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Charles Ray, el cuerpo humano y el espacio en el Palacio de Cristal


El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía vuelve a organizar en el Palacio de Cristal de Madrid una exposición singular: Cuatro moldes, del escultor norteamericano Charles Ray, nacido en Chicago en 1953. Coordinada por Soledad Liaño la muestra, que permanecerá abierta hasta el 8 de septiembre, reúne cuatro esculturas figurativas del creador estadounidense que ha desarrollado una interacción entre el cuerpo humano y el espacio que acoge sus piezas, en este caso con obras desde 2012 a 2018. De este modo continúa exhibiendo en este espacio a creadores tan interesantes como Rosa Barba y Jaume Plensa, en ese diálogo con las estructuras metálicas del Palacio en el Parque del Retiro y la luz que atraviesa sus cristales, confiriendo una nueva lectura de estas formas escultóricas.

Charles Ray está considerado uno de los escultores más influyentes de la actualidad. Sus piezas han estado presentes en la Documenta IX (1992), en dos Bienales de Venecia y en otras en Sidney, Lyon o en la del Whitney. Grandes museos norteamericanos como el Art Institute of Chicago, el citado Whitney de Nueva York y el MOCA de Los Ángeles- ciudad en la que vive y trabaja actualmente-,  o suizos como el Kunstmuseum de Basilea han expuesto sus obras. A lo largo de su dilatada trayectoria siempre le ha interesado explorar las múltiples lecturas de una obra, en función del encuadre que escoja el espectador de sus esculturas, que apelan a la mirada y al tacto. Todos esos ángulos permiten ir creando intepretaciones abiertas porque como afirma Ray, «el sentido de la obra aflora cuando se entrelaza con la forma en la que la vemos».

En la presentación de su primera exposición en España, Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, subrayó que la propuesta escultórica de Charles Ray para el Palacio de Cristal está relacionada con tres ejes: una ubicación especial, el cuerpo humano y la sintaxis de las propias esculturas, muy influidas por la estatuaria clásica, y añadió parafraseando a Charles Baudelaire que las formas escultóricas de Ray tienen «la tensión entre lo efímero, lo cotidiano y lo permanente, lo abstracto».

Por su parte Charles Ray, que lucía un gorro negro de lana durante todo el acto, dijo emocionado que cuando viene a Madrid le gusta disfrutar con su familia de las obras del Prado y del Reina Sofía y compartió con los medios que esta vez valoró mejor la obra de Richard Eastes del Museo Thyssen-Bornemisza y desea que el público madrileño disfrute de su obra como él lo ha hecho con Eastes. Y además resalto que existe un atracción muy fuerte entre la abstracción y la figuración y llego a mencionar a uno de sus artistas favoritos, Anthony Caro cuando expresó que «el suelo se convierte en un elemento escultórico más».

En esta ocasión en Madrid, Charles Ray se inspira en el imaginario de la escultura grecolatina, tanto en su aspecto formal como material. Le interesan especialmente los antiguos kuros griegos, antiguas estatuas de hombres jóvenes desnudos, en los que llama la atención ese armónico equilibrio entre el naturalismo y el idealismo como canon de belleza, que se traduce en una sensación de inmediatez que desprende viveza. Cronológicamente la muestra, nada más acceder al Palacio de Cristal, se inicia con una escultura de 2012, Atarse los zapatos, en la que usa fibra de vidrio pintada para dar forma a un joven desnudo encorvado que parece estar atándose los zapatos pero al acercarnos no hay rastro de los cordones ni tampoco de un zapato imaginario, en una ilusión gestual que evoca el modelo de El Espinario helenístico. El propio Charles Ray se detuvo durante la visita ante esa escultura y dijo que habitualmente camina por un monte  y que la postura del joven está relacionada con la proliferación de pumas cerca de su casa en California.

De 2014 se muestran dos esculturas de notable factura. La primera, titulada Juego escolar, que representa a un adolescente con una espada de juguete, togado con una camiseta y una sábana,  calzado con unas sandalias playeras y donde Ray renueva el referente griego de Triptolemos, un semidiós de la mitología que aprendió las artes de la agricultura. Y la segunda Caballo y jinete, es un autorretrato del artista a lomos de un caballo como si fuera un condottiero del Renacimiento pero vestido con vaqueros y sujetando algo que simulan ser unas riendas pero que resultan invisibles para el espectador.

Por último, a la izquierda de la entrada principal Ray exhibe una pieza realizada con mucho rigor el pasado año, Mujer reclinada, un desnudo femenino no idealizado, de formas curvas e inspirado por un juguete que encontró en su casa. La modelo posa en una postura muy clásica, el cuerpo descansa sobre el brazo derecho con un rostro impenetrable, interesándose el escultor por el  armazón de la persona con la escultura como si fuera un molde y esa tensión que despiden los dedos de sus pies. Su sentido de la escala le lleva a reflexionar sobre las diferentes percepciones de las personas que contemplan la escultura, subrayando las diferencias entre lo real y lo representado. Julián H. Miranda

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