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ARCOMADRID 2015, FIDELIDAD POR LOS CLÁSICOS

La trigésima cuarta edición de la feria de arte contemporáneo sigue apostando por los creadores de renombre, como Picasso, Julien Opie o Genovés, y por Latinoamérica.

Nuevas oportunidades, mismas obras. Ese parece haber sido el pensamiento de algunos galeristas de la presente edición de ARCOmadrid, que apuestan por los mismos autores que el año pasado. Mario Sequeira, por ejemplo, repite obras de Julian Opie, aunque esta vez presenta dos nuevas e impactantes cabezas del artista; mientras que la galería Marlborough sigue siendo fiel a sus artistas más rentables: Genovés, Chirino y Manolo Valdés.

La 34 edición de la feria de arte contemporáneo confirma la tendencia conservadora de los últimos años. Comedida, sólida, incluso clásica, ARCOmadrid 2015 repite los patrones de 2013, año de la austeridad, y 2014, año de la rebaja del IVA. Pero los tiempos van cambiando y la sombra de la crisis cada vez es menos alargada; por eso los galeristas insisten en sus apuestas y aprovechan la afluencia de coleccionistas de la feria, para volver a mostrar aquellas obras que en anteriores ocasiones quedaron sin comprador.

No en vano, ARCOmadrid acapara el 60 % de las ventas totales anuales de las ferias españolas, según consta en el Informe elaborado por Clare McAndrew para la Fundación Arte y Mecenazgo. Porque si hay una premisa clara, esa es la de vender. El mercado manda. Y si Bacon, Calder o Klee triunfan en subasta, también lo harán en una feria que, desde que cumplió la treintena, se ha marcado como objetivo captar clientes antes que público. Basta pasearse por los stands de Elvira González y Leandro Navarro -que acaparan las obras más caras de la feria, un basquiat por 2,5 millones de euros y un Picasso por 1,4 millones, respectivamente- para confirmar que los ‘clásicos’ nunca faltan.

Ante este panorama, es lógico pensar que los artistas noveles tengan que conformarse con una participacion más discreta. Nombres como el islandés Egill Saebjornsson, de la galería Anhava, o el de la colombiana María Alejandra Garzón, alias ‘Suntuosa Jiménez’, de Doble Cero Cero, son apenas conocidos en el panorama español. Sin embargo, su obra no pasa inadvertida. Ni para el público ni para el comprador. Esta última, por ejemplo, sorprende por sus bordados eróticos, algunos explícitamente sexuales, con los que explora el universo femenino a través de una técnica tradicional.

Junto a ella, el resto de artistas colombianos pone el acento sobre el arte latinoamericano, que cada vez se deja sentir más en la feria. Con un total de 218 galerías participantes, esta edición parece ser la más latina de la última década. Los números lo confirman. Este año hay el doble de galerías procedentes de Latinoamérica que en 2014, 47 en total (lo que supone el 30 % de la participación extranjera). Diez de ellas han sido seleccionadas por Juan A. Gaitán para representar al país invitado: Colombia.

Uno de los aspectos que más llama la atención es el incremento de las instituciones y empresas privadas, que cada vez participan de forma más activa, ya sea con stands propios, con salas privadas o con patrocinios. En esta ocasión, el Pompidou de Málaga aprovecha para anunciar su próxima apertura en la ciudad andaluza, mientras que la Universidad de Navarra hace lo propio con el recién inaugurado edificio de Moneo.

Hubo un tiempo en que ARCO exponía obras que solo tenían cabida en la feria madrileña. Piezas como Forever Franco o Stairway to Heaven, de Eugenio Merino, que llamaban la atención de público y crítica, pero que no vendían. Era un escaparate llamativo y luminoso de las tendencias más actuales, también las más polémicas, que con el tiempo ha perdido fuerza. La crisis y la dirección de Carlos Urroz apagaron las luces de neón. Ahora solo queda un escaparate de cristal limpio y funcional. Asómense, no tengan miedo. Sol G. Moreno

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