En Mercado

Las buenas ventas de pintura antigua hacen que Abalarte se consolide como una sala de referencia para los amantes de estas obras

242.000 euros deberá pagar finalmente el comprador que se hizo con el magnífico lienzo, firmado en Córdoba, de Marta y María (O/L, 111 x 84 cm; lote 101) de Julio Romero de Torres. Como comentamos en los previos (leer), la pieza destilaba intensidad en la lucha de actitudes vitales de las hermanas de Lázaro, el afán y la contemplación evangélicas. Sólo un coleccionista interesado levantó la paleta (el mismo que pujó de 50.000 a 200.000 euros por  el hipnótico Tanagra (O/L, 77 x 107,5 cm) en Durán en octubre pasado para más señas), y en la salida, 200.000 euros, lo compró. Enhorabuena, por cierto.

Algo similar sucedió con el verdaderamente inusual Triple retrato infantil (O/L, 120 x 182 cm; 80) atribuido al vallisoletano Bartolomé González; desde un teléfono se ofreció la cantidad mínima estipulada, 150.000 euros, que con el 21% de comisión de la sala, impuestos ya incluidos, sube a 181.500 euros. Gran compra, desde luego.

En cambio, los 650.000 euros que se pedían por la otra importante pieza de la licitación, el San Antonio abad (O/L, 204 x 110 cm; 1066) de Francisco de Zurbarán, se demostraron excesivos; su catalogación como “obra de una calidad indiscutible” por Odile Delenda (en su catálogo, A-162) no fue suficiente para atraer clientes nacionales dispuestos a pagar esa cantidad y salvar así el importante escollo que supone su declaración de inexportabilidad por ser BIC. Pocos coleccionistas españoles hay que puedan pagar esa cantidad y que no cuenten ya en su colección con una pieza similar en calidad del maestro extremeño…

Continuemos desgranando el resto de las ventas de pintura antigua. Cierta sorpresa suscitó la venta a un teléfono, por los apenas los 15.000 euros de la salida, de la tabla (96 x 80,5 cm; 1028) con el Martirio de San Lorenzo de mano de Alonso Berruguete, procedente de una importante colección; no es autor especialmente apreciado a día de hoy, aunque el tiempo le volverá a poner en su lugar como águila del Renacimiento.

La Ascensión de Cristo (O/L, 139 x 167 cm; 1048), un lienzo de gran tamaño atribuido a la mano de Cornelio Schut el joven, subió de 4.000 a 7.500 euros, pagados por un coleccionista en la sala. Y ya que hemos viajado a la ciudad hispalense, de Domingo Martínez se vendió también su buen San Buenaventura resucita tres días para terminar la memoria de san Francisco (O/L, 187 x 180 cm; 47), que pasó de 3.500 a 5.000 euros; muy buena compra también, sin duda.

El buen Cristo crucificado (O/L, 240 x 140 cm; 1051), con un tamaño verdaderamente imponente, de la Escuela madrileña, fines S. XVII, subió de 5.500 a 6.500 euros. Cercano a esos planteamientos, por pertenecer al círculo de Diego Velázquez, se ofrecía por 2.000 euros el Retrato del Conde Duque de Olivares (206 x 110 cm; 45); tras varias alternancias, un teléfono se llevó el lienzo por 6.500 euros.

6.000 euros ofrecieron desde la mesa, ligeramente por encima de los 5.500 de la salida, por el atractivo cobre con la Trinidad (68 x 54 cm; 74) del mexicano Andrés José López, fechado en 1783 y dedicado a un ‘vecino de la ciudad de San Lucar de Barrameda’ [sic]. La sorpresa llegó, sin embargo, con el lienzo del filipino Fabián de la Rosa, Retrato del doctor Pedro Robledo y González, 1903 (O/L, 31,8 x 28 cm; 69); es cierto que era un retrato pequeño, de un personaje de aspecto no excesivamente agraciado ni agradable, pero los apenas 3.750 euros de su remate hablan más bien de que debió haber pujadores filipinos que no se enteraron o que no pudieron pujar…

Lo más significativo del siglo XIX fueron, en mi opinión, dos remates. El primero, los 12.000 euros ofrecidos por un teléfono por Paisaje con caravana, personajes y montaña en la lejanía (O/metal, 19 x 25 cm; 100) de Giuseppe Canella. Lo segundo, la importante subida por la gran pequeña y abocetada tablita de apenas 9,5 x 25,5 cm de Francisco Pradilla con Lavanderas de La Varanne, a la orilla del Sena (65), que subió de unos sorprendentes 700 euros hasta los 3.000 euros, ofrecidos en sala por un coleccionista. 5.000 euros, la salida, se ofrecieron en mesa por la muy goyesca pareja de óleos sobre metal con Los desastres de la guerra (21 x 29 cm; 1082) de Eugenio Lucas Velázquez. Y finalmente, por la salida, unos nada despreciables 2.500 euros, se vendió el óleo del toledano Ricardo Arredondo con una imagen típica de su mano: Vista de Toledo con el puente de San Martín (58 x 99 cm; 36).

En el siglo XX, una única referencia, que era de esperar, por cierto: la importante subida del Paisaje (II), 1930 (O/T, 32,5 x 23,5 cm; 35) del malagueño Fernando Labrada, y más cuando se ofrecía por unos regalados 900 euros; al final, varios coleccionistas alternaron sus pujas entre la sala y los teléfonos hasta llevárselo en la sala por 4.500 euros.

Compras importantes y facturación elevada, que consolidan el prestigio de la joven sala. Daniel Díaz @Invertirenarte 

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