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Arqueologías de la música en CaixaForum Madrid


La música y los sonidos han estimulado, relajado y consolado a los hombres desde hace miles de años. Es un lenguaje universal que atraviesa el tiempo y acerca culturas lejanas, desvelando aspectos relevantes de cada civilización. Ahora CaixaForum, después del éxito de la exposición en Barcelona, presenta en Madrid Músicas de la Antigüedadorganizada conjuntamente por la Obra Social ‘la Caixa’, el Museo del Louvre de París y el Museo del Louvre de Lens. Comisariada por un equipo multidisciplinar integrado por conservadores del museo francés y por otros especialistas académicos, la singular muestra reúne 373 piezas procedentes de dichas instituciones pero también del MET, los Museos Capitolinos, el Museo Nacional de Atenas y el Museo de Arte Romano de Mérida, entre otros,  que incluyen diferentes instrumentos milenarios, tablillas mesopotámicas, papiros egipcios, cerámicas griegas, relieves romanos, mosaicos, esculturas y otros objetos, muchos inéditos en España, así como una serie de dispositivos sonoros para evocar reconstrucciones de sonidos de la antigüedad como el canto más antiguo del mundo conocido hasta ahora.

En el acto de presentación  intervinieron Isabel Fuentes, directora de CaixaForum Madrid; Ignasi Miró, director del Área de Cultura de la Fundación Bancaria ‘la Caixa’; y Sibylle Emerit, investigadora del CNRS, ex miembro del IFAO – Institut Français d’Archéologie Orientale de El Cairo y una de las ocho comisarias de la exposición, que podrá verse hasta el 16 de septiembre.

El recorrido, con gran afán didáctico, se articula es seis grandes ámbitos: Los sonidos antiguos:un mundo desaparecido para siempre?; El oído de los dioses; Los sonidos del poder; El poder de los sonidos; Los oficios de la música; y los Instrumentos viajeros. Los objetos reunidos abarcan más de 3.000 años de historia, desde el 2900 a.C al 395 d.C de civilizaciones de Oriente, Egipto, Grecia y Roma, fundamentalmente, que ayudan a comprender los últimos hallazgos de la arqueomusicología, en los que se van alternando instrumentos, cerámicas y escenas reproducidas en tres dimensiones en vasos griegos, mosaicos y monedas, así como la recuperación de sonidos, algunos de ellos rescatados, y teniendo en cuenta los contextos religiosos, sociales y políticos de cada una de las sociedades en las que tenía lugar hasta llegar a recuperar leyendas sobre el origen divino de los sonidos e instrumentos: del demiurgo sumerio Enki a Hermes, inventor de la lira.

La primera parte de la exposición ahonda en aspectos de la música antigua en el imaginario occidental porque los investigadores de estas civilizaciones disponen de fragmentos incompletos como suele ocurrir con los restos arqueológicos y más si se trata de música para recomponer el entorno sonoro de cada cultura. En muchos períodos históricos como el Renacimiento hubo un redescubrimiento de la música greocorromana y más tarde con Napoleón Bonaparte cuando al llegar a Egipto aumente el interés por el universo de los faraones. Fue en el siglo XIX cuando nació la arqueología musical, que situó el origen de la música 3000 años antes, mientras que en Oriente la curiosidad hacia las músicas antiguas se inició hace casi un siglo por las excavaciones de Ur. Poco a poco fueron apareciendo vestigios de las trompetas de Tutankhamón en Tebas, címbalos en Susa, la lira en Atenas y otros instrumentos, ya fueran de cuerda, viento o percusión.

El oído de los dioses concentra toda esta atmósfera que intentaba atraer el interés de los dioses para obtener su benevolencia. Es el ritual de lo sagrado, donde la música forma parte del rito para ser medium, ya sea el dios Ea en Mesopotamia, la diosa Hathor en Egipto o Apolo en la grecorromana, por citar tres ejemplos, porque en las culturas antiguas se creía que los dioses mantenían una relación muy estrecha con la música. Y también la honra a los dioses en los diferentes actos religiosos porque los músicos eran muchas veces protagonistas del culto, asociados a una divinidad, ya que ayudaban a que hubiera una situación que atrajera la atención de los dioses.

En Los sonidos del poder encontramos algunos objetos que revelan cómo el sonido formaba parte del ceremonial del poder, y muchos de esos solistas estaban al servicio de los poderosos. Muchos animaban la vida en la corte y los festejos, mientras que en Grecia se convirtió en parte fundamental de la formación de los ciudadanos e incluso en Roma llegó a suponer un acompañamiento armonioso de la representación en la ciudad en diferentes actividades cívicas. Era habitual que el sonido del arpa o la lira acompañaran los banquetes, ya fuera en Oriente o en Egipto, en muchas ocasiones también como veneración de faraones y reyes. Por último, también los músicos intervenían  en el campo de batalla y en la retaguardia, algo que quedó plasmado en la columna de Trajano con músicos que tocaban para enviar mensajes a las tropas durante los combates, o en ocasiones también en ceremonias triunfales tras regresar de la batalla.

Como reverso, El poder de los sonidos, porque la música apela y afecta a los sentidos, invita a bailar si es alegre y si es lenta y triste invita a la melancolía. De esa reflexión surge la investigación sobre los poderes de la música porque puede proteger y curar. Además se prohibía en ocasiones, y estaba muy relacionada con los ciclos de la vida. Siempre estimula las emociones y esa expresión mágica que suscitan los sonidos de los instrumentos, apelando a la seducción, por la connotación sexual que muchas músicas despertaban, pero también por cómo se manejaba el silencio en las culturas antiguas y, por supuesto, el sentimiento de duelo por el fallecimientos de alguna personalidad o ser querido en la comunidad.

La penúltima parte de la exposición está dedicada a Los oficios de la música, espacio en el que se distingue a  los profesionales con los aficionados a tocar o cantar. Y dentro de los primeros -como en la actualidad-había solistas estrellas que recibían recompensas de reyes y ciudades y los de segundo nivel que participaban y animaban los banquetes y rituales. Algunas mujeres también consiguieron vivir de esta actividad, mientras que el oficio de lutier solo está documentado en el mundo grecorromano. En la iconografía antigua podemos ver cómo era la representación de los intérpretes y en las estatuillas, estelas o relieves o incluso en los frescos de Pompeya y Herculano nos ayudan a conocer mejor sus posturas, la técnica e incluso deja entrever la armonía de varios instrumentos tocados a la vez durante una actuación, así como la transmisión a través de textos que permiten conocer las trayectorias de familias de músicos. E incluso la serie de objetos expuestos permite conocer cómo se fabricaban los instrumentos y con qué materiales (bronce, hueso, marfil y varios tipos de madera), al ser elaborados de forma artesanal.

Por último, los Instrumentos viajeros, con ese gran pictograma donde se profundiza en la relación de intercambio entre Oriente y Occidente que siempre ha existido en el Mediterráneo; los músicos no eran ajenos a las migraciones y se desplazaban cuando había certámenes y recitales. Resulta de gran interés comprobar cómo los instrumentos viajaron de un área geográfíca a otra, aunque no siempre fue así. Los traslados por tierra y por mar de los músicos, siempre acompañados con sus instrumentos, ayudaron a difundir sonidos nuevos y a compartir emociones. Sin embargo, hubo algunos como el arpa que se dieron en varias localizaciones geográficas pero hubo ciudades como Alejandría, fundada por los griegos en Egipto, donde existía una gran cultura musical y se inventó un instrumento que tendría notable relevancia en el Imperio romano: el órgano hidráulico, que sería el precedente lejano del órgano de iglesia. No dejen de visitar una muestra única que nos ilustra sobre la importancia de la música y los variados, y en cierto modo poco conocidos, instrumentos de la antigüedad. Julián H. Miranda

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