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La Piedad Desplá de Bartolomé Bermejo se exhibe por vez primera en el Prado

El Museo del Prado y el MNAC de Cataluña aúnan fuerzas para presentar el primer monográfico dedicado al artista cordobés, “el más recio de los primitivos españoles” según Elías Tormó. Una muestra que reúne 27 pinturas autógrafas del maestro, incluida la tabla de la catedral de Barcelona, recientemente restaurada gracias al patrocinio de la Fundación Banco Sabadell. 


Cuenta Joan Molina, comisario de la muestra, que la mejor carta de presentación de Bartolomé Bermejo son tres de las obras expuestas ahora mismo en el Prado: un San Miguel triunfante sobre el demonio con una lujosa armadura y una capa púrpura brillante que parece de un caballero medieval, la tabla central del tríptico de Santa Engracia donde la mártir aparece representada como una reina, y el espectacular tríptico de la Virgen de Monserrat plagada de arquitecturas, paisajes y motivos vegetales.

Las tres obras representan escenas devocionales, y al ser elaboradas en el gótico tardío estarían pensadas para adoctrinar al pueblo, por eso llama tanto la atención la riqueza y sofisticación de los ropajes, que parecen narrar escenas palaciegas más que historias de mártires y santos.

 Su virtuosismo técnico y capacidad inventiva fueron tales, que pudo permitirse el lujo de reinterpretar los modelos iconográficos.

El virtuosismo técnico y la capacidad inventiva de Bermejo fueron tales, que pudo permitirse el lujo de reinterpretar los modelos iconográficos y crear los suyos propios. De ahí que la Piedad Desplá, por ejemplo, sea a un tiempo imagen de dolor y de opulencia, escena devocional y paisajista.

Esta obra procedente de la catedral de Barcelona fue restaurada el pasado verano, en un trabajo que permitió recuperar el esplendor de esta tabla cénit del artista e identificar hasta 48 especies de plantas en el paisaje.

Ahora sale por primera vez de su hogar para sumarse a la veintena de pinturas autógrafas que integran la muestra Bartolomé Bermejo del Museo del Prado, organizada junto al MNAC y con la colaboración de la Comunidad de Madrid y la Fundación Banco Sabadell.

¿Pero quién fue este artista? Hasta hace apenas un siglo era prácticamente desconocido para la crítica, y todavía hoy sigue siendo un extraño para el público. Bartolomé de Cárdenas, alias Bermejo (hacia 1440-hacia 1501) fue un pintor nómada que se paseó por las diferentes ciudades de la corona de Aragón –desde Daroca a Barcelona, Zaragoza y Valencia–, desarrollando encargos para los comitentes más selectos: grandes eclesiásticos, nobles o distinguidos mercaderes.

En 1926,  Elías Tormó le calificaba como “el más recio de los primitivos españoles”. Joan Molina, comisario de la muestra, va más allá al considerarle como el “mejor pintor en la península ibérica de todo el siglo XV, un genio de la pintura que fue capaz de elaborar un lenguaje que trasciende épocas”. Fue un autor de origen cordobés, probablemente judeoconverso –su mujer lo era–, que pudo formarse en Valencia. Su referente fue la pintura flamenca de Van Eyck y Van der Weyden, que adaptó a la manera hispana.

Tuvo un dominio técnico extraordinario –basta con mirar los pliegues de sus mantos o la minuciosidad con la que perfila la vegetación circundante – y una increíble capacidad narrativa. Además de su particular gusto por la sofisticación en los ropajes, cabe destacar también el naturalismo con el que trata los desnudos, pues se atreve a pintar paños transparentes y juega con las veladuras en la zona de los genitales (es el caso del Descenso de Cristo al limbo).

Bermejo fue un maestro con carácter difícil que llegó a rechazar encargos, a pesar de la amenaza de la excomunión, como ocurrió con el retablo para la parroquia de Santo Domingo de Silos en Daroca encargado en 1474. Solo hizo la tabla central, actualmente en el Prado, y en 1477 abandonó el proyecto. Por eso el resto de escenas del conjunto las tuvo que terminar el taller de Martín Bernat.

La monumental tabla de Santo Domingo de Silos entronizado como obispo es otra de las joyas presentes en esta muestra, que reivindica por fin la valía de uno de los artistas más fascinantes de la segunda mitad del XV, a través de un total de 48 obras, 27 de ellas autógrafas de Bermejo. Todas podrán verse en Madrid hasta el 27 de enero de 2019. Un mes después, el recorrido se repetirá en el MNAC de Barcelona, aunque con ligeras variaciones. Sol G. Moreno

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