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La primera terracota atribuida a Leonardo, en el Palazzo Strozzi

El museo florentino organiza la primera exposición retrospectiva dedicada Andrea del Verrocchio, maestro de Leonardo da Vinci, que sirve como marco para atribuir a este último una pequeña escultura en terracota conservada en el Victoria and Albert Museum de Londres.


El pasado 9 de marzo se abrió al público en el Palazzo Strozzi de Florencia Verrocchio, il maestro di Leonardo. Se trata de la primera gran exposición dedicada íntegramente al pintor, escultor y orfebre Andrea del Verrocchio (Florencia, hacia 1435-Venecia, 1488), una de las figuras más relevantes del Quattrocento italiano. A pesar de su importancia, Verrocchio ha sufrido involuntariamente la alargada sombra proyectada por su alumno más destacado, el genial Leonardo da Vinci. Se trata por tanto de un merecido reconocimiento a quien fue maestro de maestros.

La muestra cuenta con 120 piezas entre pinturas, dibujos y esculturas y ha sido posible gracias a importantes préstamos internacionales como los del Metropolitan Museum of Art de Nueva York, la National Gallery of Art de Washington, la colección de la Reina Isabel II de Inglaterra, el Museo del Louvre, el Rijksmuseum de Amsterdam o le Gallerie degli Uffizi de Florencia. A través de ellas se contextualiza al artista en el panorama artístico que le tocó vivir, el de la Florencia de Lorenzo el Magnífico, abarcando el período comprendido entre 1460 y 1490 aproximadamente. Para ello, junto a obras suyas, se exponen otras de sus contemporáneos y también de algunos de sus discípulos y seguidores más destacados. La nómina no deja indiferente: Desiderio da Settignano, Domenico Ghirlandaio, Sandro Botticelli, Pietro Perugino o Lorenzo di Credi crean un interesante diálogo artístico junto a Verrocchio. No podía faltar Leonardo, presente a través de siete obras, algunas de las cuales se muestran por primera vez en Italia.

Verrocchio, il maestro di Leonardo se desarrolla en torno a doce secciones a través de las cuales se contempla su trayectoria artística. Parte de sus orígenes como orfebre y de sus inicios en la escultura a través de Desiderio da Settignano y de Donatello para convertirse, con tan sólo treinta años, en el mejor broncista de su tiempo y en todo un referente para sus contemporáneos. Despunta, de esta época, su sensacional David. El acercamiento del artista a la pintura se produce en torno a 1470 y en ella se deja sentir también su gusto por lo escultórico en un género que practicará con asiduidad, el de las Madonne. Punto álgido de todas ellas es la conocida como Madonna di Volterra de la National Gallery de Londres, obra que puede contemplarse junto a otra pintada por esos mismos años por Sandro Botticelli y que hoy atesora el napolitano Museo di Capodimonte.

El gran legado de Verrocchio al arte de la pintura lo componen, sin lugar a duda, sus discípulos, quienes difundirán su estilo por toda Italia: Domenico Ghirlandaio, Pietro Perugino y Sandro Botticelli son los ejemplos más paradigmáticos. Los dos últimos plasmarán el éxito de sus modelos entre 1481-1482 cuando sean llamados a Roma para decorar los muros de la Capilla Sixtina con historias del Antiguo Testamento. Allí también estará el maestro, aunque en calidad de escultor, para ejecutar algunas figuras de apóstoles para el altar mayor.

Otra pieza fundamental de la muestra es el conocido como Putto con delfino, una escultura en bronce ejecutada entre 1470-1475 por encargo de Lorenzo el Magnífico como coronamiento para una fuente en la Villa de Careggi que, un siglo después, se trasladará al Palazzo Vecchio por deseo de Cosme I de Medici. En ella confluyen la recuperación de la escultura clásica y un nuevo impulso por crear piezas de evidente sensualidad que invitan a ser rodeadas para su contemplación.

Otro de los grandes reclamos es sin duda es la presencia de una pequeña escultura en terracota procedente del Museo Victoria & Albert de Londres. Se trata de una Virgen con el Niño hasta ahora atribuida a Antonio Rossellino (Settignano, 1427-Florencia, 1479) y que ahora se postula como una obra juvenil de Leonardo da Vinci, ejecutada hacia 1472. Toda una apuesta –de ser cierta la atribución, se trataría de la única escultura conocida de Leonardo– que viene abalada por su confrontamiento con algunos estudios de paños del artista. Y es que este último aspecto, el de los estudios de paños, es otro de los ejes clave de la muestra. No hay que olvidar que Verrocchio supo inculcar a su discípulo el interés por el estudio pormenorizado de cada uno de los elementos que componían sus obras.

La exposición cuenta además con una sección especial en el vecino Museo Nazionale del Barghello, donde puede admirarse una de sus obras capitales, el grupo en bronce de La incredulidad de santo Tomás que Verrocchio creó para la iglesia de Orsanmichele entre 1467 y 1483.

Verrocchio, il maestro di Leonardo ha sido posible gracias a la colaboración de la National Gallery of Art de Washington. Han colaborado también instituciones florentinas como l’Opera de Santa Maria dei Fiore y l’Opera Medicea Laurenziana. Permanecerá abierta hasta el próximo 14 de julio. Ha sido comisariada por Francesco Caglioti y Andrea De Marchi, dos de los grandes expertos del Quattrocento.

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