El alma de Estados Unidos, a través de la lente de Walker Evans

El alma de Estados Unidos, a través de la lente de Walker Evans

17 años después de inaugurar su programación de fotografía con Walker Evans, Fundación Mapfre regresa al autor con una muestra en el KBr de Barcelona focalizada en sus instantáneas de la señalética urbana, sus experimentos con Polaroid y su obra en color, más desconocida para el público.

Son los años de la Gran Depresión. Estados Unidos, bajo el mandato del presidente Roosevelt, avanza hacia el sueño americano impulsado por los planes del New Deal. En ese contexto, se pone en marcha el proyecto fotográfico más grande patrocinado por el gobierno federal, con la intención de documentar las transformaciones sociales derivadas de la crisis.

Siguiendo las órdenes de la Administración de Seguridad Agrícola (FSA por sus siglas en inglés), fotógrafos como Arthur Rothstein, Dorothea Lange o Walker Evans ofrecieron una imagen auténtica y precisa de un país que, como dijo este último, “decae como todo lo demás: espectacular y rápidamente”.

Pues a Evans, precisamente, le dedica el Centro de Fotografía KBr Fundación Mapfre su última exposición, que reúne 231 obras organizadas temáticamente a través de 12 secciones. Una amplia revisión de su corpus fotográfico –acompañado de libros y publicaciones–, que muestra desde sus autorretratos en la década de 1920 hasta sus experimentos con Polaroid en la de 1970.

Walker Evans. 'West Virginia Living Room' [Sala de estar en Virginia Occidental] (1935). Copia de plata en gelatina. Colección particular, San Francisco.
Walker Evans. 'Gypsy Shopfront, 1562 Third Avenue' [Escaparate de pitonisa, Third Avenue, n.º 1562] (1962). Copia de época de plata en gelatina. Colección particular, San Francisco.
Walker Evans. 'Subway Passengers, New York' [Pasajeras del metro, Nueva York] (1938). Copia de época de plata en gelatina. Colección particular, San Francisco.

Comisariada por David Campany, director creativo del International Center of Photography de Nueva York, Walker Evans. Now and Then se aproxima al alma de los Estados Unidos curiosamente alejándose de los excesos y la superficialidad que caracteriza a la cultura popular norteamericana.

El fotógrafo comprendió muy pronto que la identidad del país también se encontraba en los rótulos comerciales, letreros autóctonos pintados a mano, señalética urbana, vallas publicitarias, carteles o escaparates de tiendas. De hecho, consideraba que estos signos eran un reflejo de la sociedad y de sus valores.

En este sentido, la muestra incorpora varias instantáneas que cuestionan el papel de la fotografía como arte, documento y herramienta comercial. Tres cuestiones que se difuminan en Torn Movie Poster [Cartel de película roto] (1931), Penny Picture Display [Exposición de retratos de un centavo] (1936) o Gypsy Shopfront [Escaparate de pitonisa] (1962).

A lo largo de su extensa carrera, que abarca más de 50 años, Evans tomó de manera furtiva numerosas imágenes callejeras, siendo Subway Passangers [Pasajeras de metro] (1938) o Corner of State and Randolph Streets [Esquina de las calles State y Randolph] (1946) representativas de ello. También realizó estudios meticulosos de arquitectura, como evidencia Breakfast Room [Sala de desayuno] (1935).

Walker Evans. 'Penny Picture Display, Savannah, Georgia' [Exposición de retratos de un centavo, Savannah, Georgia] (1936). Copia de época de plata en gelatina. Colección particular, San Francisco.
Walker Evans. 'Corner of State and Randolph Streets, Chicago' [Esquina de las calles State y Randolph, Chicago] (1946). Copia de época de plata en gelatina. Colección particular, San Francisco.
Walker Evans. 'Alabama Tenant Farmer Wife (Allie Mae Burroughs, Hale County, Alabama)' [Mujer de un arrendatario agrícola de Alabama (Allie Mae Burroughs, condado de Hale, Alabama)] (1936). Copia de época de plata en gelatina. Colección particular, San Francisco.

No obstante, sus imágenes más conocidas continúan siendo las que capturó en el verano de 1936 sobre familias de arrendatarios en el sur de Estados Unidos. El comisario manifiesta que son instantáneas “ajenas a cualquier anécdota, realizadas desde una visión estoica e incluso inescrutable, asociativa, pero antinarrativa”. Sin duda, el retrato de Allie Mae Burroughs se erige como emblema de este apartado de la exhibición en el KBr de Barcelona.

Al final de su vida exploró las posibilidades que ofrecía la cámara Polaroid. En muchas de estas fotografías, sacadas durante la década de 1970, se pueden ver coches y camiones oxidándose en los campos, colmados de chatarra. Aunque Evans dependía del automóvil para sus trabajos fuera de Nueva York, no dudó en documentar el impacto social de estos vehículos, como también puede verse en su fotoensayo The Auto Junkyard [El desguace] (1962).

Hay en él una exaltación de lo popular y lo autóctono frente a la serialización de las grandes industrias, que percibimos en las fotografías presentes en la muestra de estaciones y trenes de pequeñas localidades, tiendas de comestibles o gasolineras de toda la vida, así como de objetos típicos (alicates, mecedoras o bocas de incendio).

Por todo ello, Walker Evans está considerado uno de los grandes cronistas visuales de los Estados Unidos del siglo XX. Y ahora los visitantes tienen la oportunidad de ver –hasta el 24 de mayo– en la sala que Fundación Mapfre tiene en Barcelona una revisión de su obra, que combina su faceta documental y artística. Nerea Méndez Pérez