Diez eclipses inmortalizados por el arte (alguno falso)

Diez eclipses inmortalizados por el arte (alguno falso)

 A escasas horas de que tenga lugar el evento astronómico del año, aprovechamos para recordar otras ocasiones en las que la luna se interpuso entre la Tierra y el sol que fueron captados por artistas de todas las épocas: Edad de Bronce, mayas, Ippolito Caffi, José de Ribera, Howard Russell y Dalí, entre ellos. Pero ojo, alguno se lo inventó.

Disco celeste de Nebra. Hacia 1800-1600 a.C. Landesmuseum für Vorgeschichte, Halle (Alemania).
Disco celeste de Nebra. Hacia 1800-1600 a.C. Landesmuseum für Vorgeschichte, Halle (Alemania).

Dijo Nostradamus que este del 12 de agosto será el primero de cinco eclipses que asolarán de catástrofes la Península en el próximo lustro, quizá porque se espera que tenga las mismas características y desarrollo que el ocurrido en el 666 d.C cargado de connotaciones apocalípticas. Este anuncio, que bien podría mirarse desde una perspectiva alarmista, también podríamos encararlo desde otra realidad: si hoy no podemos disfrutar del evento, tendremos otras cuatro oportunidades de hacerlo en años sucesivos.

Lo que no se puede negar es que el fenómeno del ocultamiento del sol por parte de la luna es algo que ha generado mucha expectación, casi tanto como misterio, curiosidad y locura colectiva. No solo en pleno siglo XXI, donde tenemos todas las herramientas a nuestro alcance para erradicar teorías conspirativas –aunque las redes no ayuden–, sino también a lo largo de la historia.

¿Por qué la luna querría ocultar nuestra única estrella del sistema solar? ¿Y qué explicación se puede dar a ese sobrecoger momento en el que, paulatinamente y en pleno día, el sol se va apagando sin remedio? Esa es la pregunta que se han hecho decenas de culturas antiguas antes de que Galileo inventase el telescopio. Un temor a lo desconocido que ha generado leyendas e historias míticas como la de los aztecas, que consideran que la culpa la tiene el dios jaguar Tepeyollotl, que mordía al Sol y amenazaba con tragárselo. O la de la tradición hindú, que relaciona este fenómeno con un demonio llamado Rahu que trató de robar el elixir de la vida, pero fue descubierto por el Sol y la Luna, razón por la cual le cortaron la cabeza y ahora vaga en busca de venganza.

1.UN ECLIPSE FAKE. Semejantes tintes apocalípticos aparecen también en la Biblia, cuando se habla del momento de la muerte de Cristo: “El sol se oscureció, la luna dejó de dar luz y las estrellas cayeron”. Algo que muchos interpretaron como un eclipse total de sol (y aquí empieza nuestro decálogo). Esta creencia ha llenado decenas de Crucifixiones de soles apagados y lunas amenazantes, como vemos en el Tríptico de Taddeo Gaddi conservado en la Hispanic Society, cuya tabla derecha incluye al sol y la luna. No contento con ello, el artista italiano del Trecento pintó una sombra oscura en el extremo superior de la escena, que está a punto de devorarlo todo.

La realidad es que ese supuesto eclipse del año 33 d.C. no pudo producirse, pues acababa de celebrarse la Pascua judía, que coincide con la luna llena (y los eclipses solo ocurren en fase de luna nueva). Sin embargo, Gaddi no mintió al representar aquel fenómeno, pues vivió uno en persona en 1330, tan de cerca, que le dejó secuelas y a punto estuvo dejarle ciego.

Taddeo Gaddi. Virgen y el Niño entronizado con santos. Hacia 1330-1334. Temple sobre tabla. Hispanic Society, Nueva York.
Anónimo valenciano. La Crucifixión. Hacia 1450-1460. Óleo sobre tabla. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid.

2 y 3. DOS INTERPRETACIONES ESPAÑOLAS MUY DISPARES. Como él, decenas de artistas sucumbieron al furor astronómico y representaron en sus escenas religiosas, con más o menos fortuna, el supuesto eclipse. La tabla de un pintor anónimo valenciano del siglo XV del Museo Thyssen, por ejemplo, muestra un sol oscurecido por tonos plateados un tanto extraño que delata el escaso conocimiento en este tipo de fenómenos del autor.

Algo más convincente resulta el que mostró José de Ribera en el Cristo crucificado conservado hoy en el Museo de Arte Sacro de Vitoria. Aquí sí se aprecia perfectamente cómo la luna ha tapado casi por completo al sol, que todavía irradia desde atrás algo de luz. Y si en el caso de la tabla madrileña ese objeto volador circular podría interpretarse de muchas formas, la más serena representación del Spagnoleto con un fondo prácticamente neutro salvo los dos discos, no deja lugar a dudas.

José de Ribera. Cristo crucificado. 1643. Óleo sobre lienzo. Museo Diocesano de Arte Sacro, Victoria-Gasteiz.

4. EL ‘SOL ROTO’ DE LOS MAYAS. Dicen que una de las representaciones más antiguas de los astros la encontramos en el Disco celeste de Nebra, una placa de bronce de más de 3.600 años que fue encontrada en Alemania; pero en ella nadie eclipsa a nadie. Donde sí se representa una nueva dominación de la luna sobre el sol –por así decirlo– es en la Pirámide de las serpientes de Xochicalco de época maya.

Sus habitantes debieron de quedar boquiabiertos aquel 664 cuando, al alzar la vista al cielo, vieron cómo el día se teñía de sombras (o tal vez no, porque fueron de las primeras civilizaciones en predecir este tipo de fenómenos). Aquel evento quedó inmortalizado en la superficie de la pirámide a través de glifos cuyo significado era “sol roto” o partido.

Pirámide de las Serpientes de Xochicalco, cultura maya.
Una de las láminas del "Libro de los Milagros de Augsburgo". Hacia 1550-1552. Colección particular.

5. UN ECLIPSE Y UNA PLAGA. Avanzando en el tiempo, nos topamos con una obra capaz de reunir dos fenómenos naturales ocurridos realmente, aunque no de forma simultánea. Se trata del Libro de los Milagros de Augsburgo, un manuscrito iluminado del siglo XVI donde el autor hace una versión libre del eclipse de 1483, que hace coincidir con una plaga de langosta sufrida ese mismo año en Italia.

6. LA LINTERNA DE IPPOLITO CAFFI. Este artista italiano ilustra el Eclipse de Sol en Venecia de 1842 con dos ambientes muy distintos en la escena: nocturna en su parte izquierda y diurna en el puerto. Una locura pictórica que convierte al sol en una especie de foco intermitente de luz y demuestra lo difícil que es captar esos momentos en toda su magnitud.

Ippolito Caffi. Eclipse de Sol en Venecia. 1842. Óleo sobre lienzo. Colección particular.

7. EL CAZADOR DE ECLIPSES. Precisamente ese interés por representar el ocaso repentino en pleno día fue lo que llevó al científico Howard Russell Butler a dedicarse en cuerpo y alma a la pintura de esos fenómenos.

Este cazador de eclipses asistió a su primer gran evento en 1918, que apenas duró unos segundos. Los apuntes, tomados entonces con precisión taquigráfica, le sirvieron para elaborar una serie de pinturas, ahora conservadas en el Museo de la Universidad de Princeton. Y volvería a captar con todo lujo de detalles otros tres más que tuvo la fortuna de ver: en 1923, 1925 y 1932.

Howard Russell Butler. Eclipse solar. 1918-1925. Óleo sobre lienzo. Princeton University Art Museum.
Marianne Von Werefkin. El eclipse solar. Hacia 1910. Óleo sobre lienzo. Colección patirtular.

8-9. LAS VERSIONES MÁS LIBRES. Los colores chillones del expresionismo ruso quizá puedan confundirnos, pero no los títulos de algunas obras de Marianne von Werefkin, que en 1910 pintó El eclipse solar donde el astro, de color amarillo, parece explotar frente al círculo plateado del centro (la luna).

También George Grosz quiso representar al sol medio oculto, lo mismo que Dalí; solo que en su caso, el icónico momento astronómico lo acompañó de una buena dosis de surrealismo y, ya puestos, una “ósmosis vegetal”.

Salvador Dalí. Eclipse y ósmosis vegetal. 1934. Óleo sobre lienzo. © Fundació Gala-Salvador Dalí - 2026.

10. EL REY SOL ECLIPSADO, LITERALMENTE. El último ejemplo de la lista merece también un hueco, no solo por recordar aquel fenómeno natural ocurrido el 12 de mayo de 1706, sino por la ocurrencia de relacionarlo con otro acontecimiento coetáneo vinculado al rey Luis XIV: su derrota durante el sitio de Barcelona. Aquella coincidencia fue la excusa perfecta para que los responsables del almanaque de ese año jugaran con ambos “eclipses” en una imagen cargada de ironía.

Tras este repaso artístico por una decena de eclipses totales de sol, solo queda disfrutar en vivo y en directo del espectáculo de esta tarde, que no se veía en la Península desde hace 114 años. Pero si se pierden el ‘evento cósmico del siglo’, como dicen algunos, no se preocupen. Apunten en la agenda el 2 de agosto del año que viene, porque tendrán una segunda oportunidad de verlo. Sol G. Moreno

Calendario real de 1706 que indica el curso del sol (y muestra el Rey Sol en el centro).