De retratadas a fotógrafas: cuando ellas se pusieron tras la cámara

De retratadas a fotógrafas: cuando ellas se pusieron tras la cámara

En el siglo XIX la mujer era, tradicionalmente, modelo de pintores, escultores y fotógrafos. La nueva exposición en el Museo del Romanticismo centra el foco en ellas como creadoras, mostrando más de 150 imágenes que reflejan su participación en la incipiente disciplina como algo más que simples ‘posadoras’.

Estudio de Moliné y Albareda. Una mujer. Hacia 1860. Colección Jordi Barón Rubí.

Retratadas pero además retratistas. Esa es la idea que quiere mostrar Stéphany Onfray en la exposición que comisaría en el Museo del Romanticismo. Porque las mujeres no solo posaron frente a la cámara, sino que también se colocaron detrás de ella; como las decenas de autores decimonónicos que han pasado a la historia: Manuel Moliné y Albareda, Pedro Martínez de Hebert o Antonio Fernández Soriano (que instaló en Barcelona el estudio Fernando y Anaïs Napoleón junto a su mujer, Anne Tiffón Cassant).

Hablamos de autoras como Alejandrina Alba, Antonia Santos o Leonor Ortiz, que tuvieron sus propios gabinetes fotográficos e incluso sello propio. Otras anónimas trabajaron en tareas de apoyo de revelado de placas, retocando, o bien como ayudantes de iluminación. El caso es que también estuvieron ahí, participando de manera activa en el desarrollo de la fotografía.

Retratadas revisa precisamente ese papel secundario otorgado a las mujeres en esta disciplina, al reunir 152 imágenes o piezas relacionadas con la fotografía española del siglo XIX que muestran no solo las cartes de visite con las que la sociedad coleccionaba momentos propios o ajenos, sino algunas creaciones femeninas hasta ahora casi desconocidas, como el Álbum de Emilia Pullés.

La selección expuesta abarca desde 1850 hasta 1870 y se compone de préstamos procedentes tanto de colecciones privadas como de instituciones públicas. En ella encontramos daguerreotipos, ambrotipos –fotografía en positivo que utiliza el colodión húmedo–, grabados, carnés de baile y hasta una pintura: Condesa viuda de Parcent con un broche que contiene la efigie de su marido difunto venida del Museo Bellas Artes de Valencia.

Madres con sus hijas, aristócratas disfrazadas o vestidas a la moda de las revistas europeas, trajes regionales, álbumes de familia y hasta cajitas con el retrato de su dueña analizan la relación de las mujeres con la entonces incipiente nueva técnica, ya fuese como sujetos o bien como creadoras e incluso coleccionistas.

Destacan algunos retratos como el de Isabel II disfrazada de reina Esther inspirado en un figurín de Madrazo, o esas efigies post mortem llenos de carga emocional que recuerdan a los bebés perdidos. También el grabado de dos fotógrafas inmortalizando el Patio de los Leones de la Alhambra, prueba de que ellas salían igualmente a la calle con la cámara al hombro.

El recorrido se adentra también en los gabinetes fotográficos de la época y sus cuarto-tocador, espacios donde las retratadas se cambiaban de vestido, se maquillaban y escogían las poses con las que querían inmortalizarse. Asimismo, ilustra cómo la fotografía se convirtió en herramienta de emancipación femenina, al mostrar algunas de sus actividades laborales o cotidianas. De ahí las imágenes de mujeres músicas, pintoras, sombrereras o amas de cría.

Retratadas. Estudios de mujeres puede verse en el Museo del Romanticismo hasta el 25 de enero de 2026. Sol G. Moreno

Autoría desconocida. Figurín de moda con un visor de tarjetas estereoscópicas. 1866. Colección Stéphany Onfray.
Estudio de Moliné y Albareda. Una mujer. Hacia 1860. Colección Jordi Barón Rubí.
Salvador Martínez Cubells. Peregrina Cortés y Valero, condesa viuda de Parcent. 1874. Real Academia de Bellas Artes de San Carlos. Museo de Bellas Artes de Valencia.