El universo visceral de Solange Pessoa
El Centro Botín de Santander presenta la primera retrospectiva de la artista brasileña en nuestro país, con una decena de piezas de pequeño y gran formato que sumergen al espectador en un universo donde los opuestos se abrazan: el día y la noche, lo físico y lo trascendente, lo sagrado y lo profano.
Si hay algo que sorprende nada más entrar en la muestra de Solange Pessoa es el montaje, trufado de obras de escala sobrehumana que cuelgan sobre nuestras cabezas y serpentean por el suelo del Centro Botín, fagocitando el espacio y apabullando al visitante, que enseguida se ve absorbido por el peculiar trabajo de la artista.
Sacos de arena suspendidos del techo, tiras de pelo y tejido interminables, bolas doradas y brillantes que dan ganas de tocar, monturas de caballo gigantescas que nos sobrevuelan… Todo cuanto hay a nuestro alrededor son impactos visuales, golpes de efecto cargados de fuerza que van directos al hipotálamo, desencadenando todo tipo de sensaciones. Confusión, asombro, curiosidad y, por qué no, hasta rechazo.
Luego ya, tras una mirada más atenta y pausada, se descubren las metáforas, las segundas lecturas que ayudan a comprender mejor cada una de las instalaciones, esculturas o dibujos que se reparten por la segunda planta del museo santanderino.
Porque todo el recorrido parte de un discurso vinculado con la naturaleza y el paisaje, enmarcado dentro del contexto de las Minas Gerais –en Belo Horizonte– donde la autora vive y se ha criado.
Esta región brasileña no solo posee una gran riqueza minera –desde oro, hierro y piedras hasta la arena rojiza con la que hizo una serie de dibujos–, sino que enlaza también con la biodiversidad local, el patrimonio cultural y, por supuesto, un pasado colonial que también está presente.
Como en el caso de Arreios, una instalación que evoca la figura del caballo sin jinete. Animal que históricamente ha servido para desarrollar los trabajos en el campo, pero que también se ha utilizado para conquistar pueblos e incluso torturar seres humanos.
Esta pieza está hecha expresamente para el espacio del Centro Botín y posee tal envergadura, que parece comerse los altos techos de la sala del lucernario, por primera vez diáfana, sin panelados que interrumpan la mirada del espectador. Eso ha permitido a Pessoa colocar 14 figuras espectrales hechas con monturas de caballo, que sorprenden e inquietan a partes iguales.
Quizá porque los márgenes entre categorías se desdibujan en el trabajo de la artista, especialmente cuando se trata de contrarios: lo corporal y lo trascendente, lo real y lo soñado, lo sagrado y lo profano. A Pessoa le gusta moverse en la ambigüedad, creando espacios que invitan a dejarse llevar por lo puramente sensorial, mediante el uso de materiales orgánicos como el cabello, el cuero o la sangre.
Esa fuerte carga simbólica, unida a la escala excesiva propia de la autora, alcanza su máxima expresión en Catedral, una pieza hecha con cabello, cuero y tela de más de 100 metros de largo en la que perderse, como un laberinto de memoria y experiencias de la propia artista.
No en vano, es uno de sus trabajos más íntimos, que ha desarrollado entre los años noventa y 2003. Hace referencia a la verticalidad y “a esos templos infinitos que no se acaban nunca”. Además, se inspira en la catedral diseñada por Niemeyer para Brasilia.
El recorrido se completa con otras tantas piezas que condensan la polivalente trayectoria de la creadora brasileña, desde los años ochenta hasta 2026, fecha en la que ha hecho Origo; otra pieza hecha exprofeso para el centro santanderino de la Fundación Botín. Sus formas redondeadas miran a la bahía de Santander y recuerdan a óvulos o huevos, origen de vida, en cualquier caso.
Y es que el hilo conductor de la muestra Del día o de la noche son los ciclos vitales de la naturaleza, fuertemente vinculados a la espiritualidad. Porque la relación que la artista establece con los materiales no es solo física, sino también onírica, casi mística. No olvidemos las connotaciones que tiene el pelo, por ejemplo, en los rituales afrobrasileños relacionados con la santería.
“Mis esculturas e instalaciones son entidades vivas, tienen su propia luz y su propia sombra. Invocan poderes telúricos, resurrecciones y supervivencia”, mantiene Pessoa mientras nos invita a descubrir su trabajo con “todos los sentidos”. Un universo visceral y desmesurado que podrá verse en Santander hasta el 28 de marzo del año que viene. Después, viajará a París para exponerse en la Fundación Cartier. Sol G. Moreno




