Los enconchados del ‘Asedio de Viena’ se exponen en Gran Canaria
Casa Colón presenta una serie de seis cuadros hechos con pintura al óleo sobre incrustaciones de madreperla que relatan el ataque fallido de los otomanos sobre el imperio de los Habsburgo. Este préstamo excepcional de una colección particular local es el mayor reclamo de la muestra Alma de nácar. La luz de México.
Pueda que las escenas sobre la conquista de México y la derrota de Moctezuma en formato enconchado hayan quedado grabadas en nuestra retina, pero resulta mucho más curioso ver que un episodio ocurrido en suelo europeo, como el asedio de Viena, también despertara el interés de los maestros novohispanos del siglo XVII.
Los hechos ocurrieron en 1683, cuando los otomanos liderados por Kara Mustafá quisieron invadir el corazón del imperio de los Habsburgo y atacaron su capital: Viena. Llegaron incluso a asediarla, pero solo momentáneamente. No contaron con que los alemanes tendrían el apoyo de la Santa Alianza y del rey polaco, ni que serían expulsados solo dos meses después de que las tropas turcas entraran en la ciudad.
Aunque este episodio bélico puede resultar ajeno a la sociedad mexicana, tuvo implicaciones políticas para la monarquía hispánica de los Austrias, generando tal impacto mediático, que decenas de textos e imágenes recorrieron Europa y cruzaron el Atlántico.
Por eso el relato quedó inmortalizado en una serie de tablas pintadas al óleo sobre incrustaciones de nácar y madreperla compuesta por seis piezas, propiedad de la familia Manrique de Lara.
Un conjunto que ahora puede verse, por primera vez en Gran Canaria, gracias a la muestra Alma de nácar. Enconchados, la luz de México. Los coleccionistas han decidido compartir sus tesoros con el público de Casa Colón durante prácticamente un año, ya que la exposición –que cuenta con otras obras relevantes del mismo periodo– se ha prorrogado hasta enero de 2027.
El recorrido acerca al visitante la riqueza estética implementada durante el Barroco de los enconchados mexicanos. Dicha técnica es una de las expresiones artísticas más cautivadoras de la pintura novohispana, no solo por la belleza estética conseguida a base de escenas con finas piezas de nácar pulido que luego se pintaban al óleo; sino por su escasez (apenas se conservan 250 ejemplares, un tercio de ellos en el Museo de América).
No extraña, por tanto, que el mayor reclamo de la muestra canaria sea ese conjunto de seis tablas de grandes dimensiones que narran El sitio de Viena. Las obras fueron concebidas en torno a 1690, en el seno de uno de los pocos talleres que se dedicaban a la manufactura de enconchados en aquel momento: el que regentaba Juan González.
Y las composiciones, aunque propias del artista novohispano, derivan en parte de los grabados del holandés Romeyn de Hooghe realizados en la segunda mitad de la década de 1680.
“Son el punto de partida de la serie enconchada”, defiende Sergio Coca, comisario de Alma de nácar junto a Rocío Bruquetas.
Las tablas prestadas para la ocasión son, sin duda, el punto fuerte de la muestra, pero no están solas. Le acompañan otras tres singulares obras que contextualizan ese momento de mestizaje cultural.
Por un lado, el enconchado dedicado a San Miguel Arcángel (hacia 1700); y, por el otro, dos piezas de mobiliario –escritorio con incrustaciones de hueso, ébano y carey procedente de Campeche (1650-1670), y arqueta de carey y plata de la parroquia Matriz de San Lorenzo (hacia 1760)– refuerzan esa visión estética del México novohispano.
¿Cuál será el futuro de la preciada serie de Viena? De momento sigue en manos privadas. Pero la directora de Casa Colón, Carmen Gloria Rodríguez, ya ha dejado caer su deseo de “que lleguen a formar parte algún día de la colección del Cabildo”. Comentario que debe de haber hecho mella en los propietarios actuales, que han ampliado el préstamo de los cuadros seis meses más de lo pactado inicialmente.


