Cruz Novillo: razón al servicio de la poética
La exposición, de entrada gratuita, se podrá visitar en la planta baja de Centro Centro (Plaza de Cibeles, 1), de martes a domingo,
de 10:00 a 20:00h, hasta el 24 de enero de 2027.
El diseñador y artista conceptual, José María Cruz Novillo (Cuenca, 1936 – Madrid, 2026) desarrolló su amplia producción por ciclos. Alrededor de una idea, una imagen o una forma, desarrollaba y recogía sus distintas variantes y combinaciones. Esos juegos de formas, colores e imágenes eran sus creaciones, perfectamente ordenadas, siguiendo una lógica matemática. Pasados los años, introdujo en ellas la cuarta dimensión, el tiempo, por medio de la música. Su obra artística, recogida en su exposición en CentroCentro del Ayuntamiento (ver), en el fondo trata de la hiperdimensionalidad.
Sin embargo, para muchos, Cruz Novillo fue durante años un artista dedicado al diseño. Alguien que, por la creatividad y el rigor en su trabajo, fue especialmente buscado y reconocido por las grandes empresas e instituciones. Jugando, combinando formas simples, supo elegir la mejor de las distintas posibilidades como imagen de marca, que es la que pervive en nuestra memoria sin grandes esfuerzos. Correos, RENFE, COPE, El Mundo, Repsol, la bandera y el escudo de la Comunidad de Madrid o el puño y la rosa del PSOE son sólo algunos de los diseños recogidos en la última sala; no en vano, el documental que le dedicó Imprescindibles, se tituló El hombre que diseñó España (ver aquí).
Mientras el diseñador lanza la flecha para dar en la diana -y recibe una importante suma de dinero por su diseño de un logo, una marca o lo que sea-, el artista lanza la flecha y dibuja la diana. Las obras que aquí se exponen son dardos, ideas que funcionan en situaciones diversas y que tienen como referencia a Max Bill, Vasarely y Munari.
La primera sala acoge sus primeros trabajos. Aparece ya la combinación de cuatro elementos, imágenes o rayas. Tras mostrar la imagen completa, la canónica, dividida ya en cuatro, se exponen diversas combinaciones al sencillo modo de las matemáticas: 3, 1, 2, 1; o 4, 2, 4, 4. Son los prolegómenos, el inicio del método.
Muchos artistas piensan dibujando; lo hemos visto recientemente en la muestra de Teixidor en la cercana sala Alcalá 31, por citar sólo un ejemplo. En el papel, a partir de una idea, el artista explora combinaciones de formas y de colores; a veces selecciona las mejores, las que mejor funcionan, para trasladarlas al lienzo o a la tabla, para terminar desarrollándola tal vez en tres dimensiones, en una escultura del material que sea.
Es lo que sucede en la segunda sala, que recoge su trabajo para la Bienal Internacional de Sao Paulo de 1977, un paso más allá del presentado cinco años antes en la galería Skira de Madrid con su ciclo titulado Estructuras manipulables. En Sao Paulo, en contacto con el arte concreto, aparece desarrollado su trabajo en distintas dimensiones: papel primero (bocetos, estudios simplificados de posibilidades sin color pero con anotaciones); pintura segundo; y escultura, con acoplamientos, por último. Por participar de una serie donde no se producen todas las posibilidades, cada pieza es parecida, pero obra única, diferente, variación de la anterior. Cruz Novillo jamás necesitó hacer múltiples, le bastaba con su lógica y su juego matemáticos.
Ese afán exploratorio, de aprecio por las distintas combinaciones sin repetirse nunca, con honestidad, hizo de él un artista juguetón. Que además, buscaba implicar al espectador para que explorara y eligiera, como queda claro en las piezas expuestas en las últimas salas. Cada implicación y actuación, cada movimiento que hacía el espectador -ya fuera en alguno de los planos de la obra en cuestión o de los bloques que conformaban una escultura-, producía una de las muchas posibilidades, variaciones y combinaciones perfectamente legítimas. Otra veces, en cambio, Cruz Novillo presentaba todas las posibles combinaciones de esa idea (varios ejemplos en sucesivas salas).
En 2005 el Instituto Nacional de Estadística, INE, le encargó una pieza para la fachada de su edificio en el Paseo de la Castellana. Siendo los números la base del trabajo de los empleados del Instituto, Cruz Novillo pensó que la mejor imagen sería una obra que empleara 58 datos estadísticos de 2005, los que los trabajadores pensaran que reflejaban lo mejor posible ese año, por ejemplo, el dato 50 son las viviendas familiares que había en España: 20.946.554. Y como cada número tenía un color y una nota musical asignados (añadió el Mib, Solb y Sib para tener diez elementos), la composición final de la fachada recrea los 58 números de esos datos (el gris enunciaba el número del dato), traducidos a color en cristales (aunque las notas nunca sonaron, aquí sí las podemos escuchar). Obra aparentemente abstracta, en el fondo se trata de un retrato hiperrealista de la España de 2005. Fue su Diafragma Decafónico de dígitos.
En sus últimos años, consiguió afilar más la dimensión del tiempo. Amigo de Tomás Marco, Luis de Pablo y demás compositores conceptuales del momento, la música introducida hacía que cada segundo fuera diferente, además de una posibilidad más de combinación.
Y su propuesta dodecafónica, homenaje a Schönberg, se llamó Diafragma dodecafónico Opus 14. Creada para ARCO 2010 con un algoritmo -cuando nadie lo hacía-, y con el corno inglés interpretando música dodecafónica, recoge todas las permutaciones con repetición posibles de 12 colores, 12 sonidos y 12 fragmentos de tiempo, sumando casi 9 billones de combinaciones únicas, con una duración total de 3.390.410 años, 31 días, 11 horas, 31 minutos y 12 segundos. Lo que significa que la obra terminará el 12 de enero del año 3.394.743, al término de la cual ‘se servirá un cóctel’, anunció Cruz Novillo, guasón y dadaísta.
Cruz Novillo falleció el pasado 1 de mayo 2026 a las 06:53 horas. Ese momento exacto es el que aparece recogido de su obra Opus 14 en el panel de la entrada: 42.600.569. Su sed de eternidad quedó saciada. Había alargado, casi hasta el infinito, todas las posibilidades. La biblioteca infinita borgiana se había hecho realidad en una obra única, con millones de posibilidades. La razón al servicio de la poética. Daniel Díaz @Invertirenarte



