colaboración estables que mantiene “la Caixa” con el Museo del Louvre y con el Museo Británico para este tipo de exposiciones. Recientemente también ha suscrito un programa de colaboración con el Centre Pompidou de París, uno de los mejores museos de arte moderno del mundo.

Botella para aceite-perfumado. Sidón (Líbano). 50 a.C- 50 d. C. Vidrio, pan de oro. C Trustees of the British Museum
Relieve de una mujer con flores. Palacio norte Nínive(Irak), 645-635 a. C. Yeso. C The Trustees of the British Museum

Los gobernantes de Oriente Medio fueron acumulando riquezas, construyendo palacios y jardines, donde exhibir sus tesoros, en un vasto territorio que iba desde la actual España hasta la India. Los reyes asirios llegaron a tener un imperio que abarcaba desde el Mediterráneo al golfo Pérsico, mientras que Alejandro Magno en su sed de conquista se lanzó a por las riquezas de los aqueménidas y llegó a Oriente Medio, lo que aportó refinamiento a Grecia, en una síntesis cultural que daría como fruto el helenismo. El modo de reflejar el lujo reforzaba el poder político y garantizaba el respeto o quizá el miedo de los enemigos. Los buenos artesanos y comerciantes, muchos de ellos fenicios, sabían atender la demanda tanto para las élites como para otros segmentos más bajos de la sociedad, creándose diferentes niveles de consumo del lujo.

En el recorrido encontramos una botella para aceite perfumado, hecha de vidrio y pan de oro; los relieves de la pared del palacio de Nínive (Irak); una placa decorativa en marfil de la fortaleza de Salmanasar, Nimrud (Irak); un frasco en oro para aceite perfumado que formaba parte del tesoro del Oxus (los aqueménidas); un ornamento en oro para una funda que contenía un arco y flechas; un collar, a base de oro, ámbar, cornalina y ágata encontrado en Tharros (Cerdeña); un monumento funerario en mármol con inscripción en griego y fenicio; varias monedas antiguas encontradas en Turquía occidental; pebeteros y virolas; una placa de oro, con incrustaciones de piedras de colores; una figura heroica al estilo de Alejandro Magno, en mármol o las monedas con su imagen; la mujer de pie en arcilla; y fina joyería en oro con motivos animales que constituyen un conjunto que nos conectan con pueblos que elevaron lo suntuoso a símbolo de la representación del poder

La muestra, que permanecerá abierta hasta el 12 de enero, se articula en siete ámbitos diferenciados que nos hacen apreciar alrededor de siete siglos de vaivenes políticos constantes. El primero, titulado  Una era de lujo, describe cómo en esta época los lujos eran una fuente de placer, lo que requería destreza por parte de los artesanos que trabajaban con materiales preciosos. Muchos de esos objetos trascendían su funcionalidad hasta lograr  enormes riquezas como proyección de su poder. Para ello construyeron enormes palacios y delicados jardines, en amplios territorios que abarcaban desde el imperio asirio hasta las múltiples conquistas de Alejandro Magno. Miles de kilómetros desde la actual España hasta la India. No hay que olvidar que la estabilidad política y comercial fue un impulso para la producción y consumo de objetos de lujo. Hubo etapas más difíciles pero los imperios fuertes de los asirios, de Babilonia y de los aqueménidas hicieron posible este florecimiento e intercambio comercial y cultural por Oriente Medio.

Placa decorativa. Fortaleza de Salmanasar, Nimrud (Irak) 900-700 a.C. Marfil. C The Trustees of the British Museum
Cabeza de un devoto masculino. Santuario de Apolo, Reshef Idalion, Dhali Chipre, aprox 51 a. C. Piedra calcárea. C The Trustees of the British Museum

La segunda parte: Guerra, pillaje y tributos, ilustra sobre la formación del imperio asirio y cómo a partir del 800 a.C algunos de sus gobernantes conquistaron territorios entre el actual golfo Pérsico y Egipto e hicieron que sus ciudades cada vez fueran más cosmopolitas, hasta que empezó a decaer casi 200 años más tarde, con la destrucción de Nínive en el 612 a. C, a cargo de los ejércitos de Babilonia y de los Medas. La obtención de productos de lujo se convirtió en objetivo militar y el pillaje hizo que muchos almacenes de reyes y gobernantes se llenaran para decorar sus nuevos palacios. Muchas de esas victorias quedaron plasmadas en relieves como los encontrados en el palacio norte de Nínive, construido por Asurbánipal; los tributos que se pagaban se reflejaron en los obeliscos con inscripciones que proclamaban sus triunfos, a la par que el fortalecimiento de los asirios trajo consigo la construcción de esplendorosos palacios con fina decoración.

La fabricación y el comercio de artículos (los fenicios), centra su mirada en los artesanos que trabajaban en ciudades como Tiro y Sidón y que fueron trasladándose hacia Italia, España y el norte de África, gracias al desarrollo marítimo lo que propició nuevos asentamientos. Muchas de esas creaciones en marfil, vidrio y metal fueron muy valorados, junto a estelas en mármol porque estos comerciantes llevaron su propio sistema alfabético de escritura, base de los alfabetos griegos, etrusco y romano. Fue una zona y época de gran importancia por los fructíferos intecambios comerciales y por la invención de las monedas, hechas con oro y plata, acuñadas por el reino de Lidia. Posteriormente a su invención comenzaron a reproducir imágenes de los reyes antiguos.

El cuarto ámbito: Aspiraciones de élite, plantea una reflexión sobre cómo los antiguos artículos de lujo en estos imperios antiguos simbolizaban como en la sociedad actual un estatus. Se buscaban también nuevos símbolos de diferenciación y riqueza que atendiera a las élites, incluso con falsificaciones de mobiliario, de ropa para llegar a un mercado más amplio. Todo ello contribuyó a que esos lujos personales supusieran todo lo mejor, algo que ha quedado en esculturas, tejidos, en botellas suntuosas para perfumes o en esas representaciones de baldosas como la encontrada en el palacio noroeste de Nimrud (Irak), datada en el 875-850 a.C, que permite ver al rey Asurnasirpal II de Asiria que está agradeciendo por una buena jornada de caza, acompañado de sus ayudantes.

En Los placeres de los sentidos encontramos a dos pueblos o imperios muy importantes: los babilonios y los aqueménidas. Los primeros aprovechando el declive de los asirios expulsaron a los gobernantes asirios y se aliaron con el imperio meda, que terminó conduciendo al saqueo de Ninive y gracias al rey Nabucodonosor II hizo que Babilonia se convirtiera en una urbe espléndida, aunque este imperio no duró ni cien años. A pesar de su brevedad los ricos babilonios gozaron de aromas en sus perfumes, jardines espléndidos y buenos manjares, con el fin de relajarse ante tanta belleza y buena música.

Los aqueménidas fueron una potencia importante en el siglo VI a.C y llegaron  a controlar la ciudad de Babilonia y un vasto territorio que iba desde Pakistán a Libia y del mar Negro al golfo Pérsico. Hay un frasco de aceite encontrado en Basilicata (Italia), fechado hacia el 410-400 a.C, que se sabe contenía un aceite costoso, que representa a un hombre barbudo encima de un camello, rodeado de músicos, todos ellos con pantalones estampados y engalanados con túnicas y sombreros. Todo ese tipo de escenas ejerció gran fascinación en el mundo griego, especialmente en Atenas.

Por último, Conquista y cambio, el mundo del rey de Macedonia Alejandro Magno, que desde los 20 años hasta los 33 conquistó vastos territorios desde la India por el este, hasta Libia por el oeste, con un éxito que forjó su leyenda que aún perdura, ya que nunca perdió una batalla. Esa continua conquista supuso que la cultura griega se expandiera por todo Oriente Medio. Alejandro consiguió recursos de oro y de otros minerales y eso se plasmó en nuevas creaciones de objetos preciosos en una era de lujo. Tras su muerte inesperada en Babilonia en el año 323 a.Ca, los diádocos tomaron las riendas de su imperio y usaron en las monedas el rostro de Alejandro para fijar cierta imagen de su categoría divina, aunque también han quedado restos de copas con representaciones de cabezas de animales que evocan culturas más antiguas, no solo la helénica. Julián H. Miranda

Placas de oro, originalmente con incrustaciones de piedras de colores, Irán, 600-400 a.C. C The Trustees of the British Museum
Bol. Roma (Italia), 175-75 a. C. Vidrio. C The Trustees of the British Museum