El arte asiático sorprende en Lempertz
La casa de subastas alemana ha celebrado una venta dedicada en exclusiva a lotes procedentes de Japón, China, Vietnam, Tíbet, India, Pakistán e Irán donde tres piezas han superado con creces sus estimaciones: una ilustración punyabí de Krishna y Balarama, una vasija ritual de bronce de la dinastía Zhou Occidental y dos cuencos de porcelana de la dinastía Qing.
Hace algunos años que, de manera recurrente, piezas procedentes de centros de creación ajenos a occidente –pero subastadas en Europa y Estados Unidos– protagonizan guerras de pujas encarnizadas. Y aunque es cierto que en el pasado la explicación para estos desequilibrios pudo ser la falta de estudio y conocimiento, la híper-conexión actual facilita el aprender de los errores (propios y ajenos).
Por eso, los vendedores se han vuelto más astutos. A esto se suma, sobre todo, que esos lugares que en otro momento consideramos periféricos, lo han dejado de ser. Sus crecientes clases medias y altas han reclamado la importancia de su herencia material, llevando a sus mercados locales incluso a desbancar lo que una visión eurocéntrica considera las “verdaderas” obras maestras.
Así ocurre, por ejemplo, en el mercado del arte de China, en el que los intentos por crear un gusto por la pintura occidental no han acabado de cuajar (con la salvedad de un moderado interés por los impresionistas). Sus récords, que compiten en valor con los nuestros, son de artistas –o escuelas, ya que la autoría no es un concepto de importancia universal– de los que el europeo medio no ha oído hablar nunca.
Una situación que los mejores coleccionistas asiáticos saben aprovechar, incluso cuando ya contamos con casas de subastas que cubren con rigor estos campos. Las actuales guerras de pujas por obras bien estudiadas deberían, necesariamente, tener unos motivos similares a cuando ocurren con piezas europeas.
Por eso no parece que haya una gran incógnita que resolver en el caso de la subasta más reciente de Lempertz dedicada a arte asiático (más allá del enorme interés individual de cada pujador). Si bien es cierto que tres lotes del total de 335 adjudicados superaron con creces sus estimaciones –llegando uno de ellos a casi cuadriplicar la inferior–, también lo es que eran piezas estudiadas y expertizadas.
La que ha tenido un remate superior ha sido una vasija ritual de bronce, de tipo ding y de la dinastía Zhou Occidental (lo que indica una cronología del 1046 al 771 a. C., aunque la casa también apunta que debido a sus características formales podría tratarse de una obra de transición desde el anterior periodo Anyang, de la segunda mitad del siglo XIII a.C. a mediados del siglo XI a.C.).
También se baraja la posibilidad de que tuviese una procedencia imperial, formando parte de la colección del emperador Qianlong (1736-1795). Posteriormente, en 1907, fue adquirido por el Dr. Ernst Arthur Voretzsch, diplomático destinado en Hong Kong y dueño de una de las colecciones más célebres de piezas chinas en Alemania. La vasija, que se ofrecía con unas estimaciones entre 15.000 y 20.000 euros se catapultó hasta los 571.500 euros.
El siguiente lote de mayor valor es la pareja de cuencos “murciélago”, fechados en el siglo XIX, es decir, durante la dinastía Qing (1644-1912). Se trata de dos piezas raras debido a su buen estado y que se conserven ambas. Su perfil y, sobre todo, que fuesen cocidas en el kiln imperial podrían explicar la euforia que llevó las pujas de los 4.000-6.000 euros estimados hasta los 381.000 euros del remate.
Si hay algún otro detalle que pueda arrojar luz sobre estas subidas, es improbable que lleguemos a conocerlo, ya que los dos lotes han sido adquiridos por compradores chinos.
La última de las piezas que sobresalieron en la cita, fue una pintura sobre papel creada en las colinas de Punjab, en la frontera entre India y Pakistán, con el tema Krishna y Balarama recibiendo un masaje durante un descanso por la tarde, fechado hacia finales del siglo XVIII. Se ofreció junto con otros diez lotes de características similares, algunos de ellos formando parte de la misma serie, el Bhagavata Purana. El que nos ocupa se ofreció con estimaciones entre los 6.000 y 8.000 euros y se remató por 254.000 euros.
Todo esto podría apuntar a un fallo de cálculo en lo que se refiere a la deseabilidad de estas piezas entre el público. Algo que en ocasiones se puede ajustar más y, en otras, es imposible de predecir. Aparte de esto, se trata del funcionamiento habitual del mercado, un business as usual que debería contribuir a despejar las dudas acerca del genuino interés por obras que van mucho más allá de nuestras fronteras.



