Todas las caras de Michavila en la Fundación Bancaja
La muestra, que conmemora el centenario natalicio del autor, hace un repaso desde sus primeros lienzos figurativos hasta sus paisajes de la Albufera, pasando por su etapa geométrica y su faceta de muralista.
Cuando el artista valenciano Ximo Michavila se encontraba ante una sala llena de periodistas dispuestos a escucharle hablar de su obra, lo primero que hacía era sacar su cámara y tomarles una fotografía. «Como ellos luego me las harán a mí, yo también se la hago a ellos», explicaba.
Ahora que el autor lleva diez años fallecido, es su hija Carmen la que saca el móvil ante los periodistas que acudimos a la rueda de prensa de la muestra dedicada a su padre y nos toma una foto. Nos explica, además, que en las labores de investigación –casi de buceo– que han llevado a cabo ella y el comisario Juan Manuel Bonet no han conseguido encontrar todas esas imágenes de periodistas que su padre había tomado durante décadas.
La exposición que se presenta en la Fundación Bancaja se compone de más de un centenar de obras provenientes de unas 50 colecciones y es la retrospectiva más extensa de Michavila que se ha celebrado hasta la fecha. De hecho, reúne una gran cantidad de piezas que nunca se habían expuesto juntas hasta el momento, algunas inéditas como Llac nocturno o Alborada.
Con ella se conmemoran los cien años que habría cumplido el pintor este 2026, y no es la primera que se le dedica en la fundación. En 2002 hubo otra, en cuya inauguración Michavila pronunció una frase que resume muy bien su trabajo y su modo de entender la pintura: «El arte es una manera de representar en formas plásticas mis pensamientos, esa parte tan oscura que todos tenemos».
El recorrido comienza con sus cuadros de juventud, marcada por una familia culta, por un lado; y por haber sobrevivido a la Guerra Civil, donde sufrió heridas a causa de un bombardeo, por otro. En esta primera etapa, que según el comisario se ha denominado mal al calificarla como «de formación» restándole importancia, Michavila pinta paisajes entre los que destacan algunas vistas de Segovia con ecos de Ignacio Zuloaga. Es en este momento cuando se forma como artista en dicha ciudad, en el Paular y en Roma, mientras se instruye también como profesor.
Sin embargo, su obra no estaba destinada al academicismo. Por eso, pronto comenzaría su época del Grupo Parpalló, donde su figuración se volvería cada vez más geometrizante, prefigurando lo que después serían sus obras más características y emblemáticas.
Aquí se inicia también su faceta de muralista, que está presente en la muestra mediante varios audiovisuales. En este sentido, Michavila realiza piezas para edificios públicos, iglesias e incluso decoraciones para buques.
A continuación, nos sumergimos en sus trabajos ya puramente geométricos, con colores sólidos y marcados contrastes, que le valieron un hueco entre las principales exposiciones colectivas de nuestro país dedicadas a este movimiento. Sus cuadros geométricos son, no obstante, muy líricos y poéticos, dejando traslucir lo que el artista confesó en 2002: que eran un reflejo de lo que pensaba y sentía.
Tampoco se detuvo aquí. Y tras atravesar una depresión motivada por lo desencantado que se sentía con su pintura en aquel momento, un doctor le recomendó que fuese a visitar un sitio que le gustase y le hiciese sentir en calma. Como él no era muy dado a viajar –nunca se subió a un avión– se trasladó a un lugar cercano: la Albufera. Allí nació su serie El Llac, la más larga de su carrera, compuesta de los paisajes de la zona plasmados en un lenguaje mezcla de impresionismo y abstracción.
Después de una amplia selección de cuadros de esta etapa, la exposición aborda también una serie realizada durante sus últimos años, Contrapunto, inspirada en una de sus mayores pasiones: la música. En ella, dedica algunos de sus lienzos a grandes músicos de la modernidad como John Cage o Kurt Weill que representan lo que sus melodías le hacían sentir.
Este exhaustivo retrato del artista se completa con 80 documentos de Michavila cedidos por el Archivo General y Fotográfico de la Diputación de Valencia, entre los que se encuentran fotografías, carteles, catálogos de exposiciones, correspondencia…
Con todo ello, el visitante puede salir con una imagen bastante fidedigna de lo que fue la carrera artística del autor valenciano, caracterizada por la curiosidad y la experimentación; desde sus primeros años más académicos hasta sus etapas de renovador, pasando por los paisajes que pintó para recuperarse y por sus muestras de amor a la música.
La exposición, que podrá contemplarse hasta el próximo 14 de febrero, supone una reivindicación de su obra, una invitación a conocerlo más allá de sus cuadros insignia y un escaparate perfecto para la filosofía del artista. Un autor que dijo lo siguiente sobre el significado de su trabajo: «pintar es una forma de entender el mundo, porque cuando se pinta se producen continuos descubrimientos». Sofía Guardiola


