El hilo que tejió la monarquía

El hilo que tejió la monarquía

La Galería de las Colecciones Reales presenta una muestra que reúne cerca de 200 piezas entre doseles, almohadones, cortinas y hasta flotadores que ilustran cómo fue la evolución de las telas y bordados regios desde la Edad Media hasta el siglo XX. Tejiendo la vida cortesana acerca al público piezas que no suelen estar expuestas, dada su enorme delicadeza.  

Vista de sala donde se ven un par de doseles con sus respectivas sillas reales. © Patrimonio Nacional.

Hay un dicho que dice que “antes que el rey, siempre llega el tapicero”. Porque es quien engalana los espacios apropiadamente para que el monarca pueda celebrar sus audiencias. Lo hemos podido ver hace apenas unos días con el Papa, aunque esta es una práctica que se ha mantenido durante siglos.

Los artesanos eran los primeros en llegar al lugar donde se iba a celebrar la ceremonia, para vestir suelos y paredes de cuerdo a la ocasión, incluidos doseles, tronos y banderolas con insignias reales.

Puede que esto no sea más que una anécdota, pero ilustra perfectamente la importancia que han tenido los tejidos en la monarquía hispánica, cuyos mejores ejemplos atesora Patrimonio Nacional.

Se trata de objetos de toda índole y condición tejidos con hilo de oro sobre seda, terciopelo, raso y muchos otros materiales tan lujosos como delicados (por eso casi nunca se exponen).

Ahora la Galería de las Colecciones Reales recupera una selección de estas piezas para mostrar al público no solo su valor decorativo, sino también su funcionalidad como símbolos de poder, refinamiento y representación. Abanicos, ajuares funerarios, textiles para ceremonias litúrgicas, mantos y vestidos reales, cortinajes, zapatos, tapetes… La variedad es casi infinita.

Tejiendo la vida cortesana reúne cerca de 200 piezas, la mayoría de ellas inéditas, en un recorrido que huye del relato cronológico para centrarse en cinco temas fundamentales, que son los que estructuran la exposición.

Vista de una de las salas de "Tejiendo la vida cortesana" con dos vestidos de la reina María Eugenia a la derecha. © Patrimonio Nacional.
Flotador o colchoneta. Finales del siglo XIX. Algodón, seda, pasamanería y corcho. © Patrimonio Nacional.

Desde extraordinarias maravillas –apartado que contiene los objetos más curiosos–, hasta espacios de majestad, las reales fábricas de tapices y grandes empresas proveedoras de telas.

Las dos últimas secciones fijan su mirada en los espacios más íntimos como el sueño de los reyes –impagable ese baúl convertible en cama de campaña con estuches de cuero en el cabecero– y el tocador de las mujeres.

Manufactura francesa. Bañera sultana. Hacia 1770. Madera de nogal, rejilla de paja, cinc y raso de seda. © Patrimonio Nacional.

El flotador-colchoneta que se acompaña del oportuno libro de instrucciones y los almohadones de olor hechos con hilo entorchado de oro seguro que sorprenden al espectador, que caerá rendido ante los tres espectaculares mantos de la reina Victoria Eugenia presentes en la planta -3.

Entre las piezas más singulares, destaca una bañera “sultana” que al taparse se convertía en diván, el libro de santa Teresa forrado de terciopelo, un almohadón que perteneció a la reina Berenguela –probablemente la obra más antigua–, o una tela japonesa Fokusa con la que se solía envolver regalos. También el bordado firmado por Isabel Camps, una de las pocas mujeres que trabajó al servicio de Felipe II.

Les acompañan varias pinturas, fotografías y mobiliario para contextualizar las piezas, que no hacen sino mostrar la versatilidad textil de la vida cotidiana de los palacios, a través de un paseo sinuoso cuya escenografía ha desarrollado Francisco Bocanegra en torno a dos grandes plazas.

Pero la exposición no es más que la punta del iceberg de un proyecto que es fruto de muchos años de trabajo. Empezó a tomar forma en 2023, de la mano de Pilar de Benito, jefa de conservación; Lourdes de Luis, jefa de Restauración de Artes Decorativas; y María Barrigón, jefa de Conservación de Artes Textiles. Aunque, en realidad, cada una de ellas lleva dedicada a la investigación de los textiles toda una vida (prácticamente desde los años ochenta).

Cortina de damasco tres colores (diseño de Jean-Démosthène Dugourc y manufactura de Camille Pernon). 1800. © Patrimonio Nacional.
¿Manufactura andalusí? Almohadón de la Reina Berenguela. Anterior a 1246. Seda e hilos de oro, tejido con sarga con decoraciones de tapicería. © Patrimonio Nacional.

Quizá por eso, y por la vasta colección de Patrimonio Nacional, que atesora unas 25.000 piezas, lo más difícil ha sido hacer la selección que hasta el 12 de octubre se exhibe en esta muestra. Un trabajo arduo que ha llevado consigo alguna sorpresa. “Pensábamos que lo sabíamos todo, pero hemos descubierto piezas nuevas, como las de Talavera de la Reina hechas para María Luisa de Parma, que creíamos eran de manufactura francesa”, explica De Benito.

La gran mayoría de ejemplares expuestos procede de fondos propios, como por ejemplo la Casa del Labrador, “que es una joya única”. Pero cuenta con algún préstamo puntual. Cuatro en concreto, procedentes del Prado, el Palacio Pitti, el Museo de Tejidos y Artes Decorativas de Lyon y Tassinari & Chatel (la fábrica de tejidos de seda más antigua de Lyon).

Según Ana de la Cueva, presidenta de Patrimonio, Tejiendo el hilo cortesano “muestra un universo de perfección con hilo y aguja, de una gran complejidad técnica, que rara vez se ofrece al público”. Tesoros ocultos que, además, han tenido que restaurarse para la ocasión y ayudan a construir la memoria de una monarquía tejida con oro y seda. Sol G. Moreno