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El Guggenheim desafía las categorías de las artes tradicionales

El pasado 11 de junio el museo bilbaíno inauguró La línea del ingenio, una exposición que aúna obras de reciente creación de la propia colección del museo con otras que han sido depositadas en él a modo de préstamos a largo plazo. Todas ellas responden a criterios comunes como el empleo de materiales y técnicas inusuales que superan las convenciones estéticas como manifestación de ingenio y humor. Podrá visitarse hasta el 6 de febrero de 2022.


El Museo Guggenheim Bilbao aborda de nuevo las corrientes artísticas más actuales. Lo hace tras varias propuestas en las que dirigió su mirada al pasado siglo XX, con las exposiciones dedicadas al Bilbao de fines del XIX y principios de la siguiente centuria (ver aquí), o a los creativos años 20 (ver aquí), sin olvidarse de la abstracción de una figura clave como la de Vasily Kandinsky. Ahora, con La línea del ingenio, volvemos a encontrarnos con artistas de renombre como Georg Baselitz (Deutschbaselitz, 1938), Jean-Michel Basquiat (Brooklyn, 1960), Sigmar Polke (1941-2010), Erlea Maneros Zabala (Bilbao, 1977), Julian Schnabel (Brooklyn, 1951), Prudencio Irazabal (Puentelarrá, 1954) o Yoko Ono (Hiragana, 1933).

Una atenta a mirada al elenco de creadores nos pone en sobreaviso sobre lo que el espectador encontrará al visitarla: piezas creadas con materiales y técnicas inusuales que superan las convenciones estéticas como manifestación de ingenio y humor. Todo ello a partir de obras de artistas nacionales e internacionales de generaciones y propuestas muy diferentes propiedad de la Colección del Museo, algunas apenas mostradas con anterioridad. Junto a ellas, se exponen otras tantas que están en préstamo a largo plazo y que pueden calificarse, como se indicó en la presentación a los medios, “de ingeniosas y experimentales”.

Se enmarca así, como señaló Juan Antonio Vidarte, director del museo, dentro de una de las prioridades actuales del museo, la de ofrecer al público una nueva presentación de sus colecciones permanentes, dándole una mayor visibilidad, a la vez que las amplía a través de nuevas adquisiciones.

La muestra ha sido comisariada por Lekha Hileman Waitoller, miembro del equipo del Museo Guggenheim Bilbao desde 2019 y antes del Art Institute of Chicago. Se trata de su primer proyecto individual, en el que ha buscado, en sus propias palabras, reunir “obras que comparten un espíritu de experimentación en sus procesos creativos o su uso de materiales poco ortodoxos”. Añade que, a pesar de su dispar procedencia y de los diferentes momentos históricos en los que crecieron, “comparten estas raíces de cuestionar las convenciones sociales y estéticas desde el ingenio y lo experiemental”.

La línea del ingenio se organiza en torno a tres secciones temáticas que muestran la naturaleza experimental de la creación artística y ocupan la totalidad de la tercera planta del museo, las salas 305-307. La primera de ellas (305), agrupa piezas que fueron creadas Desafiando a la tradición fuera del marco habitual del estudio del artista y a través de procesos poco habituales. En ella tienen cabida piezas como Sin título (Habitación de alabastro), realizada en 1993 por Cristina Iglesias; u otras como Objeto para la reflexión (2017) de Alyson Shotz, realizada a través de piezas de aluminio perforado que juega con la dualidad de parecer un objeto pesado visto desde la lejanía para convertirse, vista con detenimiento, en una construcción traslúcida y maleable. También encuentran acomodo en esta sala Hichiko Happo de Yoko Ono, realizada para la retrospectiva que le dedicó el museo en 2014; y Como las cosas van (1987), una pieza cinemática de Peter Fischli y David Weis, obra creada a partir de objetos como ruedas, fuegos artificiales y un globo que crean un pequeño caos controlado en el que se suma lo absurdo como desafío a la alta cultura.

La Sala 306 adentra al visitante en los Modos de representación, con una selección de obras figurativas que ilustran las diversas formas en las que los artistas abordan la figura humana, donde, por ejemplo, la realización de un retrato es una invitación para la experimentación. Aquí se aprecia esa dualidad entre lo innovador, como las obras de Antonio Saura; y la faceta “más realista”, encarnada esta última, por ejemplo, en los once lienzos de Alex Katz titulados Sonrisas (1994).

De los cinco artistas representados en esta sección, tres son protagonistas por estar bien representados en las colecciones del museo. A los ya mencionados Saura y Katz hay que añadir a Georges Baselizt, del que se muestra La señora Lenin y el Ruiseñor (2008), con un innovador acercamiento al retrato tradicional, donde se presentan a los personajes del revés. También tiene cabida en esta sección Jean-Michel Basquiat con su incisivo El hombre de Nápoles (1982), un retrato de uno de los mecenas del artista.

La última sala (307) reúne una selección de obras abstractas que giran en torno a la idea de los Materiales y métodos, buena parte de ellos poco habituales como el papel de periódico, los libros, la cerámica o la tiza. Prudencio Irazabal, en Sin título#767 (1996) demuestra su preferencia por emplear polímero líquido al que añade gel para espesarlo antes de incorporar los pigmentos para crear colores distintos con diversos grados de traslucidez.

Irazabal comparte protagonismo con Julian Schnabel, que alcanzó la fama en 1979 con obras creadas sobre platos rotos. Estas, de gran tamaño, parten de los mosaicos de Gaudí, pero a partir de ellos transforma pintura y mosaico alterando el plano pictórico dotándolo de una gran expresividad. Si todo ello es patente en España (1986), su evolución y el empleo de otros materiales como el algodón o los cartones se cristaliza en obras posteriores como Faquires (1993).

Junto a ambos, en esta sección pueden verse obras de colectivos menos conocidos como el grupo canadiense denominado General Idea, formado por Jorge Zontal (1944–1994), Felix Partz (1945–1994) y AA Bronson (1946), quienes trabajaron durante 25 años en líneas muy experimentales entre diseño, arte y vida personal. Por último, también pueden verse aquí con la joven artista vasca Erlea Maneros Zabala, que explora el papel que desempeñan los medios de comunicación en la conformación de las narrativas contemporáneas a través del tratamiento de las imágenes y una visión subjetiva de la historia.

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