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Aicher, un gran renovador del diseño en el Museo de Bilbao


El Museo de Bellas Artes de Bilbao abre mañana al público la primera gran retrospectiva internacional dedicada al diseñador gráfico alemán Otl Aicher (1922-1991), con más de doscientas obras y objetos provenientes del HfG-Archiv Ulm (Archivo de la Escuela Superior de Diseño de Ulm) (Alemania). Otl Aicher. Metro Bilbao. Arquitectura y paisaje, es la primera muestra monográfica dedicada al diseño en el museo bilbaíno que conmemora así el 25 aniversario de Metro Bilbao, uno de los proyectos fundamentales desarrollados por Aicher en su larga carrera y que ayudó con su diseño a cambiar la percepción de la capital vizcaína para sus habitantes y visitantes. La exhibición cuenta con dibujos inéditos de su proyecto para Metro Bilbao, así como una docena de dibujos y fotografías que proceden del archivo de la Fundación Norman Foster, producto de los encuentros y colaboración entre ambos creadores.


En el acto de presentación Bingen Zupiria, portavoz y consejero de Cultura y Política Lingüística del Gobierno Vasco y presidente de la Fundación Museo de Bellas Artes de Bilbao, rescató dos conceptos para definir esta exposición dedicada a Otl Aicher: reparación (daños y pérdidas del pasado) y ciudad; mientras Unai Rementeria, diputado General y presidente de Metro Bilbao,  ahondando en el concepto de ciudad dijo que el Metro Bilbao ha sido y es un icono que trajo consigo otros proyectos de modernización para la ciudad como nuevo espacio urbano. Junto a ellos estuvieron en el salón de actos el comisario Gillermo Zuaznabar, investigador y profesor del área de Teoría del Arte y de la Arquitectura de la Universitat Rovira i Virgili (Tarragona), Eneko Arruebarrena, director de Metro Bilbao (patrono del museo desde 2001), que patrocina la exposición; y Miguel Zugaza, director del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Además se proyectó un video de Norman Foster recordando el importante trabajo de Otl Archer y cómo fue su relación con él durante su trabajo para Metro Bilbao y los encuentros que mantuvieron en Alemania en esos paseos en bicicleta, diseñada por Alex Moulton. Definió a Otl Aicher como un filósofo, una persona que siempre hacía más sabio a quien le frecuentaba. Además al rememorar su colaboración en Metro Bilbao destacó que Aicher supo encapsular el espíritu de una ciudad como Bilbao y sacar a la luz su pasado industrial y añadió que disolvieron sus egos para dar lugar a un proyecto mejor.

El comisario Gillermo Zuaznabar hizo una breve introducción a la exposición y agradeció el apoyo que tuvo del director del Museo de Bellas Artes para poner en marcha el proyecto. La sala BBK  se ha transformado para albergar las piezas y esta estructurada en torno a los materiales reunidos de Metro Bilbao, aunque también incluye muchos ejemplos de otros grandes proyectos. Zuaznabar concluyó su intervención diciendo que todo el conjunto expuesto subraya la preocupación que Aicher tuvo por su entorno y por preservar la identidad como memoria.

Al comienzo de la muestra hay una sala que explica con precisión de donde partieron Otl Aicher y su esposa inge Sholl por un suceso acaecido en 1943 cuando dos de los hermanos Sholl y otro activista fueron condenados a muerte por el Tercer Reich por distribuir propaganda contra Hitler. Aicher e Inge Sholl para reparar ese daño pusieron en marcha en 1946 la Escuela Popular de Ulm para enseñar a leer y a escribir y algunos años después la Escuela Superior de Diseño de Ulm, junto a Inge Sholl y al artista y arquitecto Max Bill, diseñador del conjunto de edificios. Esta institución la codirigió Aicher con Tomás Maldonado y Hans Gugelot entre 1956 y 1958, y en solitario de 1962 a 1964.

En 1985 Otl Aicher se construyó en Rotis una pequeña cabaña algo separada del recinto de los estudios y de su casa donde clandestinamente retomó la práctica de la escultura que había abandonado en 1946. Allí modeló los bustos de Sophie y Hans Scholl el 26 de agosto de 1991, pocos días antes de su muerte.

Norman Foster conoció el trabajo de Otl Aicher cuando estaba trabajando en el proyecto del Hong Kong Bank pero no llegaron a colaborar en el mismo. A partir de ahí comenzó su relación y admiración por el diseñador alemán, y hacia 1988-1989 se le encomendó al diseñador alemán la imagen corporativa de Metro Bilbao. El proyecto nació de la mano de la arquitectura, y tanto la ciudad como las investigaciones sobre la cultura, la heráldica de la ciudad, los colores, la historia y el paisaje de Bilbao y de Euskadi son los elementos que definieron su sistema de comunicación.

Además del conjunto de dibujos de Metro Bilbao la monográfica de Aicher incluye otros proyectos conocidos como los que hizo para Braun, las Olimpiadas de Munich 72, Bulthaup, Isny Allgäu, así como documentos y materiales inéditos de sus proyectos de arquitectura para Rotis, un antiguo complejo agrícola que convirtió en su lugar de residencia y trabajo. Todo ese corpus de trabajo ahora exhibido en las salas de Museo de Bellas Artes de Bilbao subraya que Aicher fue el diseñador europeo más determinante de la segunda mitad del siglo XX.

Fue heredero de la tradición del diseño gráfico centroeuropeo al emplear retículas para estructurar el espacio, sistema que aplicó con libertad subvirtiendo el orden geométrico cuando la composición lo precisaba para generar un diseño estructurado, pero visualmente activo. La combinación entre rigor y libertad, junto a un desarrollo intelectual alentado por el tejido de relaciones que desde la escuela de Ulm estableció con intelectuales como Josef Albers o Alexander Kluge le convirtieron en un diseñador de excelencia.

El recorrido por Otl Aicher. Metro Bilbao. Arquitectura y paisaje permite contemplar  por primera vez una parte importante de las 200 láminas que hizo para su trabajo con Foster. Se exhiben 59 de esos diseños que analizan gráficamente integralmente los aspectos relevantes de la ciudad, así como diferentes reflexiones manuscritas. En ellas se observa un método de trabajo riguroso para definir una señalética y un sistema de información para el metro. Previamente realizó una diagnosis de la economía, la sociedad y la cultura de la ciudad en la cual su trabajo iba a actuar. Tanto la infraestructura pensada por Norman Foster como la identidad corporativa diseñada por Aicher son un ejemplo modélico de colaboración entre el diseño, el urbanismo y la arquitectura.

Además se pueden ver los trabajos que hizo para Braun, donde diseñó un sistema de construcción industrializada, a través de 91 láminas que revelan su limpieza en los dibujos a mano alzada y los textos que acompañan a los mismos. Proyectó junto a Hans Gugelot un trabajo para recintos feriales bajo cubierta –en exposición– y en 1959 para exteriores y se lo ofreció a Braun que entonces estaba considerando construir un barrio para sus empleados en Frankfurt, Roter-HangSiedlung.

Otro importante trabajo en su trayectoria se inició en 1967 cuando ganó el concurso para el diseño del sistema de comunicación de los Juegos Olímpicos de Múnich, que querían proyectar una nueva imagen de Alemania occidental. Se exhiben algunos de los posters diseñados que representan una imagen viva del evento y el país, aunque Aicher intentó equilibrar el uso del color para distinguirlos de los usados en los Juegos de Berlín de 1936, matizando los colores rojo, negro, blanco y dorado, que eliminó, e introduciendo el gris plata junto al rojo y el blanco para diferenciarse de los recuerdos del nazismo. Y ese trabajo enlaza con el encargo que hizo para ERCO, ya que entre 1975 y 1978 desarrolló para esa empresa de iluminación el sistema de pictogramas que había hecho para las Olimpiadas adaptándolo a las necesidades que tenía ERCO para edificios y espacios públicos.

También junto a Gudelot renovó la imagen corporativa de Luthansa: logotipos, señalética, papelería, vajillas, uniformes, publicaciones y carteles promocionales como ese catálogo posterior Volando sobre Europa, con fotografías a vista de pájaro de ciudades y paisajes, recurso gráfico que también empleó en el proyecto para Metro Bilbao. A principios de los ochenta la empresa Bulthaup, fabricante de cocinas, le encargó el diseño de su imagen y ahí nuevamente investigó cómo debía ser la cocina del último tercio del siglo XX partiendo desde las cocinas de campo, medievales, burguesas y de otro tipo, así como los objetos y tejidos que debían equiparlas que darían como fruto el libro La cocina para cocinar: el final de una doctrina arquitectónica, publicado en 1982.

Por último hay otros tres apartados de gran interés: su homenaje a Guillermo de Ockham, filósofo y teólogo alemán que impulsó la ciencia moderna; su instalación en Rotis como residencia familiar y taller, pueblo en el que proyectó varias construcciones de aspecto industrial para albergar su estudio, el taller de fotografía, la planta energética, el garaje, su estudio de escultura, aunque también Rotis fue el nombre que dio a una nueva fuente tipográfica creada en 1988 a partir del diseño de ERCO, a medio camino entre las familias de grotescas y romanas como el Rotis semi-grotesca que eligió para Metro Bilbao; y Caminando en el desierto, una experiencia personal que tuvo en los últimos años de su vida, documentando con fotografías y textos el viaje a pie que hizo Aicher por el Sáhara y revelan su relación con un entorno y las necesidades que de él se derivan.

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