La X Bienal de Arte Contemporáneo de Fundación ONCE en CentroCentro
¿Qué vemos realmente cuando observamos una obra de arte? ¿Hasta qué punto nuestra mirada está condicionada por la memoria, la experiencia o los prejuicios? Sobre estas preguntas pivota El Encanto de la Ilusión: un puente entre realidad y percepción, un recorrido integrado por piezas de más de 30 artistas con y sin discapacidad en la X Bienal de Arte Contemporáneo de Fundación ONCE.
Lejos de plantear una lectura unívoca, la muestra utiliza la ilusión como un territorio de fricción entre lo visible y lo imaginado, entre aquello que creemos conocer y aquello que el arte es capaz de desestabilizar.
Esta bienal reúne a más de una treintena de artistas cuyas obras abordan la percepción desde lenguajes y generaciones diversas, configurando un mapa donde conviven instalación, pintura, fotografía, escultura, vídeo y creación interdisciplinar.
En ese diálogo aparecen figuras consolidadas como Marina Vargas o Carlos Garaicoa, junto a creadoras como Miriam Garlo, cuyos trabajos amplían la reflexión sobre el cuerpo, el lenguaje y la representación; además de la intervención ILUSIÓN concebida por el colectivo BoaMistura.
También pueden verse los trabajos desarrollados por artistas vinculados a Debajo del Sombrero, una plataforma que desde hace años ocupa un lugar singular dentro del ecosistema del arte contemporáneo español y acompaña la práctica artística de personas con discapacidad intelectual.
Lo cierto es que, más que una exposición colectiva, la X Bienal de Arte Contemporáneo de Fundación ONCE plantea una investigación sobre la propia experiencia estética. El concepto de ilusión no se entiende aquí como engaño óptico, sino como una herramienta para cuestionar la estabilidad de la realidad y evidenciar que toda percepción es una construcción cultural.
El visitante deja así de ocupar el lugar del espectador pasivo, para convertirse en parte activa del proceso de interpretación, en un recorrido que pone en relación lo sensorial, lo emocional y lo intelectual.
Ese planteamiento conecta con algunos de los debates que atraviesan el arte contemporáneo internacional, desde la crisis de la representación hasta las políticas de la mirada o la construcción de relatos alternativos frente a las narrativas dominantes.
En este sentido, la Bienal no utiliza la accesibilidad como un discurso paralelo, sino como una condición desde la que pensar nuevas formas de producción, mediación y recepción artística.
La décima edición adquiere además un carácter simbólico al coincidir con el vigésimo aniversario del proyecto impulsado por Fundación ONCE. Durante estas dos décadas, el proyecto ha evolucionado desde una iniciativa centrada en la visibilización de autores con discapacidad hasta consolidarse como un espacio de legitimación dentro del circuito expositivo nacional, demostrando que la diversidad no constituye una categoría artística, sino una realidad desde la que ampliar los límites del arte contemporáneo.
En un contexto en el que museos y centros culturales revisan sus modelos de representación y sus políticas de inclusión, la Bienal cumple su primera década con una propuesta que evita el tono reivindicativo para situar el debate en el terreno de la creación. La diferencia no aparece aquí como tema, sino como método; no como excepción, sino como condición natural de la práctica artística. Quizá sea precisamente esa normalización uno de los principales logros de un proyecto que, 20 años después de su nacimiento, continúa cuestionando los marcos desde los que aprendemos a mirar.



