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Bacon y Freud, reflexiones sobre la condición humana  


La galería Marlborough inaugura el jueves que viene en Madrid una exposición en la que sitúa frente a frente a los dos artistas británicos, a través de una veintena de grabados donde volcaron su angustia vital y la tensión emocional. Tras su paso por la capital, la muestra viajará en marzo a la sede que la galería tiene en Barcelona.


Amigos e integrantes de la Escuela de Londres –aunque curiosamente ninguno de los dos nació en esta ciudad–, Francis Bacon (1909-1992) y Lucian Freud (1922-2011) mantuvieron un mismo interés por la figura humana, aunque desde diferentes perspectivas. El irlandés pintó con desgarro y violencia los cuerpos de sus amantes, mientras que el alemán emigrado a Inglaterra encontró en el retrato de familiares y amigos el mejor ejercicio de introspección.

Ambos se conocieron en 1959 y mantuvieron una buena amistad hasta la muerte de Bacon en 1992, justo cuando preparaba una exposición con la que inaugurar la sede madrileña de la Marlborough. La galería que presentó entonces aquel homenaje póstumo exhibe ahora parte de su obra gráfica, junto a varios aguafuertes de su compañero de profesión.

Bacon y Freud, la condición humana inundarán a partir del 21 de enero de rostros y cuerpos cargados de existencialismo y soledad las salas de la galería ubicada en la calle Orfila. Dos artistas, dos estilos y dos formas de enfrentarse a la figuración humana, ya sea a través del expresionismo o de un realismo analítico.

El ímpetu violento que domina los lienzos de Bacon se aprecia igualmente en sus aguatintas y litografías. Los cuerpos mutilados representados en trabajos como su versión grabada en piedra del célebre tríptico Second Version of Triptych 1944 tienen esa animalidad que trasciende las formas, sin embargo aquí se vislumbra un resultado más preciso y calmado, como si el desgarro de la pincelada desapareciese. A pesar de ello, las tres litografías de gran formato que componen tan singular crucifixión se exhiben en un lugar privilegiado de la galería, para deleite del visitante.

El artista trabajó con los mejores impresores franceses, italianos y españoles hasta dominar la técnica del grabado, que utilizó para replicar una selección de 35 pinturas fechadas entre 1965 y 1991. Supervisaba personalmente cada obra, realizando los cambios pertinentes y firmando cada lámina de la edición limitada. En la exposición se muestran varios ejemplos realizados entre las décadas de 1970 y 1990, como Triptych (1974-1977), Study of the Human Body from a Drawing by Ingres y alguna escena de tauromaquia.

Frente al expresionismo visceral del irlandés, la mirada diseccionadora del nieto de Freud, que prefirió el aguafuerte para sus obras grabadas. En su caso, los trabajos expuestos en la Marlborough son más recientes, de 2004 a 2007. Y todos poseen esa característica tensión emocional que tanto inquieta al espectador, presente en retratos como los cabizbajos The Painter’s Doctor (2005) y Girl with Fuzzy Hair (2004) o el desnudo Before the Fourth (2004).

Obsesionado por la línea y por representar la carnalidad de la materia, el pintor se enfrentaba al grabado del mismo modo que hacía con el lienzo en blanco: colocaba la plancha de cobre sobre el caballete en posición vertical y dibujaba con el buril, una práctica que desarrolló en 1946 y que practicó toda su vida. “Quiero que la pintura se convierta en carne (…) quisiera que mis obras fueran los retratos de las personas, no como ellas; que no se parezcan al modelo sino que sean el mismo modelo”, manifestó en una ocasión.

Estos aguafuertes cargados de intensidad psicológica y los grabados atormentados del pintor que le dedicó uno de los trípticos más caros de la historia –Tres estudios de Lucian Freud– podrán visitarse en Marlborough Madrid desde el 21 de enero hasta el 27 de febrero. Después, Bacon y Freud, la condición humana viajará a la sede de la galería en Barcelona. Sol G. Moreno

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