Menorca, la isla de los mil nombres, suma uno más: mecenas del arte emergente
El festival Opening Menorca arranca esta semana con decenas de propuestas culturales para conocer cada rincón de la isla a ritmo de jazz y flamenco, o bien de la mano de Marina Abramović, Plensa y Barceló. Museos, teatros, cines, galerías y centros de cerámica se suman a esta iniciativa que piensa convertir la antigua Nura fenicia en un hervidero de arte contemporáneo con las tendencias más actuales.

Calmada y serena, Menorca se antoja como el refugio perfecto para perderse entre sus paisajes declarados Reserva de la Biosfera y esas aguas cristalinas que riegan la isla balear, desde la tramontana hasta Ferrerías. Es como un iceberg que a primera vista solo muestra una ínfima parte de todo lo que puede ofrecer: calitas ocultas, deportes acuáticos, gastronomía, cicloturismo, senderismo, herencia del pasado… Pero lo mejor se descubre cuando caminamos por sus calles con calma, y sin prisa. Es entonces cuando apreciamos toda la riqueza que esconde. Porque sus tierras condensan siglos de historia, cultura y tradición.
La isla de los mil nombres conoció su primera época dorada ya en la Prehistoria, con la cultura talayótica. Y siguió sumando momentos de esplendor cuando los pueblos más aventureros surcaron el Mediterráneo y arribaron a sus costas.
Primero los fenicios, que la llamaron Nura (isla de fuego) por las fogatas que brillaban en las cimas; después los griegos, que la bautizaron como Meloussa por su riqueza ganadera; y finalmente los cartagineses, que encontraron en el puerto de Mahón el mejor escudo de defensa contra los invasores.
Precisamente esa zona se ha convertido en estandarte de la riqueza cultural de la isla, con propuestas tan dispares como el Museo de Menorca o Ca n’Oliver, una antigua casa burguesa de estilo neoclásico que acoge la colección Hernández Sanz-Hernández Mora.
Aunque la punta de lanza desde hace unos años es, sin duda, la Isla del Rey, aquel reducto del pasado británico que la condenó a ser el destino donde los heridos por las batallas navales se reponían, razón por la cual la apodaron Bloody island.
Mucho ha cambiado desde entonces, ya que ahora Hauser & Wirth ha reconvertido el antiguo hospital en el mejor escaparate para los creadores emergentes, en un espacio abierto en 2021 donde patrimonio, educación y medioambiente confluyen.
Esta galería lidera el circuito artístico local, si bien comparte protagonismo con otras como Encant, Cayón o Pedrín. De modo que los vestigios del pasado cohabitan con las nuevas tendencias, gracias especialmente a iniciativas como Opening Menorca.
Sin embargo, el programa es mucho más ambicioso. Entre las actividades destacadas, cabe mencionar una exposición colectiva en el Estudi Barbar donde colaboran Antonella Zorzi y Alejandro Martín; o una reflexión sobre Humanismo y resiliencia que aloja Ca n’Oliver y se completa con un concierto acústico ofrecido por Eva Pons.
Miró, Barceló, Abramović, Plensa y Tàpies integran la propuesta que habitualmente propone LÔAC, que para el 12 de abril ha preparado una charla muy especial con el artista Íñigo Navarro. Por su parte, el Convent de Sant Diego celebrará el Día Mundial del Arte pintando en directo y con música, mientras que Teatres des Born ofrecerá un concierto de la compositora y cantante Maika Makovski el 24 de abril.
Este fin de semana se concentran, asimismo, varias alternativas culturales para animar el ocio menorquín: desde la proyección de los cortos En Mesquida y Perill d’extinció en Ocimax el viernes 9 abril, hasta un taller de ilustración impartido por Roser Piris en Cas Contramestre y una actuación artístico-musical de Magda Triay en Seth Port Ciutadella el sábado 11 de abril.
Ese mismo día quien quiera podrá participar en una grabación en directo del programa Gente viajera de Onda Cero en el Meliá Cala Galdana. Danza, sesiones musicales, gastronomía, exposiciones y espectáculos a la luz de las velas integran este programa de Opening Menorca que se clausurará el 25 de abril, de la mano de Hauser & Wirth. Aunque para entonces la isla ya se habrá ganado un nuevo apelativo: mecenas del arte emergente. Sol G. Moreno





