BRUSK: el nuevo museo de Brujas

BRUSK: el nuevo museo de Brujas

En una ciudad Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, levantar un edificio contemporáneo implica tomar una posición valiente y, probablemente, asumir cierta controversia.

En el centro histórico prácticamente inalterado de Brujas, dominado por los colores y las formas del gótico flamenco, emerge ahora, con una delicada mezcla de rotundidad y respeto, un edificio plenamente contemporáneo que resuelve una tarea especialmente compleja.

La inauguración del BRUSK (un acrónimo sin definición establecida), el nuevo centro de arte impulsado por Musea Brugge, no pretende competir con la imagen histórica de la ciudad, sino abrirla a nuevas conexiones culturales.

Más que un museo en sentido tradicional, se define como un «hub»: un lugar de intercambio, producción y encuentro donde patrimonio, arte contemporáneo, tecnología y espacio público conviven bajo una misma cubierta.

Vista de la ciudad de Brujas y el BRUSK. Musea Brugge | © Jasper van het Groenewoud
Vista del BRUSK. Musea Brugge | © Jasper van het Groenewoud

Un centro de arte flexible, capaz de acoger exposiciones, formatos y artistas que hasta ahora no tenían cabida en las instituciones existentes de la ciudad; un espacio que no compite con el tejido cultural local, sino que lo amplía y lo extiende.

Precisamente, es esa misión la que ha guiado el diseño arquitectónico del edificio: una arquitectura que habla de conectar, abrir y reinterpretar, con una presencia sigilosa pero decidida, en busca de un protagonismo conceptual más que formal.

Implantado en pleno corazón histórico, el proyecto apuesta por una estrategia de integración antes que de confrontación ya que desde la distancia apenas sobresale del perfil urbano.

Los arquitectos renuncian deliberadamente al gesto icónico y a la espectacularidad en favor de un edificio que se descubre gradualmente, casi de manera accidental, entre las cubiertas inclinadas y la densidad medieval del casco histórico.

Sin embargo, esa aparente discreción esconde una operación arquitectónica notable y, en cierto modo monumental: albergar semejante cantidad de programa sin apenas alterar la percepción de la ciudad.

No obstante, el del BRUSK no es un edificio exento de valentía. El proyecto, que dialoga con la ciudad antigua, pero sin mimetizarse con ella, encuentra su singularidad especialmente en la geometría de sus cubiertas inclinadas –obligatorias por normativa urbanística en Brujas– y en la elección del color verde como materialidad dominante.

La monumentalidad del diseño se esconde en la escala de esos grandes pliegues de cubierta, cuya presencia introduce una tensión contemporánea sutil pero inequívoca dentro del paisaje histórico.

La Scala (escalera) de la galería de arte BRESK con la obra contemporánea «The Whispering Walls Rêve» de la artista Laure Prouvost. Visit Bruges - © Jan Darthet
Pequeña plaza a la entrada de la galería de arte BRUSK, con vistas a la fachada norte de BRUSK y a la torre de la Iglesia de Nuestra Señora. Visit Bruges - © Jan Darthet.

Es una condición que no se percibe de manera inmediata, pero que termina por distinguir al edificio de sus vecinos. Sin embargo, el gesto más radical seguramente sea el uso del color.

El verde, complementario al terracota de los ladrillos vistos del casco histórico, se convierte en símbolo de contemporaneidad y, al mismo tiempo, funciona como transición entre los tonos cálidos y terrosos de la ciudad y los matices fríos y vegetales del parque que limita con el edificio. El BRUSK aparece así como un nuevo paisaje intermedio, un punto de encuentro entre lo urbano y la naturaleza.

Ese nuevo cruce de caminos se materializa especialmente en la planta baja. Totalmente pública, abierta y accesible, funciona más como una extensión del espacio urbano que como un vestíbulo convencional.

Auditorio, cafetería, tienda, espacios educativos y zonas de estancia se organizan alrededor de una gran escalera central –la Scala– alineada visualmente con la principal atalaya histórica de la ciudad. Transparencias, conexiones visuales y recorridos cruzados convierten el interior en una suerte de plaza cubierta contemporánea con vocación pública.

En esa gran escalera aparece además una de las intervenciones artísticas más relevantes del proyecto: un fresco site specific de Laure Prouvost, realizado como parte de la obligación legal belga que destina un porcentaje del presupuesto de los edificios públicos a obras de arte.

En lugar de optar por una pieza autónoma o escultórica, el BRUSK ha decidido integrar el arte en la propia arquitectura. Inspirado en la relación histórica entre Brujas e Italia y en la tradición muralista de Giotto, el fresco conecta historia local, imaginario contemporáneo y memoria colectiva en una especie de mapa conceptual que acompaña el ascenso hacia las salas de exposición.

'La Scala'. Visit Bruges - © Jan Darthet.
Vista de una de las salas de exposición. BRUSK © Filip Dujardin

En la planta superior se sitúan las dos grandes salas expositivas –una de 800 metros cuadrados y otra de 1.600–, concebidas como espacios autónomos respecto al resto del conjunto y que constituyen uno de los aspectos más sorprendentes del proyecto.

Ambas son completamente diáfanas gracias a un complejo sistema estructural de cerchas en cubierta que elimina la necesidad de pilares. La sofisticación técnica del edificio reside precisamente en no hacer evidente esa complejidad estructural, permitiendo que la experiencia espacial se perciba con naturalidad y ligereza. El resultado son unas salas que cuentan con una escala y grandiosidad imposible de imaginar desde el exterior del edificio.

La luz desempeña aquí un papel fundamental. Dos enormes lucernarios orientados al norte, inspirados en los talleres de los grandes artistas modernos, devuelven el protagonismo de la iluminación natural al espacio museístico.

La referencia a los estudios de pintores como Monet o Cézanne resulta inevitable: una luz homogénea, difusa y cambiante que transforma la percepción de las obras y aleja al edificio de la neutralidad excesivamente controlada de muchos museos contemporáneos.

Como reflejo de las inquietudes y la vocación del centro, las dos exposiciones inaugurales se plantean como respuestas distintas a la misma idea de «conexiones atípicas».

La primera, protagonizada por Refik Anadol, explora las posibilidades de la inteligencia artificial a partir de archivos visuales y datos de la propia ciudad de Brujas. El resultado es una gran «escultura digital» inmersiva que reacciona tanto a información histórica como a datos en tiempo real, generando una obra en constante transformación.

Exterior del museo. BRUSK © Filip Dujardin
Vista aérea del BRUSK. Dak BRUSK © Studio Woester

Frente a esa mirada hacia el futuro, la segunda exposición, Bigger Picture, revisa el pasado de Brujas desde una perspectiva igualmente poco convencional. Comisariada conjuntamente por especialistas de Oxford y Musea Brugge, la muestra reconstruye las conexiones históricas entre el norte de Europa, Constantinopla, Bizancio y Jerusalén mediante mapas antiguos, rutas comerciales, objetos y artefactos que hablan de vínculos culturales a menudo olvidados o desplazados de los relatos históricos tradicionales pero que fueron de gran significado para la ciudad.

El proyecto del BRUSK no termina, sin embargo, con este único edificio. Un volumen anexo de ladrillo, también proyectado como parte del conjunto, se integra discretamente en el entorno y alberga oficinas, almacenes y talleres de restauración.

Además, para 2031 está prevista la finalización de un gran parque público que conectará las distintas instituciones del área y consolidará un verdadero «barrio de los museos».

Los diferentes centros compartirán infraestructuras, accesos y servicios, mientras que algunos anexos auxiliares existentes serán demolidos para recuperar una continuidad urbana y paisajística.

La verdadera relevancia de este proyecto no reside en la arquitectura del nuevo edificio, sino en la estrategia cultural que representa: una respuesta al desafío de introducir contemporaneidad sin destruir la memoria histórica que la sostiene conectando la ciudad con el presente y preparándola para el futuro. Álvaro González Cerezo.