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La influencia de los Códices de Leonardo en la corte de los Austrias


La consejera de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid, Marta Rivera de la Cruz, junto al director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Tomás Marco, inauguró ayer una innovadora exposición El ingenio al servicio del poder. Los códices de Leonardo da Vinci en la corte de los Austrias, que propone un viaje apasionante por los ingenios y la tecnología de los siglos XVI y XVII, con más de 80 obras, entre ellas muchas de las obras inspiradas por los dos Códices de Leonardo da Vinci (1452-1519), así como otras  de Juan de Herrera, Pompeo Leoni, Jacopo da Trezzo o Juanelo Turriano, entre otros.


La figura de Leonardo Da Vinci ha crecido con el paso del tiempo porque no solo cultivó la pintura y el dibujo, sino que se adentró en numerosas disciplinas científicas y tecnológicas lo que subraya su interés por casi todo y sus dotes de buen observador, como dejó patente en los hallazgos e inventos que plasmó en las miles de páginas de sus cuadernos y códices. Muchos de esos se conservaron y hoy están presentes en colecciones como las de la Biblioteca del castillo de Windsor o la Biblioteca Nacional de España, cuyos dos códices pudieron verse en una exposición organizada hace dos años en dicha sede.

La Comunidad de Madrid acaba de presentar en las salas temporales de la Real Academia de Bellas Artes El ingenio al servicio del poder. Los códices de Leonardo da Vinci en la corte de los Austrias, que ha sido coorganizada además con Patrimonio Nacional y la Biblioteca Nacional de España. En esa muestra, que permanecerá abierta hasta el 16 de mayo, se pone de manifiesto la importancia que la ciencia y la transmisión del conocimiento tuvieron en la España de los Austrias y realza la importancia de Madrid como foco fundamental del saber de ese período histórico.

Un equipo de nueve especialistas, coordinado por Magoga Piñas, e integrado  por Daniel Crespo, Mariano Esteban, Nicolás García, Carlos Jiménez, Almudena Pérez de Tudela, Elisa Ruiz y Almudena Palancar Barroso, ha comisariado esta muestra para abordar las diferentes aristas de una época fascinante representada por una selección de pinturas, esculturas, instrumentos científicos y técnicos, manuscritos, libros, planos y grabados, entre otros formatos.

Las más de 80 obras elegidas proceden de un total de 23 instituciones nacionales (Biblioteca Nacional de España, Museo del Prado, Museo Arqueológico Nacional, Patrimonio Nacional, Archivo General de Simancas, Archivo Histórico de Protocolos de Madrid, Academia de San Fernando), internacionales (Biblioteca de la Universidad de Turín) y de colecciones particulares. En la muestra se indaga en cómo fue posible que estuvieran en España, entre los siglos XVI y XVII, la mayor parte de los manuscritos que había escrito Leonardo da Vinci, lo que revela la influencia de esos dos códices del genio toscano no expuestos en la Academia de San Fernando, y la importancia que la corte española concedió a la ciencia y la tecnología en la época. Además se presenta  un proyecto audiovisual, que combina animación 3D, videomapping y teatros virtuales para mostrar funcionando los ingenios, máquinas y proyectos de ingeniería de ese período.

La sede de la corte de los Austrias fue el centro del conocimiento científico y técnico, ya que atrajo durante los siglos XVI y XVII a los mejores artistas y técnicos porque les permitía desarrollar ambiciosos proyectos de arquitectura hidráulica o ingeniería civil. Y la llegada de los tratados sobre esas materias como esos manuscritos escritos por Leonardo o los dos Códices de Madrid, uno de los tesoros de la Biblioteca Nacional de España, sino muchos otros que hoy están repartidos en los grandes museos del mundo.

Con esa influencia como núcleo central se han reunido una serie de piezas que ilustran de la importancia que tuvo la ciencia en una ciudad como Madrid, lugar que atraía talento e irradiaba la cultura y el conocimiento científico del saber del Renacimiento, ejes decisivos para defender y ampliar los territorios de la Corona española.

Un ejemplo relevante fue el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, un espacio en el que se aunó ciencia, tecnología y arte, gracias a la labor de tres personajes fundamentales y a la conexión entre Madrid y Milán: Juan de Herrera, Pompeo Leoni y Jacopo da Trezzo.

No conviene olvidar la dimensión de un ingeniero como de Juanelo Turriano y de otros artistas e ingenieros españoles, como Jerónimo de Ayanz, Pedro Juan de Lastanosa y Francisco Lobato, cuyas obras y trayectorias tienen mucho que ver con las que anticipó Leonardo da Vinci. Quizá algunos de ellos conocieran los escritos del creador italiano de primera mano, impulsando la originalidad y siendo precursores de inventos posteriores.

El recorrido culmina con el mundo singular de Juan de Espina Velasco, en cuyo gabinete de las maravillas se exponían los dos Códices de Madrid. La influencia del pintor de La última cena puede observarse en algunas de las obras expuestas en la última sala.

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