Elsa Schiaparelli amada, odiada y copiada en el V&A
El Museo Victoria & Albert de Londres dedica una retrospectiva a una de las diseñadoras más brillantes e influyentes del siglo XX (aunque muchos no lo sepan). Se han reunido más de 100 creaciones suyas y de su sucesor al frente de la marca, Daniel Roseberry.
No es habitual que las sensaciones predominantes al visitar una exposición sean una mezcla de indignación y admiración. No, al menos, cuando se trata de una excelente producción que, además, estás disfrutando. Pero el visitante puntilloso es lo que puede esperar al ver Schiaparelli: Fashion Becomes Art en el Victoria & Albert de Londres.
El museo británico dedica una retrospectiva a la marca –revivida en 2017– y a su fundadora, la aristócrata Elsa Schiaparelli, que estuvo en activo desde la década de 1920 hasta finales de los años 50.
En el teatral recorrido –donde la museografía destaca por su atrevimiento e imaginación sin llegar a ser intrusiva– uno se da cuenta de dos cosas: primera, si en moda las décadas pueden definirse por el nombre de un diseñador –Chanel en los 20, Dior en los 50, Tom Ford en los 2000…– Elsa representa la esencia de los 30, y segunda, que se la ha plagiado sin piedad.
Vayamos por partes. Por un lado, esa encarnación de una turbulenta década en Europa se expresa como una reacción opuesta a todo lo que innovaron los felices años 20. Mientras que la década anterior se había caracterizado por la ruptura con una silueta definida, con trajes sastre que ocultaban las formas –voluptuosas o no– que cubrían, 1930 es una vuelta al orden, a los largos por el suelo, a lo ceñido y, especialmente con Elsa, a lo decadente y divertido.
No es un secreto que esa postura artística completamente opuesta a la otra gran diseñadora de la época también se reflejase en una intensa rivalidad. En resumen, Cocó y Elsa no se podían ni ver (algo muy estereotípico en dos personas muy lejos de ser comunes).
Y en cuanto al plagio mencionado, cuando uno se da cuenta es cuando aparece la indignación. Las piezas reunidas en el V&A son todas brillantes, pero destacan especialmente las creadas entre 1931 y 1937. En solo seis años se suceden sin solución de continuidad un sinfín de ideas geniales que apuntan en direcciones, a veces, opuestas.
Desde el vestido esqueleto –cuya única versión superviviente es la de la exposición–, pasando por las colaboraciones con Dalí –langosta y desgarros mediante–, hasta el sinfín de chaquetas con motivos circenses, o sus trajes con amplios bolsillos –creando unas caderas que hacen que uno deba volver a comprobar la fecha de creación, porque juraría que se trata del New look 10 años antes de que lo crease Dior–, hasta el diseño de sus perfumes con una botella con forma de torso de mujer (inspirado en Mae West, nada más y nada menos).
Si han prestado atención habrán cazado ya varias “referencias” posteriores. Desde luego, después de visitar la exposición es complicado ver a Jean Paul Gaultier con los mismos ojos. Aunque quizá no se debería ser tan estricto con los que siguieron a los gigantes del siglo XX, esos afortunados que en el terreno creativo tuvieron el privilegio de demoler todo lo anterior y definir un nuevo paradigma (en el que seguimos viviendo casi 100 años después). Somos, no podemos negarlo, los nuevos manieristas.
La exposición se completa con los diseños de Daniel Roseberry, a cargo de la marca desde que fue revivida en 2017. Es cierto que las impresionantes creaciones de este están faltas de lo que un ojo contemporáneo percibe como cierta elegancia y contención en las de Elsa. Pero habría que imaginar hace 90 años las caras de asombro de las poquísimas clientas de la alta sociedad que podían permitirse un Schiaparelli al ver una chaqueta en la que los botones son trapecistas multicolores.
Lo cierto es que Roseberry ha creado en menos de una década un buen número de piezas perfectamente reconocibles y asociadas a los grandes nombres de la cultura pop. Hoy mismo, la mañana después de la MET Gala, está en boca de todos –para bien y para mal–, ya que el look de Lauren Sanchez –mujer de Bezos, controvertido patrocinador de esta edición por unos 10 millones de dólares– inspirado en el retrato de Madamme X de Sargent es de Schiaparelli. Después de ese pequeño susto, más de uno habrá suspirado de alivio por primera vez al ver en su vida a Kylie Jenner, que llevó una creación de Roseberry mucho más inspirada.






