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El arte conmemora los 40 años de la Constitución española


El próximo 6 de diciembre la Constitución española cumple cuatro décadas y al volver la vista atrás nos damos cuenta de cómo se ha transformado España en los últimos 40 años, tanto desde el punto de vista político, económico, social y cultural. Con motivo de este aniversario de la aprobación de una norma de convivencia tan importante el Museo Reina Sofía, las Cortes Generales y Acción Cultural Española (AC/E) han presentado hoy una muestra muy especial, El poder del Arte, que se compone casi exclusivamente de fondos procedentes del Reina Sofía y se divide en dos recorridos, una parte en el Congreso de los Diputados y una segunda parte en el Senado, los dos espacios más simbólicos de la democracia parlamentaria española.

El comisario de la exposición, João Fernandes, subdirector del Museo Reina Sofía, con la ayuda de la coordinadora general Carlota Álvarez-Basso, ha seleccionado una serie de piezas de algo más de cuatro décadas de arte concebido por artistas españoles para provocar una reflexión de dichas creaciones con los espacios tan simbólicos que los albergan: El Salón de los Pasos Perdidos, el Círculo de la Reina, el Escritorio del Reloj, en el Congreso, los pasillos, la sala cámara más institucional y la Biblioteca del Senado, entre otros, estableciendo consonancias y disonancias entre el arte y la vida, porque la obra de los artistas se desarrolla en un contexto geográfico e histórico y eso permite mostrar lecturas que enriquecen la mirada del espectador para encontrar el particular sentido de las mismas.

Aunque hay algunas obras anteriores a 1978 como fotos y algunas pinturas previas a la aprobación de la Constitución española, la mayoría de las obras de los 42 artistas seleccionados abarcan desde la aprobación de la Constitución hasta la actualidad, combinándose diferentes técnicas y disciplinas (pintura, escultura, video, fotografía, instalación o perfomance) por las que ha transitado el arte contemporáneo español, que se ha ocupado por repensar lo que significa el poder, la libertad, la identidad, la memoria, la historia, la democracia o los símbolos, por mencionar algunos de hitos fundamentales.

En la presentación del Congreso, la presidenta Ana Pastor agradeció la generosidad del Museo Reina Sofía, al que calificó como museo de la democracia, y el esfuerzo del equipo curatorial para llevar a cabo la instalación de las piezas seleccionadas y el acondicionamiento del sótano del Congreso que en después de esta muestra se utilizará para otras exposiciones e interpretaciones audiovisuales y sonoras que forman parte de nuestra historia reciente. Por su parte, el presidente de Acción Cultural Española, Ibán García del Blanco, subrayo que es magnífico que el arte esté en las sedes de la soberanía nacional.

Por último el director del Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, dijo que esta exposición forma parte de un proyecto global, la primera parte se desarrolla entre el Congreso y el Senado, que se abre al público el 1 de diciembre, cuyo objetivo es permitir otras lecturas a partir de dónde venimos y adónde vamos con una intención siempre crítica de los creadores españoles, y la segunda parte tendrá una visión temporal histórica titulada Poéticas de la democracia. Imágenes y contraimágenes de la transición, que se presentará el 3 de diciembre en el Museo Reina Sofía.

En el exterior del Congreso de los Diputados encontramos esculturas de Rogelio Pérez Cuenca, Decret nº1,  realizada para la Expo 92 de Sevilla con intención de replantear la visión del aficionado al arte para modificar el paisaje cotidiano de la sede del Congreso y también como una invitación a la visita en el interior del mismo, donde se pueden ver una instalación de Juan Muñoz de 1996, titulada Cinco figuras sentadas, esculturas de Juan Luis Moraza, una foto muy conceptual de Ignasi Aballí, Mis manos después de tocar cosas sucias, 2015; y una perfomance de Dora García, Narrativa instantánea.

En la planta sótano del Congreso hay un hilo conductor en torno a los temas históricos y de identidad, esenciales en el arte español de los últimos años porque reflejan el interés compartido de creadores que se impregnan de las inquietudes de la ciudadanía, desde un conjunto amplio de fotografías de Colita, que estuvo en la presentación, captando cómo era el ambiente de Barcelona y las tensiones políticas de los años 60 y 70;  la escultura de Cristina Iglesias, de 1988, de la que se desprende ese aire de ruina o un par de piezas de Pedro García Romero; los videos de María Ruido, Patricia Esquivias, Muntadas y Cabello/Carceller; las fotos en gran formato de Txomin Badiola para reflexionar sobre la identidad sexual o el video de Itziar Okariz alrededor de la identidad del territorio, pasando por el uso de los materiales industriales de Ángeles Marco, el continuo ejercicio de la memoria simbólica en la instalación de Esther Ferrer,  mientras que Concha Jérez y Daniel G. Andújar apelan al recorte de libertades y al ejercicio de la censura

Y del Congreso al Senado, donde su presidente Pío García Escudero hizo de anfitrión durante la visita. En este espacio el comisario ha querido analizar las circunstancias históricas del arte español, muy especialmente de la pintura y la escultura, desde comienzos de los años 70 hasta ahora. Hay un momento tanto al final de la dictadura franquista como tras la muerte de Franco de euforia creativa y eso se observa en el cromatismo de muchas creaciones, que pasan del blanco, negro y gris, al color en un sentido amplio. En esta línea conviene destacar el cuadro de Juan Genovés, Gente corriendo, 1976; la fotografía La columna y el paso del arquitecto y pintor Juan Navarro Baldeweg; las intervenciones estético-políticas de Paz Muro o la pulsión femenina de la representación de Fina Miralles en los años 70, junto a la investigación abstracta protagonizada por los materiales de Eva Lootz y por los cáculos geométricos de Soledad Sevilla.

A finales de los años 70 y hasta mediados de los 80 la movida madrileña supuso un período de gran efervescencia creativa en cine, música, fotografía, literatura y artes plásticas. Muchos de esos creadores fueron muy arriesgados e hicieron propuestas para criticar la situación política, reflexionando sobre el uso de los símbolos identitarios y de una cultura popular renovadora como se desprende al contemplar en las nueve fotografías de Miguel Trillo, como Celia y May en la sala Rock-Ola de Madrid y en las doce de Alberto García-Alix en Tres hembras, dos perspectivas que captaron los aires de cambio de ese período.

Además hubo una decidida innovación plástica, que posibilitó numerosas interpretaciones que enriquecieron la mirada de los amantes del arte y de otros menos especializados, desde el camino abstracto de Elena Assins en Estructuras KV 43; el mundo gestual de Luis Gordillo en la segunda Serie Roja; el Martes de Juan Uslé y El Zurdo de Miguel Ángel Campano; la nueva figuración de Patricia Gadea, Menchu Lamas o Miquel Barceló en su serie de representaciones de animales; el neoexpresionismo y simbolismo de Antón Lamazares y José María Sicilia;  el feminismo íntimo de Elena del Rivero, la singularidad de Jon Mikel Euba y los delicados dibujos de la década de los 70 y 80 de Elena Asins en la Biblioteca de metal que había construido su abuelo en el Senado.

En el terreno escultórico el arquetipo humanoide de Francisco Leiro o de Victoria Civera, la geometría de María Luisa Fernández, que se exhibe en el Salón de los Pasos Perdidos, sin olvidar el simbólico vídeo y en la escultura de Elena Assins, Antígona, una obra inacabada porque estaba trabajando en ella cuando le sorprendió la muerte. En él plantea el mito griego de la heroína de Sófocles y la rebeldía de Antígona contra cualquier forma de convención de los poderes de su tiempo y de cualquier tiempo. Una ocasión inmejorable para ver cómo el arte está en el centro de nuestra soberanía nacional. Julián H. Miranda

Del 1 de diciembre al 2 de marzo de 2019

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