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El desconocido Impresionismo canadiense se expone en Munich

El Impresionismo fue un movimiento global. Esta exposición muestra una oculta variante canadiense, que habla de los artistas que viajaron a París y volvieron a Canadá para desarrollar una interpretación americana del estilo.


La National Gallery de Canadá abre hoy al público una muestra de impresionismo canadiense en el Kunsthalle de Munich, institución colaboradora del proyecto junto con la Fondation l’Hermitage y el Musée Fabre. La selección de obras de Katerina Atanassova, comisaria de la exposición y de la galería canadiense, responde a la intención de mostrar las diferentes formas impresionistas inspiradas por los paisajes de América del norte. El Impresionismo fue un movimiento universal del cual se deberían rescatar todos los pequeños capítulos que aún permanecen en la oscuridad, y que aportan interesantes variaciones y estéticas según sus zonas geográficas. En este caso, Canadá contó con una serie de pintores que viajaron a Francia alrededor del año 1900 y trabajaron allí empapándose del Impresionismo más originario. La muestra recoge 119 ejemplos, datados entre 1880 y 1930, de 36 artistas canadienses muy poco conocidos, pero que desempeñaron un papel fundamental en la historia de la pintura de su país. La comisaria hace viajar a Europa este proyecto tras verse en América del norte para darle a estos autores la proyección internacional que merecen, y así sus nombres empiecen a ser cada vez más sonados.

El pionero del movimiento en este país fue William Blair Bruce. En su obra se puede apreciar una clara influencia de los paisajes de Monet, que al igual que él y muchos otros franceses, Bruce también plantó su caballete en los campos de Giverny para trabajar en los efectos lumínicos en los entornos rurales. Pintó un campo de amapolas en 1887 inevitablemente relacionable con el de Monet.

La mayoría de estos canadienses se instalaron en París, pero viajaron por Normandía, Pont-Aven, Bretaña… y algunos se animaron a explorar el Sur, como Ernest Lawson, que viajó a Moret-sur-Loing y conoció a Sisley. Esta pequeña ciudad, representada por otros autores como Renoir y Monet, alentó al canadiense a estudiar las variaciones de luz y color según las estaciones. A esta ciudad viajó dos años después su compatriota Maurice Cullen, donde aprendió a captar muy bien la atmósfera fría de invierno en esta región, efecto que se aprecia en su obra Moret, invierno (1895).

James Wilson Morrice se enamoró de París y vivió allí casi 35 años, conociendo así el Post-impresionismo, el Fauvismo trabajando con su amigo Matisse, y los inicios del Cubismo que ya no le convencieron tanto. Sin embargo, el resto de canadienses fueron a Francia solo para aprender y formarse. Regresaron a su país natal para seguir su propio estilo dentro de todo lo absorbido en la cuna del movimiento. A pesar de que los franceses pintaban muchas escenas urbanas, los americanos decidieron quedarse con los paisajes. Además, en su tierra tenían una inspiración inigualable para ello. Por supuesto, en lo que más destacaron fue en las escenas de invierno con nieve, donde captaban con gran maestría el brillo y la luz propio de estos paisajes. Lo más interesante de la muestra es que el colectivo de artistas, aun viajando a Francia para descubrir el movimiento, volvieron a su país para reinterpretarlo de la manera más personal, como afirmaba la comisaria: “se separaron de ellos para producir una variante de la modernidad que encapsulaba el espíritu de una sociedad joven en un nuevo país”.

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