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El científico Javier Burgos identifica una ‘monomanía’ perdida de Géricault

Hasta el momento se conocían cinco de los diez retratos pertenecientes a esta serie de locos y dementes pintados por el artista romántico hacia 1820-1824 para el médico de La Salpêtrière. Ahora el neurocientífico español ha encontrado un sexto retrato de estos ‘rostros de la locura’ en una colección particular italiana y lo ha dado a conocer en The Lancet.  


Es la historia de una obsesión que ha perseguido a Javier S. Burgos desde hace tiempo y que ahora por fin, encuentra un feliz desenlace: la sexta monomanía de Gèricault. Hace más de un año, mientras revisaba colecciones digitales y exposiciones encontró una muestra celebrada en Rávena en 2013 que llamó su atención, se titulaba Borderline y en el vídeo promocional mostraba dos pinturas de su adorado artista francés: El médico jefe del Manicomio de Buffon y Retrato de hombre. Homo melancholicus. 

Este último enseguida despertó su interés, por eso comenzó a investigar sobre el origen y significado de dicho lienzo, que tanto le recordaba a ‘los rostros de la locura’ del artista del Romanticismo. Y es que, aunque el científico ha dedicado su vida a estudiar la neurobiología del alzhéimer, es también un enamorado del arte, especialmente de las pinturas del autor de La balsa de la Medusa.

En realidad su obsesión son, y serán, Los retratos perdidos de Géricault, esos que ya desde 2017 buscaba sin cesar entre decenas de artículos, catálogos e imágenes de cuadros. Seguía empeñado en desvelar los misterios que escondían las monomanías del francés, una serie de pinturas con rostros de enfermos mentales con la que pretendía ilustrar la fisonomía de este tipo de pacientes. Fue un encargo de Étienne-Jean Georget –médico del hospicio La Salpêtrière, padre de la psiquiatría social y doctor del artista, aquejado entonces de melancolía– para clasificar las afecciones de la mente.

Géricault ya había pintado cadáveres reales en su célebre naufragio, por eso no tuvo inconveniente en poner cara a la locura a través de una decena de pacientes que retrató entre 1820 y 1824. Son cuadros de semejantes dimensiones, donde los efigiados aparecen de medio cuerpo, entre la penumbra y sin mirar al espectador.

Cuando el artista murió, esta serie se repartió entre dos de sus discípulos, Lachèze y Marèchal. En 1863 el historiador Louis Viardot dejó constancia de la existencia de los cinco retratos adquiridos por el primero, gracias a una carta enviada a la Gazette des beaux-arts donde describía las pinturas contempladas en el ático de Lachèze que representaban la cleptomanía, la envidia, la ludopatía, la pedofilia y la megolomanía o delirios de grandeza, cuadros que actualmente se encuentran repartidos por museos de París, Lyon, Gante, Winterthur y Massachusets.

Desgraciadamente, los retratos en poder de Marèchal se perdieron con el tiempo y poco se sabe de ellos. ¿Serían los mismos pacientes pero representados tras la terapia o se trataría de nuevos rostros? ¿Qué enfermedades podrían mostrar? En 2017 Burgos se preguntaba entonces dónde podrían estar, tal vez “olvidados en algún sótano de un palacete inglés o algún interminable salón de una mansión de la campiña británica”.

No imaginaba que sería él mismo quien desvelase parte del misterio, al encontrar uno de ellos en Italia, en una colección particular. «En aquel momento fui consciente de estar viendo un cuadro que habían visto muy pocas personas en la historia. Y también visualizaba a Géricault enseñándoselo a Georget», explica a ARS Javier S. Burgos. En el artículo que ha publicado esta semana en la revista médica británica The Lancet explica sus conclusiones. Las dimensiones de Retrato de hombre. Homo melancholicus coinciden con el resto de la serie y la composición parece mantener los criterios presentes en las cinco monomanías conocidas, es decir, retratado de medio cuerpo y con el rostro iluminado que emerge de un fondo oscuro. Además, las ropas poseen ciertas semejanzas con las que lleva la mujer que encarna la envidia, conservada en el Musée des Beaux-Arts de Lyon.

La enfermedad representada en esta ocasión es la melancolía o tristeza, como indica el título del cuadro. Una dolencia que, según el psiquiatra alemán Heinrich Schüle tiene como rasgo distintivo el omega melancholicum, signo que puede adivinarse en la frente arrugada del representado en el cuadro italiano, como destaca Burgos en su artículo.

La aparición de este sexto monomaníaco confirma, por tanto, que el resto de retratos perdidos de Gèricault mostraban otras tantas dolencias del alma y aportan más datos sobre esa relación entre medicina y arte desarrollada a principios del siglo XIX. Sol G. Moreno

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