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EL LATIDO POÉTICO Y MECÁNICO DE ANDY WARHOL


 

A medida que pasa el tiempo la figura de Andy Warhol, 31 años después de su muerte, se ha ido agigantando porque durante casi tres décadas – desde comienzos de los 60 a finales de los 80- la escena artística y, en cierto modo, social de Nueva York pero no solo, por su vanguardismo y constante innovación en numerosas disciplinas creadoras. Ahora CaixaForum y el Museo Picasso de Málaga han organizado conjuntamente la mayor retrospectiva en España del artista de origen checoslovaco, nacido en Pittsburg en 1928, que ha estado asociado al arte pop, aunque fue mucho más. La retrospectiva en CaixaForum Barcelona fue visitada por más de 228.000 personas.

En Andy Warhol. El arte mecánico, comisariada por José Lebrero Stals, actual director artístico del Museo Picasso Málaga, que abre al público mañana en CaixaForum Madrid hasta el 6 de mayo, y que posteriormente viajará a la capital malagueña- donde se exhibirá desde el 31 de mayo al 16 de septiembre-, se aborda a través de alrededor de 350 obras (pinturas, esculturas, dibujos, serigrafías, instalaciones, libros de artista, películas y portadas de discos, objetos y material fotográfico) el universo creativo múltiple de Warhol, en el que siempre latía la búsqueda de la belleza y el talento innovador.

Todavía recuerdo hoy cuando en 1983 el galerista Fernando Vijande trajo a Andy Warhol durante nueve días a Madrid, y posteriormente la exposición que la Fundación Miró de Barcelona le dedicó en 1996 con una selección de obras realizadas entre 1960 y 1986, o la más reciente de Sombras organizada en el Museo Guggenheim Bilbao en 2016.

Sin embargo, quizá la actual sea- con obras procedentes del Museo de Pittsburg, el MoMA, el Pompidou y la Tate, entre otros- el mejor compendio para vislumbrar la aparente naturaleza repetitiva y, en cierto modo, artificiosa del trabajo visual de un artista que supo fijar en nuestra retina imágenes universales como las protagonizadas por su galería de personajes: Marilyn Monroe, Jackie Kennedy, John Wayne o Liz Taylor, pero también la lata de sopas Campbell’s o un curioso traje de papel con el mismo motivo, hoy propiedad del Museo del Traje de Madrid, Debbie Harry, sus autorretratos, sus trabajos musicales con The Velvet Underground, con fotógrafos como Mappelthorpe o sus conocidos Screen Tests, cine experimental de aproximadamente 3 o 4 minutos como  Dalí y otros personajes famosos de ese período. Un mundo sofisticado en el Nueva York desde los años 50 a finales de los 80, que supo proyectar a todos los rincones del mundo.

Warhol supo reflejar los mitos del cine y la cultura popular y terminó convirtiéndose en un mito universal. Él comenzó siendo un diseñador gráfico comercial durante la década de los años 50, después de trasladarse de Pittsburg a´Nueva York en 1949, colaborando en revistas como Glamour, Vogue o Harper’s Bazaar, grandes sellos discográficos como Columbia Records o Prestige Records, e importantes marcas comerciales como Tiffany & Co.. Todo ese conocimiento de la publicidad comercial le influyó para aplicar en su obra seriada, siempre tratada con originalidad y talento, en la que combinaba de un modo transversal diferentes técnicas y variadas escenografías. Uno de sus mayores logros fue ir fijando paulatinamente un canon simbólico que trasladó al imaginario popular contemporáneo de finales del siglo XX.

En la presentación de la exposición, Isabel Durán, directora general adjunta de la Fundación ‘la Caixa» destacó su satisfacción por la inauguración de una retrospectiva dedicada a Warhol en el décimo aniversario de la apertura de CaixaForum Madrid, y por la calidad y variedad de obras procedentes de 3o prestadores, entre ellos algunos de los mejores museos de arte contemporáneo y coleccionistas privados nacionales e internacionales.

Por su parte, José Lebrero comenzó diciendo que «el arte despierta la sentimentalidad y engrandece su efecto» y que esta retrospectiva ha sido pensada para varias generaciones de aficionados y sobre todo para los jóvenes por su transversalidad y diversificación. Asimismo resaltó la dualidad de Warhol, productor de obras de arte y empresario, pero también un experimentador constante; un artista luminoso pero también con períodos y creaciones más opacas de la cultura underground, que supo crear objetos de deseo. En suma un creador visual con numerosas aristas y de gran riqueza plástica que resulta  difícil de clasificar.

Andy Warhol fue un coleccionista empedernido, muy aficionado al arte contemporáneo que triunfaba en Nueva York hace 60 años, y tardó muy poco en convertirse en el artista pop más conocido cuando seleccionó y extrajo belleza de las sopas Campbell’s o transformó aún más en iconos a las grandes actrices de cine de principios de los 60, sin olvidar nunca lo que supuso como laboratorio de creación cultural la Silver Factory, espacio en el que desarrolló un trabajo colaborativo junto a músicos y cineastas experimentales. Más tarde tras un intento de asesinato en 1968, Warhol se trasladó a The Office, un nuevo lugar más burgués y ordenado que coincidió en su transmutación de persona a personaje y donde dirigió la revista Interview.

Además Andy Warhol continúa siendo uno de los artistas contemporáneos más cotizados de los últimos años. Buena prueba de ello lo constituyen la venta de Cuatro Marilyns en noviembre de 2015 por 36 millones de dólares y la más reciente el 15 de noviembre de 2017 por su obra Sixty Last Suppers que se remató en Christie’s por casi 61 millones de dólares, siendo la quinta pieza más cotizada del año pasado.

La retrospectiva incluye todas las etapas creativas del artista, desde sus primeros dibujos en la década de los cincuenta, que sería el Warhol antes del Warhol, pasando por muchas de sus creaciones más icónicas —Antes y después (1961), Tres botellas de Coca-Cola (1962), Caja de Brillo (1964-1968), Gold Marilyn (1962), Liz (1963), ElvisMao (1973), Papel pintado con vacas (1966), un autorretrato de la Colección Alicia Koplowitz, Debbie Harry (1980), entre otras piezas emblemáticas, hasta las Silver Clouds, realizadas en un material reflectante experimental, fabricado especialmente para el Programa Espacial de la NASA, y que evocan la ligereza de los cielos y la ingravidez del espacio exterior. Y además Exploding Plastic Inevitable, el extravagante espectáculo de las actuaciones con The Velvet Underground and Nico y que resultó una auténtica explosión conceptual de sonido y movimiento.

En el recorrido de la exposición vamos encontrando piezas que nos hablan de un creador, que como escribió su amiga Pat Hackett, colaboradora y editora de los Diarios de Warhol, publicados en Anagrama hace 27 años, que “nunca se creyó su éxito y le emocionaba conseguirlo. Su humildad y cortesía constantes eran los dos rasgos de su carácter que yo prefería, y por mucho que evolucionara y cambiara durante los años que le conocí, siguió conservando esas cualidades”. Y probablemente su autorretrato de gran formato- acrílico y tinta serigráfica sobre lino- realizado en 1986 con su rostro y los cabellos en ese azul intenso sobre fondo negro, ilustre la mirada de un hombre que observa con perplejidad lo que hay a su alrededor.

Como escribe Pat Hackett en el prólogo de los diarios de Warhol: “durante casi todos los setenta y hasta la muerte de Andy, la actividad principal consistió en conseguir encargos de retratos, ya que éstos constituían la mayor parte de los ingresos anuales de Andy”. Y describía más adelante el procedimiento de Warhol para hacer dichos retratos de particulares: “el modelo posaba mientras él le hacía unas sesenta Polaroids. A continuación escogía cuatro y se las daba a un serígrafo… Cuando se las devolvían escogía una, decidía por dónde cortarla, y luego la manipulaba cosméticamente para hacer al sujeto lo más atractivo posible”.

El montaje de la retrospectiva de Andy Warhol refleja la innovación y el talento de un artista que supo combinar diferentes técnicas con una cuidada producción de sus obras, que a veces llegó a calificar como «propios de una cadena de montaje» y eso le llevó a calificar su obra como de arte mecánico porque quiso huir de una intención espiritual que, sin duda, tenía y eso le confirió una altura poética incuestionable. Julián H. Miranda

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